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EE UU acusa a Rusia de encubrir a El Asad en el ataque químico de Siria

Tillerson avisa a Putin de que debe elegir entre el presidente sirio y Washington

El ministro de Exteriores alemán, Sigmar Gabriel (izquierda), el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson y la ministra de Exteriores canadiense, Chrystia Freeland, en la reunión del G7 en Lucca este martes. Reuters-Quality

Lejos de rebajar la tensión, Estados Unidos endureció este martes el tono contra Rusia y le instó a finalizar su apoyo al presidente sirio, Bachar El Asad, a quien acusan de haber atacado con armas químicas a su propia población y para quien parece que se le está agotando la paciencia a la nueva Casa Blanca. Washington, que la semana pasada bombardeó instalaciones del Gobierno sirio, acusó a Moscú de colaborar “encubriendo” la autoría de la matanza de civiles señalando a terroristas. El secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo pocas horas antes de volar hacia Moscú que el Gobierno de Vladímir Putin debía escoger entre aliarse con Washington o con El Asad, Irán y Hezbolá.

Washington y sus países aliados están convencidos de que El Asad es el responsable del ataque con armas químicas sobre la población civil siria, que el 4 de abril segó más de 80 vidas y dejó imágenes aterradoras de niños y adultos agonizantes. Moscú, que apoya a El Asad, lo atribuye a los rebeldes y ha condenado la decisión americana de responder con un bombardeo. Este frente entre dos viejos enemigos que parecían empezar a acercarse bajo la presidencia de Donald Trump marcó la cumbre del G7 en Italia y subió del voltaje con las palabras del jefe de la diplomacia estadounidense.

“Rusia ha fracasado en su responsabilidad de hacer cumplir el compromiso de 2013”, dijo Tillerson, en referencia a la destrucción del armamento químico por parte del Gobierno sirio, un acuerdo por el que la Administración de Barack Obama renunció a bombardear el régimen. “No está claro si Rusia fracasó porque no se tomó esta obligación en serio o porque ha sido incompetente, pero esta distinción no le importa demasiado a los muertos, no podemos dejar que esto vuelva a pasar”, recalcó en la ciudad italiana de Lucca.

Pocas horas después, la Casa Blanca defendió, en base a un breve informe sobre el ataque, que con gas sarín, que sus datos eran incompatibles con la “falsas narrativa” de que los terroristas estaban detrás del uso del gas sarín. El Gobierno americano acusó a las autoridades sirias y rusas de intentar crear confusión y difundir una versión de los hechos que, argumentan, no se sostienen con su investigación.

Putin, en cambio, insistió en pedir una investigación internacional y aseguró que los rebeldes preparan "nuevas provocaciones" con agentes químicos. En rueda de prensa junto al presidente italiano, Sergio Mattarella, dijo que tiene "información de diferentes fuentes de que similares provocaciones se preparan en otras regiones de Siria, incluso en la periferia de Damasco". "Se proponen colocar algún tipo de sustancia y culpar de su uso a las autoridades sirias", agregó el presidente ruso poco antes de que aterrizara Tillerson en Moscú.

La cumbre que de los ministros de exteriores de las siete mayores economías desarrolladas -EE UU, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá- tuvo lugar precisamente en la víspera de ese viaje de Tillerson a Moscú, una visita que estaba planeada desde antes del bombardeo ordenado por Trump el pasado jueves pero que ahora se verá marcada por la grieta abierta entre el nuevo Gobierno americano y Putin.

“Esperamos que el Gobierno ruso determine que se han aliado con un socio no fiable como Bachar el Asad”, dijo el responsable de política exterior de Trump, que endurece así su postura sobre el presidente sirio y se alinea con la de otros miembros del Gabinete republicano que, como la embajadora ante la ONU, Nikky Haley, han exigido que El Asad abandone el poder en Siria. “Está claro para todos nosotros que el reinado de El Asad y familia está llegando a su fin”, ha declarado el secretario de Estado de EEUU solo un par de horas antes de emprender su viaje hacia Moscú, donde empieza una visita clave para las relaciones de su país con Rusia. Una postura en la que ha coincidido con el ministro francés, Jean-Marc Ayrault.

 

Reino Unido acudió con la intención de plantear la posibilidad de imponer sanciones a Rusia y Siria después del ataque con armas químicas. Finalmente, no hubo acuerdo sobre la imposición de sanciones y la postura común fue apostar por una solución política para el país, llamar a Rusia a colaborar y condenar los ataques. El G7 cerró filas, además, en torno a EEUU y su intervención a través del bombardeo de una base militar del régimen.

“Fue una respuesta cuidadosamente calibrada y de alcance limitado a este crimen de guerra”, dice el comunicado, “para prevenir y disuadir de la proliferación y el uso de armas químicas mortales”. Los siete países condenaron “los asedios en todo el país, el hambre y el bombardeo de civiles, los numerosos ataques a instalaciones y personal médico y las violaciones del derecho internacional humanitario por todas las partes, en particular por el régimen” y han recalcado la importancia de erradicar el terrorismo del autodenominado Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés).

Con este fin, realizan un llamamiento “a todas las partes, en particular al régimen y a sus partidarios, entre ellos Rusia e Irán, a permitir una asistencia humanitaria sostenible, sin obstáculos y adecuada para todas las personas necesitadas”. Tras reconocer que “el pueblo sirio ha sufrido el más tremendo sufrimiento y no se deben escatimar esfuerzos para poner fin al conflicto”, sostienen que no es posible emprender pasos sin “una transición política creíble”.

En el documento con las conclusiones de las reuniones celebradas el lunes y el martes, los representantes de Exteriores reconocen que Rusia tiene un papel muy importante que desempeñar y le piden que utilice “su influencia en el régimen para poner fin al conflicto”, con un “verdadero alto el fuego y un mejor acceso humanitario”, así como “participando seriamente en el proceso político dirigido por la ONU”. “Si Rusia está dispuesta a utilizar su influencia estamos dispuestos a trabajar juntos para resolver el conflicto de Siria, persiguiendo una solución política y contribuyendo a la estabilización y la reconstrucción”, afirman los miembros del G7.

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