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Miedo y asco en el ‘spin room’ de Las Vegas

La campaña de Trump justifica la afirmación de que la elección está amañada

Kellyanne Conway, jefa de campaña de Trump, atiende a la prensa en el spin room, en Las Vegas. Reuters-Quality

Un candidato de un gran partido de Estados Unidos acaba de decir, en un debate presidencial delante de todo el país, que no se compromete a respetar el resultado de la elección. Además, en un momento dado se ha referido a su contrincante como “mujer asquerosa”. Los reporteros saltan al llamado spin room del debate, donde las campañas tratan de intoxicar a su favor, buscando respuestas a afirmaciones inauditas. Lo que se encontraron este miércoles en Las Vegas supera todo lo visto hasta ahora.

La palabra spin significa girar. El sentido que tiene en política es hacer girar un argumento o una situación de forma que parezca favorable para ti. La spin room es la sala de manipulación, literalmente. No es así en el caso de la campaña de Donald Trump. Se acabaron los paños calientes con el candidato. Los apoyos que le quedan a Trump en el Partido Republicano están dispuestos a justificar sin tapujos absolutamente cualquier cosa. ¿Cree que es así como debe expresarse el líder del Partido? “Por supuesto”, contestaba a EL PAÍS Katrina Pierson, portavoz de la campaña. “Él es el líder de un partido donde mucha gente piensa que Clinton es asquerosa y si él lo piensa debe decirlo. Los medios están obsesionados con la corrección política”.

No hace tanto que los republicanos luchaban por buscarle las vueltas a los exabruptos de su candidato para suavizarlos. Ya no. Esos ya se han bajado del carro. ¿Es adecuado que el candidato del Partido Republicano siembre dudas sobre la limpieza del sistema democrático en EE UU? “Hace cuatro años ya hubo algunas cosas”, decía a EL PAÍS Jeff DeWit, cargo electo de Arizona. Y empezó a citar “historias” de que en un distrito de Philadelphia no hubo ningún voto a Mitt Romney “y eso es estadísticamente imposible”. ¿Y unas “historias” le sirven para poner en duda todo el sistema? “Es un hombre honesto que expresa sus sentimientos”.

Igual no eran los portavoces adecuados. Igual había que buscar a alguien con más experiencia en elecciones, alguien que no pondría en duda el sistema democrático así como así. EL PAÍS le fue a preguntar a Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York durante siete años. “Bueno, se puede fijar en el año 2000, cuando Al Gore no aceptó el resultado de las elecciones”. El político que una vez fue el alcalde de América continuó: “Dado el nivel de trampas que hacen los Clinton, decir que vas a aceptar el resultado antes de ver los números y de dónde vienen es naif. Los Clinton son unos tramposos conocidos, extremadamente deshonestos”. Más aún, aseguró poner en duda la limpieza de las mayorías demócratas en el noreste de Estados Unidos. Giulani, de paso, dijo que le daba “miedo” el programa de Clinton en Sanidad, que calificó de “socialista” y que quebraría la economía de Estados Unidos.

En una esquina, una portavoz de la campaña de Clinton abría los ojos como platos comentando los mismos momentos del debate. Lili Eskelsen García, líder del sindicato de maestros, contaba que en el momento en que Trump dijo que ya vería si admitía el resultado “los de mi fila se miraron diciendo ‘¿de verdad ha dicho eso?”. “En Estados Unidos peleamos en las elecciones y al final el que pierde felicita al ganador y ya está. ¡’Ya veré lo que hago’ significa no!”, se escandalizaba Eskelsen García. Ella expresaba otro tipo de miedo. Decía que si la gente piensa que Clinton lo tiene hecho puede que no vaya a votar en la cantidad que necesita. “La gente tiene que saber que si no va a votar, Trump puede ganar”.

El pabellón de la Universidad de Nevada en Las Vegas que acogió el debate era un hervidero de periodistas y políticos. Todos esos opinadores que llenan las pantallas de televisión están en un evento así. Y además una cantidad de famosos sorprendente. Allí estaban Kareem Abdul-Jabbar, el mayor anotador de la historia de la NBA, el músico Steve Aoki, el reverendo Jesse Jackson, el actor Ted Danson o la veterana estrella de Las Vegas Wayne Newton. Stephen Baldwin, que ha apoyado a Trump, se paseaba entre los periodistas.

“Esto es como los grandes combates de boxeo de antaño en Las Vegas”, decía Michael Green, profesor de historia de la Universidad de Nevada, sin acabar de creerse el despliegue de cámaras y famosos. “Me acuerdo de que a los grandes combates venía el reverendo Jesse Jackson, y lo acabo de ver por aquí. Eran eventos llenos de famosos y hordas de periodistas, como esto”. Green comparaba además las horas previas de ataques entre los candidatos con esas ocasiones en las que los púgiles se lían durante el peso previo.

La gran pregunta que sobrevolaba este debate era ¿puede Trump recuperarse en las encuestas? ¿Puede una buena actuación en el último debate, a 19 días de las elecciones, salvar su campaña? “No hay referencias”, decía el profesor Green. “Trump es el primer candidato de uno de los grandes partidos sin ninguna experiencia en el servicio público, en política o en el Ejército”.

Los apoyos mediáticos de la campaña de Trump hacen circular la idea estos días de que Ronald Reagan, en la campaña de 1980, estaba ocho puntos por debajo del presidente Jimmy Carter cuando, en teoría, una actuación contundente en el último debate le dio una victoria aplastante. “No es comparable a Reagan”, decía el historiador. “Reagan iba mejor en las encuestas de lo que va Trump. Además, hubo un tercer candidato que quitó votos a los demócratas. Entonces, las divisiones entre los demócratas eran mayores que entre los republicanos. Hoy es al revés”. Además, el punto más importante: “Reagan no despertaba en los demócratas el odio que provoca Trump”.

Dado el nivel de trampas que hacen los Clinton, decir que vas a aceptar el resultado antes de ver los números y de dónde vienen es naif. Los Clinton son unos tramposos conocidos"

Rudolph Giuliani

Algo parecido opinaba Mark McKinnon, estratega de campaña de George W Bush en 2000 y 2004. McKinnon reconocía a EL PAÍS que las diferencias de Trump en los estados clave no tienen nada que ver. Sin embargo, compartía el sentimiento general de que no se puede dar a Trump por enterrado. “Lo hicimos muchas veces en las primarias. Cada semana”. Para que Clinton perdiera la elección, opinaba, tiene que pasar “algo catastrófico externo”. “Dada esta elección, pueden pasar dos de esas cada semana”.

La mayor amenaza para Clinton antes de este debate era la filtración de los correos electrónicos de su jefe de campaña, John Podesta. Todas las decisiones de la campaña, expuestas en Internet. Preguntado qué habría pasado si le hubieran hecho lo mismo a él, McKinnon contestaba: “Estaríamos muertos. No me lo puedo ni imaginar”. El contenido habría sido “mucho peor”, decía McKinnon. “Me sorprende que no haya salido nada más fuerte”.

En esta campaña, lo fuerte no está entre bambalinas, sino en televisión y delante de millones de espectadores. El miércoles se habló de miedos y de ascos, ante un público atónito.

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