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Muere Zbigniew Brzezinski, exconsejero de seguridad de Jimmy Carter

Fallecido a los 89 años, era de los últimos sabios en política exterior de Estados Unidos

Zbigniew Brzezinski en una rueda de prensa en 2012.
Zbigniew Brzezinski en una rueda de prensa en 2012. EFE

Zbigniew Brzezinski, uno de los últimos sabios de la política exterior estadounidense, falleció el viernes a los 89 años en un hospital a las afueras de Washington. Como consejero de Seguridad Nacional del presidente demócrata Jimmy Carter, Brzezinski fue un ferviente defensor de una política de mano dura contra la Unión Soviética durante la Guerra Fría. En ese puesto, entre 1977 y 1981, se enfrentó a innumerables crisis, desde la toma de rehenes en la Embajada estadounidense en Irán hasta la invasión soviética de Afganistán.

Brzezinski, de origen polaco y con una personalidad arrolladora, ha sido de los más influyentes asesores de seguridad y pensadores en las últimas décadas sobre el rumbo geopolítico de la primera potencia mundial. Solo comparte esa distinción con Henry Kissinger, que fue su predecesor en el cargo, bajo los gobiernos de los republicanos Richard Nixon y Gerald Ford.

Kissinger, que tiene ahora 94 años, y Brzezinski nacieron en Europa. Huyeron con sus familias del horror del nazismo y encontraron en Estados Unidos una tierra de oportunidades económicas y desarrollo intelectual. Desde la Casa Blanca, ambos definieron las coordenadas de la doctrina exterior de Washington en los años sesenta y setenta. Una vez abandonaron las presidencias, su influencia se afianzó y se mantuvieron activos como gurús en relaciones internacionales. Brzezinski, por ejemplo, fue de los pocos expertos que alertó de los riesgos de la invasión de Irak, en 2003.

Hay, sin embargo, una reciente distinción relevante entre ellos: Brzezinski criticó la política exterior de Donald Trump al considerarla indefinida e incoherente, mientras que Kissinger le ha dado un apoyo implícito. En un artículo el pasado febrero, Brzezinski escribió que, ante la ausencia de claridad de la doctrina Trump, “el mundo ha sido dejado a interpretar las, en ocasiones, declaraciones irresponsables, descoordinadas e ignorantes de su equipo”.

“El mundo hoy está tan despierto, tan activo políticamente, que ninguna potencia puede ser hegemónica”, dijo Brzezinski en una entrevista con EL PAÍS en Washington en julio de 2014. “La responsabilidad de América en este caos debe ser compartida con cualquiera que participe en él. El caos no es producto de un solo país. El orden, tampoco”.

Otra reflexión que lanzó en la entrevista: “No vivimos en una era en la que el dominio imperial del mundo sea una opción realista”, sostuvo. “Napoleón podía soñar en el dominio global. Y después, con la revolución industrial, con el ascenso de las potencias modernas, algunos líderes tenían planes de dominio global. Y después, con el ascenso del comunismo, algunas personas pensaban en un dominio global ideológico y militar. Y después América, cuando logró ser dominante, tenía la idea la democracia brotando por doquier”.

Como consejero de seguridad de Carter, Brzezinski trató de proyectar un pensamiento robusto y decidido que contrastaba con la percepción de debilidad que solía atribuirse al presidente. Le encantaban los focos. Su afán de protagonismo provocó un sinfín de encontronazos con Cyrus Vance, que era el secretario de Estado de Carter, y que acabaron propiciando su dimisión al verse eclipsado por el consejero de seguridad.

Brzezinski será recordado por su enemistad feroz ante la Unión Soviética, lo que le asemeja a cualquier ideólogo republicano, y por su voluntad de acercamiento a China, que culminó en la apertura de relaciones diplomáticas con EE UU.

Pero Brzezinski también afronta el juicio de la historia en algunas decisiones controvertidas. Defendió el respaldo multimillonario de Washington a los combatientes islamistas que lucharon contra la Unión Soviética en Afganistán. Alentó a China a seguir apoyando las atrocidades del régimen de Pol Pot en Camboya ante el temor de que el Vietnam comunista pudiera tomar control del país. Y fue uno de los impulsores de la fallida operación militar en abril de 1980 para tratar de rescatar a los 52 estadounidenses secuestrados en la Embajada de Teherán.

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