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Merkel presiona a Putin para que garantice los derechos de los gais en Chechenia

Ucrania, Siria y el gas centran la reunión del presidente ruso y la canciller alemana

Angela Merkel y Vladímir Putin en una rueda de prensa tras su encuentro en Sochi este martes. ALEXEY NIKOLSKY EFE

Angela Merkel intercedió por los derechos de los homosexuales y de los Testigos de Jehová en Rusia este martes en su reunión con Vladímir Putin en Sochi, en la costa del mar Negro. En su primer viaje a Rusia desde hace dos años, la canciller alemana no logró un acercamiento de posiciones con el presidente ruso sobre los territorios secesionistas del Este de Ucrania. De la solución de este conflicto, cada vez más arraigado, depende el levantamiento del grueso de las sanciones impuestas a Moscú tras la anexión de Crimea y el apoyo a los secesionistas prorrusos en Ucrania.

“Recibimos informaciones muy negativas sobre lo que sucede con los homosexuales en Chechenia y le pedí a Putin que ejerza su influencia para asegurar los derechos de las minorías y de los testigos de Jehová”, dijo Merkel, en la rueda de prensa conjunta con el presidente ruso. A fines de abril, los Testigos de Jehová fueron prohibidos definitivamente por el Tribunal Supremo ruso y el periódico Nóvaia Gazeta publicó los testimonios de una amplia persecución a las minorías sexuales por las autoridades de la república de Chechenia, en el norte del Cáucaso ruso. La alusión de Merkel no encontró apoyo público en el líder del Kremlin, quien se pronunció con vehemencia contra de los intentos de otros países para influir en la vida política rusa “directamente y a través de las organizaciones no gubernamentales”.

Putin responsabilizó a las autoridades en Kiev por realizar una política que, según él, provoca la secesión del Este de Ucrania, al privar a las "repúblicas no reconocidas" (fragmentos territoriales de las provincias de Donetsk y Lugansk que se han autodenominado Repúblicas Populares) de la posibilidad de comerciar con sus productos, abastecer a su industria de combustible y materia prima, así como mantener el sistema financiero y la moneda nacional ucrania, la grivna.

Los acontecimientos en Ucrania son “el resultado de un golpe de Estado”, dijo Putin, arremetiendo contra el Gobierno de aquel país. Merkel discrepó y afirmó que los dirigentes ucranios llegaron al poder "de forma democrática". Ambos políticos estuvieron al menos de acuerdo en que para resolver el problema en el Este de Ucrania deben mantenerse los acuerdos de Minsk (cauce de negociación bajo la égida de la OSCE) y el denominado formato de Normandía (Rusia, Ucrania, Francia y Alemania como participantes del proceso de Minsk). “Quisiéramos poder eliminar las sanciones”, dijo Merkel, quien recordó, no obstante, que para ello es necesario cumplir los acuerdos de Minsk.

Sucede, sin embargo, que los puntos de vista difieren sobre el orden de los pasos a dar. Merkel defendió la visión de Kiev, según la cual primero es necesario el “acceso a la frontera” (controlada ahora por los secesionistas y los rusos, pero no por los guardafronteras leales a Kiev) y después “elecciones”. Desde el punto de vista ruso, la apertura de la frontera es el paso final del proceso, después de que se haya consolidado el “estatus especial” de las autodenominadas repúblicas y se hayan realizado elecciones sobre esta base. Merkel constató su “insatisfacción” por el fortalecimiento de las tendencias secesionistas y Putin instó al diálogo directo entre las autoridades ucranias y los líderes secesionistas, como elemento básico para avanzar en Minsk.

Los insurgentes prorrusos de Ucrania superan el bloqueo impuesto por Kiev gracias a sus vinculaciones con Moscú, que ha reconocido sus pasaportes locales y les ayuda a sobrevivir manteniendo su industria y su comercio. Rusia ha rechazado los intentos de internacionalizar el conflicto mediante el emplazamiento de un contingente de pacificadores, ya sean de la ONU (que dispone de estos contingentes), ya sean de la OSCE (que debería crearlos para la ocasión). El 23 de abril se produjo en la zona separatista la primera baja de un miembro de la misión observadora de la OSCE, víctima de la explosión de una mina en las cercanías de Lugansk.

Aunque la otrora prometedora colaboración entre la UE y Rusia se ha deteriorado y complicado desde 2014, en los últimos tiempos los políticos europeos han incrementado sus intentos de desbloquear la situación. En abril, por primera vez desde 2012, vino a Moscú la jefa de la política exterior de la UE, Federica Moguerini. Las “conversaciones políticas” de Merkel y Putin en Sochi se dedicaron también a preparar la cumbre del G20 en Hamburgo, y además de los principales “desafíos de la política internacional actual".

Putin y Merkel estuvieron de acuerdo en la necesidad de reforzar la colaboración económica. El líder ruso manifestó que el comercio entre Rusia y Alemania se ha incrementado en un 43% en los primeros dos meses de este año (tras descender un 75% de 2014 a 2016) y que Alemania es el segundo socio comercial de Rusia después de China y el primer inversor en Rusia con un total de 16.000 millones de dólares. Rusia está especialmente interesada en impulsar el gasoducto conocido como North Stream 2, un nuevo proyecto de Gazprom (el monopolista de la exportación del gas ruso) para esquivar a Ucrania como país de tránsito en las exportaciones a Europa. Gazprom abastece al 35% del mercado alemán de gas y el North Stream 2 añadirá un volumen de combustible suplementario al suministro de gas a Europa por el North Stream 1, el gasoducto ya inaugurado en 2011 que une las costas de Rusia y Alemania por el fondo del Báltico. A la construcción del gasoducto se oponen Polonia y los países del Báltico además de Ucrania.