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El estudiante americano liberado por Corea del Norte sufre un daño neurológico grave

El padre de Otto Warmbier dice que fue “aterrorizado y tratado de forma brutal” por el régimen. Pyongyang asegura que lo evacuó "por motivos humanitarios".

Otto Warmbier, durante su juicio en Corea del Norte.

La liberación del joven estadounidense Otto Warmbier se debió, según Corea del Norte, "a motivos humanitarios", pero la humanidad le llegó demasiado tarde. El estudiante, de 22 años, está hospitalizado en el Hospital Universitario de Cincinnati  (Ohio) y sufre "un daños neurológico grave", según ha informado el centro. "No hay derecho en la forma en la que los norcoreanos han tratado a nuestro hijo ni en cómo han tratado a otros muchos", dijo el padre de Otto, Fred Warmbier, este jueves desde su casa de Cincinnati. Asegura que fue "aterrorizado y tratado de forma brutal" por el Gobierno de Kim Jong-Un.

El chico llevaba más de un año retenido en el país por haber tratado de robar un cartel de propaganda, una intentona que le llevó a una condena de 15 años de trabajos forzados tras ser considerado culpable de "actos hostiles contra el Estado". Su evacuación se ha producido después de varias semanas de negociaciones entre representantes de ambos países, durante las cuales la parte norcoreana informó que Warmbier había pasado casi todo este tiempo en estado de coma.

"Otto Frederick Warmbier, que estaba condenado a trabajos forzados, fue devuelto a su país el 13 de junio de 2017 por motivos humanitarios en virtud del fallo de ese mismo día del Tribunal Central de la República Popular Democrática de Corea", expuso la agencia estatal KCNA en un escueto comunicado. La información oficial no aborda el estado de salud del estudiante, ya en suelo estadounidense e ingresado en un hospital.

Según insinuó el mismo día de la liberación el secretario de Estado, Rex Tillerson, y confirmaron después altos cargos de la Administración estadounidense, la liberación de Warmbier fue el resultado de varios contactos diplomáticos entre ambos países. Hace aproximadamente un mes, el enviado especial de EE UU para Corea del Norte, Joseph Yun, se reunió en Oslo (Noruega) con una delegación del hermético país para intentar que la embajada sueca en Corea del Norte —que ejerce de intermediaria entre ambos países en Pyongyang— tuviera acceso a los cuatro presos estadounidenses retenidos en Corea del Norte, de los que apenas se tenía noticias.

Dos semanas después, en una reunión en Nueva York, se informó al Gobierno de EE UU de que el joven estudiante llevaba más de un año en coma, originado supuestamente tras sufrir un brote de botulismo y haberse tomado una pastilla para dormir, según informa The Washington Post. El pasado lunes, Yun viajó a Pyongyang con un equipo médico y, tras ver a Warmbier, pidió su liberación, que fue concedida un día después.

Corea del Norte usa a los presos para mantener abierta una vía de diálogo con Washington, sin importar la escalada de tensión que pueda haber entre ambos países derivada del programa nuclear y de misiles norcoreano. De hecho, varios de los condenados han sido "perdonados" después de visitas de alto nivel a Pyongyang en momentos igualmente delicados: en 2009, tras un viaje de un Bill Clinton en calidad de expresidente, el entonces líder norcoreano Kim Jong-il amnistió a dos periodistas encarcelados por haber entrado en el país sin visado. En 2014, ya con Kim Jong-un al mando, otros dos condenados por subversión regresaron a EE UU tras la aparición en Corea del Norte del entonces jefe de los servicios de inteligencia, James Clapper. "Corea del Norte casi nunca actúa de forma accidental, sobre todo cuando se trata de Estados Unidos. Es una estrategia planificada cuidadosamente", explica Harry Hun, investigador de la Rajaratnam School of International Studies (RSIS) de Singapur.

Sin embargo, esto no significa que Pyongyang ande a la caza de ciudadanos estadounidenses para ponerlos entre rejas. "Es difícil decir o demostrar que Corea del Norte busca activamente detener a estadounidenses y utilizarlos para reforzar su posición negociadora ante el Gobierno de Estados Unidos", dice Daniel Pinkston, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Troy, en Seúl. Algunos extranjeros han terminado con condenas severas —quizás por desconocimiento o por tentar a la suerte—, por actos como dejar una Biblia en un cuarto de baño o el citado intento de Warmbier de tratar de robar material propagandístico. "Está claro que hay riesgos para los extranjeros que visitan Corea del Norte, y se debe ser consciente de éstos antes de decidirse a viajar hasta allí", resume Pinkston.

Una vez presos, el régimen tiene interés en sacar rédito de la situación. "Los norcoreanos son expertos en aprovechar cualquier ventaja que tengan. La liberación de un detenido estadounidense podría ser considerado un gesto de buena voluntad, que a su vez permite a Pyongyang esperar una respuesta similar", sostiene Hun. Y, ante la comunidad internacional, el país se muestra como un actor con el que se puede negociar y que puede tener un gesto incluso hacia su gran enemigo.

Pero con Warmbier en coma durante más de un año y a falta de saber exactamente qué le ha ocurrido, esta supuesta buena fe salta por los aires: "Quizás Corea del Norte habrá alcanzado nuevos objetivos en cuanto a entablar negociaciones con Estados Unidos, pero la imagen dada es pésima. Un joven aparentemente sano entra en el país a pie, es encarcelado tras una sentencia muy severa y un año después tiene que ser sacado en camilla. En vez de un gesto de buena voluntad hacia Estados Unidos, esto parece más una vía para quitarse una carga de encima", asegura Cheng Xiaohe, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Renmin de Pekín.

Tras la liberación de Warmbier, quedan tres ciudadanos estadounidenses retenidos en Corea del Norte. Uno es Kim Dong-chul, un empresario de origen surcoreano que fue condenado en 2016 a diez años de trabajos forzados por espionaje. Los otros dos son Kim Hang-song y Kim Sang-duk, profesores que han impartido clases en una universidad en Pyongyang, en custodia desde hace aproximadamente un mes. Ambos están a la espera de juicio.

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