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Una de cada dos trabajadoras tiene un empleo sin garantías de derechos

Para las mujeres, el trabajo en casa representa una de las mayores formas de empleo vulnerable

Trabajan en casa o en microempresas familiares, en el campo, en pequeños comercios en la calle o como asistentas domésticas. Tienen contratos sin las mínimas garantías, sueldo injustos y puede que no tengan derecho a bajas, paro, pensión. Son 586 millones, sobre un conjunto de algo más de 1.240, según la estimación de la Organización Mundial del Trabajo (OIT). Las regiones donde se concentra el mayor número de mujeres con un trabajo considerado informal son África Subsahariana, América Latina, Caribe y Asia meridional. Las razones se encuentran en las políticas discriminatorias de acceso al trabajo asalariado y en contextos culturales que justifican esta disparidad, según explica Sally Roever, de la Organización Internacional de las Mujeres en la Economía Informal (WIEGO, en sus siglas inglés): "Para muchas mujeres este tipo de trabajo representa la única salida laboral posible".

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Una trabajadora doméstica durante una manifestación en Lima en 2012. Getty

La mayoría de las mujeres que trabaja en la economía sumergida desarrolla trabajos manufactureros en su propia casa, trabaja de asistenta doméstica o en el pequeño comercio en la calle, según Roever que dirige el departamento de políticas urbanas de WIEGOEn los últimos 20 años el porcentaje de las personas que trabajan en sectores informales como el trabajo familiar auxiliar, a veces sin ningún salario, sobre todo en los entornos agrícolas, ha ido menguando para hombres y mujeres, según emerge en el último estudio de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) sobre empleo femenino.

Sin embargo, sigue afectado de forma “desproporcionada a las mujeres”. Raymond Torres, director del departamento de estadística de la Fundación Caja de Ahorros (Funcas) y antiguo director del Instituto Internacional de Estudios Laborales, dependiente de OIT, establece una relación directa entre la informalidad y el desarrollo de las economías. “Es difícil saber hasta qué punto el trabajo informal es un producto del subdesarrollo económico o hasta qué punto es una de sus causas”, explica.

En el mundo en desarrollo hay una región que supera el 80% de empleo informal, el sur de Asia, y otras donde pasa de la mitad (África subsahariana o Latinoamérica). Y en varias de esas regiones, esta situación de desprotección afecta más a las mujeres que a los hombres. Hay zonas en que no es así (este de Europa o Asia central), aunque como señala un documento estadístico de WIEGO, esto se debe a que “las mujeres tienen mucho menos acceso a cualquier tipo de empleo”. Una afirmación que Roever, en conversación telefónica desde Washington, justifica con la herencia de economías fuertemente centralizadas que han ido dejando menores posibilidades de salidas laborales de autoempleo para las mujeres cuya condición de informalidad se encuentra ante muchas dificultades a la hora de salir de la sombra: "En las Constituciones se reconoce el derecho al trabajo, pero luego muchos no tienen los instrumentos para luchar para sus derechos".

Una empleada del hogar en Johannesburg.
Una empleada del hogar en Johannesburg. Getty Images

En una casa, puertas adentro, se hace muy complicado velar sobre el respeto de las condiciones establecidas en un contrato, de los derechos fundamentales o sobre la obligación de cumplir con algún tipo de protección social. “La perspectiva para muchas de estas mujeres es trabajar hasta la muerte”, sigue Torres. En conversación telefónica desde Ginebra, Vic Van Vuuren, responsable del sector de empresa de OIT añade que en muchos casos las mujeres se encuentran desamparadas por una falta de “alfabetización empresarial o laboral” que no coincide con la escolarización. Básicamente no conocen sus derechos, aunque hayan tenido una formación. "La contratación colectiva ha sido históricamente llevada a cabo por hombres", añade Roever al detallar que muchas mujeres tienen que aceptar salidas laborales por debajo de las garantías mínimas.

La situación de las empleadas domésticas en España

Según el último estudio llevado a cabo por la asociación ATHE-Ele de las trabajadoras del hogar sobre una muestra de 480 casos (de los cuales 198 internas), en España el año pasado la mayoría de las trabajadoras internas ha tenido un sueldo inferior al que le corresponde en relación con su jornada laboral: el 75% ha cobrado entre tres y cinco euros la hora para una semana laboral de 60 (el máximo establecido por ley, considerando las 20 horas máximas de “presencia” no laboral). “Estas condiciones serían inaceptables en cualquier fábrica de este país”, zanja Lorea Ureta, una de las portavoces de la asociación. La asociación ha detectado infracciones en el cumplimiento de la normativa en materia de descansos. Ureta que hace hincapié en el caso, recogido en el estudio, de una mujer que ha llegado a trabajar 96 horas semanales. “Si le pasara a los hombres, habría cambiado desde hace tiempo”, concluye.

Para hacer frente a los riesgos relacionados con este tipo de empleo sin garantías, OIT lanzó en 2011 un convenio internacional entrado en vigor dos años después. El convenio hasta la fecha ha sido ratificado por 23 países, la mitad de los cuales se encuentran en Latinoamérica donde la organización estima, en sus últimos datos disponibles, que hay al menos 18 millones de mujeres que trabajan en casa propia o ajena, alrededor del 80% de las cuales en situación de informalidad. Entre los que han ratificado la convención figuran un puñado de países europeos (entre los cuales no se encuentra España), solo Filipinas entre los países de Asia y ninguno de los subsaharianos. "La carta ha ofrecido por primera vez a estas mujeres un marco legal al cual agarrarse", dice Roever al recordar que las economías desarrolladas —donde los derechos de las mujeres trabajadoras tienen amplia cobertura legal— no son ajenas a los riesgos de abusos, sobre todo entre la población migrante. 

Disparidad en todos los indicadores

La disparidad en la economía sumergida explica la desigualdad que en el mercado laboral sobresale en casi todas las cifras. Las mujeres sufren más el riesgo de encontrarse y permanecer en situación de desempleo (6,2% frente a un 5,5% de los hombres), desempeñan en mayor medida a tiempo parcial (más de tres de cada diez tienen un trabajo de un máximo de 35 horas), y ganan un 77% de lo que gana un hombre. Según ha calculado OIT, con la tendencia actual se tardarían 70 años en colmar la brecha de género en los salarios.

Las mujeres siguen siendo además las que más se ocupan de los hijos, de los ancianos, de la casa de forma no retribuida: una situación que “les dificulta el acceso al mercado laboral”, según se lee en el documento. El promedio mundial indica que las mujeres gastan más del doble del tiempo de un hombre en las labores domésticas. Si se suman estas horas a las que las mujeres emplean trabajando, el día laboral para ellas se alarga de más de una hora en los países con una economía avanzada, y de algo más de media en las economías en desarrollo. Una encuesta de la Comisión Europea de 2015 señala que en el Viejo Continente la mitad de las mujeres y de los hombres consideraban que estos son menos adecuados a desarrollar labores del hogar.

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