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Seis muertos en un atentado terrorista en una mezquita en Quebec

La policía detiene a un sospechoso que se considera el único autor: un franco-canadiense de 27 años

Un atentado contra una mezquita cometido la noche del domingo, en el que murieron seis personas y otras ocho resultaron heridas, ha dejado conmocionada a Canadá, un país que tiene el multiculturalismo en su identidad. Hay un sospechoso detenido por el tiroteo, que el primer ministro, Justin Trudeau, condenó como un “ataque terrorista contra musulmanes”. Se trata de Alexandre Bissonnette, franco-canadiense de 27 años que se entregó tras el crimen.

Inmediaciones de la mezquita en Quebec.

Las víctimas eran hombres entre los 39 y los 60 años. En total, 39 personas se encontraban en la mezquita, el Centro Cultural Islámico de Quebec, cuando se produjo el ataque, que en un primer momento se pensó que había sido perpetrado por dos hombres. Un joven de origen marroquí fue arrestado cerca del lugar minutos después del suceso, pero fue puesto en libertad al ser considerado solamente un testigo. Bissonnette fue detenido el domingo tras haber llamado a la policía para entregarse y fue acusado este lunes formalmente por el ataque, del que se considera es el único autor.

El tiroteo supone un duro golpe a la idea canadiense de la diversidad étnica y religiosa como fortaleza y agrieta el aura de seguridad de un país en que los sucesos violentos son una anomalía comparado con EE UU. El progresista Trudeau, que ha hecho bandera del multiculturalismo, afronta su primer atentado desde que llegó a la presidencia, a fines de 2015.

Alexandre Bissonnette, acusado del asesinato de seis perosnas en una mezquita de Quebec.
Alexandre Bissonnette, acusado del asesinato de seis perosnas en una mezquita de Quebec. REUTERS

El primer ministro reiteró el fin de semana la política de su Gobierno de puertas abiertas a refugiados e inmigrantes de Oriente Próximo, en respuesta al veto de la Casa Blanca a la entrada de nacionales de siete países de mayoría musulmana.

Ni Canadá ni la provincia francófona de Quebec están exentos de la creciente tensión en las comunidades musulmanas occidentales. La mezquita había sufrido actos vandálicos en los últimos meses. En junio, durante la celebración del Ramadán, una cabeza de cerdo fue arrojada al edificio.

El atentado es el más grave desde que en octubre de 2014 un residente de Quebec convertido al islam mató a un soldado en la sede del Parlamento canadiense, en Ottawa. Unos días antes, otro hombre con lazos yihadistas mató a otro soldado en un atropello deliberado en una localidad de Quebec.

Canadá está de luto y en alerta. Las banderas nacionales y locales ondean a media asta, se celebran vigilias y se ha reforzado la presencia policial en todas las mezquitas. El primer ministro quebequés, Phillippe Couillard, dijo que, solo en la ciudad, se había ampliado la vigilancia a una decena de lugares de culto musulmán. También hay más agentes vigilando la Universidad de Laval, cercana al lugar del suceso, donde estudian muchos jóvenes de países árabes. Bissonnette estaba registrado en una de sus facultades, según la prensa local.

Diversidad en el Gobierno

Los musulmanes de países árabes suponen el 2,2% de la población de Quebec. Su peso es mayor en Montreal, la mayor ciudad de la región. En toda Canadá representan el 1,2% de la población, según los últimos datos.

La diversidad es visible en la política. Trudeau nombró a principios de enero como ministro de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía a Ahmed Hussen, un somalí que llegó como refugiado hace dos décadas. Otros tres miembros del Gobierno son sijs.

“La diversidad es nuestra fuerza, y la diversidad religiosa es un valor que nosotros, como canadienses, valoramos mucho”, recalcó Trudeau tras el tiroteo. El primer ministro, que calificó a los musulmanes como “parte importante del tejido nacional”, defendió en la campaña electoral el uso del niqab, el velo que cubre el rostro de algunas musulmanas, ante las críticas del entonces primer ministro, el conservador Stephen Harper.

El refuerzo de la seguridad fue replicado, al otro lado de la frontera, por Nueva York. La ciudad ha sido objeto de protestas masivas por el decreto que paraliza durante cuatro meses la llegada a Estados Unidos de refugiados de cualquier país.

El presidente estadounidense, Donald Trump, llamó este lunes a Trudeau para transmitirle sus condolencias y ofrecer ayuda a Canadá. El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, aseguró que Washington condena “en los términos más fuertes posibles” un ataque que “constituye un terrible recordatorio de por qué debemos permanecer vigilantes y por qué el presidente está dando pasos para ser proactivos en vez de reactivos en materia de seguridad del país”.

Un país que abre sus brazos a los refugiados

Cuando Donald Trump firmó el veto que ha dejado en un peligroso limbo a refugiados y migrantes que buscaban instalarse en Estados Unidos, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ofreció rápidamente su país como alternativa. “A los que huyen de la persecución, el terror y la guerra, los canadienses os darán la bienvenida, independientemente de vuestra fe”, dijo el sábado Trudeau.

Es una política que el vecino de EE UU practica desde antes de que Trump empezara a blindar su frontera. Desde noviembre de 2015, la cifra de refugiados sirios que han llegado supera los 39.000, según datos del Gobierno canadiense. Además, se están tramitando casi 18.000 peticiones de asilo desde otros países, en su mayoría de Jordania, Líbano y Turquía.

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