Bruselas exige a May que detalle cuándo pagará la factura del ‘Brexit’

La Comisión reclama a Londres un calendario para cumplir sus compromisos financieros mientras las filtraciones evidencian la falta de entendimiento entre ambas partes

May come patatas fritas en un acto de campaña en Cornualles.DYLAN MARTINEZ
Bruselas / Londres - 03 may 2017 - 12:14 UTC

Bruselas exige a Reino Unido un calendario de pagos de la factura que adeudará a sus socios cuando abandone la UE. Pese a la falta de entendimiento que emergió durante la cena que mantuvieron la semana pasada el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y la primera ministra británica, Theresa May, el Ejecutivo comunitario reclamará hoy esos compromisos financieros adquiridos cuando el Brexit era impensable. May promete ponérselo “muy difícil” a Juncker.

Empezó con un beso en la mejilla a las puertas del 10 de Downing Street. Y terminó con Juncker diciendo que se iba “10 veces más escéptico” que a su llegada. Nadie esperaba que las negociaciones del Brexit fueran a ser un camino de rosas. Pero el relato de un diario alemán sobre la cena que reunió el miércoles pasado en Londres a los dos equipos negociadores deja, al menos, dos cosas claras: ambas partes están más alejadas de lo que los más optimistas quisieron leer en las posiciones oficiales, y la ambición de May de mantener las negociaciones en secreto es, cuando menos, ingenua.

Siete días después de aquel encuentro, la Comisión Europea publica su mandato de negociación, con reglas concretas para manejar el proceso de divorcio, según un borrador del texto que presentará este miércoles el negociador de la UE para el Brexit, Michel Barnier, también presente en la cena de Downing Street. Bruselas quiere pactar con Londres un cálculo del pago, un calendario de entregas anuales y la tutela comunitaria en todo el proceso. El intento choca frontalmente con algunos de los mensajes que Juncker y Barnier escucharon en aquella cita, que resultó desastrosa, según un relato del periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Los representantes de la Comisión quedaron asombrados al comprobar que May sigue confiando en alcanzar un acuerdo comercial antes de zanjar la factura del divorcio; que, de hecho, no considera que Reino Unido deba dinero a la UE, o que espera zanjar el complejo tema de los expatriados en junio.

“La principal frustración fue ver cómo May pretende convertir el Brexit en un éxito. Para nosotros, solo puede ser control de daños”, asegura a EL PAÍS una fuente conocedora del encuentro. Al final de la cena, Juncker —según el relato del rotativo alemán— llegó a la conclusión de que May no solo se encuentra “en un estado de negación”, sino que está “en otra galaxia”. Y así se lo hizo saber al día siguiente a la canciller alemana, Angela Merkel.

Las frases de la cena con Juncker

Ciudadanía. Theresa May considera "muy importante" aclarar cuanto antes los derechos de los europeos residentes en Reino Unido. Pero cuando Juncker le pidió que garantizara el statu quo futuro, ella respondió: "Eso lo decidirán las autoridades nacionales de inmigración".

Acuerdo futuro. La primera ministra dejó caer que no será tan difícil alcanzar un acuerdo comercial con la UE. Juncker mostró las 2.250 páginas del pacto comercial alcanzado con Canadá en 2016. Los negociadores británicos viven, según el presidente comunitario, "en otra galaxia".

La dirigente británica dice no reconocerse en esta narración, pero admite su fama de “mujer condenadamente difícil” y avisa: “La próxima persona en descubrirlo será Juncker”, según ha asegurado a la BBC.

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Ya antes de cenar, los invitados del otro lado del Canal asistieron a una escena de tensión entre May y David Davis, ministro del Brexit, que les hizo sospechar que este no continuaría en su puesto tras las elecciones del 8 de junio. En otro momento, las insinuaciones de May de que un futuro acuerdo comercial entre el país y el bloque no sería tan difícil obligaron a Juncker a sacar de su cartera dos documentos: el acuerdo de adhesión de Croacia a la UE y el tratado de libre comercio con Canadá, de 2.250 páginas.

La misma brecha se produjo al hablar de los ciudadanos. Ante la petición de Juncker para que Londres reconozca todos los derechos —ahora y en el futuro— a los europeos residentes en suelo británico, May le espetó: “Eso lo decidirán las autoridades nacionales de inmigración”.

Más allá del contenido, la filtración muestra una diferencia insalvable respecto al modelo de negociación. May quiere conversaciones confidenciales. La Comisión, en cambio, quiere transparencia. Entre otras cosas porque la necesidad de que cada paso sea aprobado por los Estados miembros y el Parlamento Europeo convierte en imposible cualquier pretensión de secretismo.

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