Obama lanza un mensaje de confianza a una Europa ensimismada

El presidente de EE UU se acerca al final de su mandato situando la UE en el centro de sus prioridades

Barack Obama, el presidente de Estados Unidos con menos vínculos vitales europeos de las últimas décadas, se acerca al final de su doble mandato de ocho años con Europa en el centro de las preocupaciones. En Polonia, durante la primera jornada del viaje que le llevará a España, Obama lanzó este viernes un mensaje de calma y confianza ante un continente agitado por la salida de Gran Bretaña de la UE, el terrorismo yihadista, el expansionismo ruso, la llegada de refugiados de Oriente Próximo y el auge de los populismos.

El primer ministro británico charla con el presidente Obama en Varsovia.
El primer ministro británico charla con el presidente Obama en Varsovia. M. Schreiber (AP)

No drama Obama, le llaman por su capacidad para mantener la calma ante situaciones imprevistas y poner las luces largas en vez de magnificar las incidencias más inmediatas. El presidente de EE UU exhibió este talante en su visita a Varsovia, donde participa en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN.

Obama llega a una Europa ensimismada y próxima al ataque de nervios. Gran Bretaña acaba de votar en referéndum marcharse de la UE. Las sanciones contra la Rusia de Putin no han desarmado su voluntad de injerencia en Ucrania. Los atentados terroristas en París y Bruselas demuestran que el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas inglesa) tiene un pie en el continente. La inmigración y los refugiados dividen a los socios europeos e inflaman el miedo y la desconfianza. Movimientos populistas ganan elecciones o ven cerca el poder.

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Todos estos fenómenos tienen en común, primero, que existen en EE UU: las semejanzas entre la campaña del Brexit y la de Donald Trump en EE UU, o entre Trump y el Frente Nacional francés, saltan a la vista, y las ansiedades ante el vendaval de la globalización o la inmigración son parecidas a ambas orillas del Atlántico. En algunos casos, además, afectan directamente a los intereses norteamericanos. Por ejemplo, el Brexit. Si las autoridades británicas hacen efectivo el mandato de las urnas y ponen en marcha el procedimiento para abandonar la UE, EE UU habrá perdido su socio esencial en el club. En vísperas del referéndum, celebrado el 23 de junio, Obama ya se pronunció abiertamente, como pocos líderes extranjeros hicieron, en favor de la permanencia.

El voto contrario a la UE ha disparado las especulaciones sobre una posible crisis existencial de la unidad europea y la relación transatlántica. A Obama no le convencen.

“Déjenme decir que, como ocurre con frecuencia en momentos de cambio, este tipo de hipérbole está fuera de lugar”, dijo tras reunirse con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. “Nadie tiene interés en unas negociaciones prolongadas y antagonísticas. Todo el mundo tiene interés en minimizar los trastornos mientras Reino Unido y la UE forjan una nueva relación”.

En los planes del demócrata Obama, cuando en 2009 llegó a la Casa Blanca, Europa no figuraba en un lugar preminente. La suya debía ser, primero, la presidencia que pusiera fin a las guerras que había heredado de su antecesor, el republicano George W. Bush. Y, segundo, la presidencia del llamado pivote asiático, el giro estratégico hacia la región más pujante del planeta. Ambos planes han quedado a medias. Europa, el centro de gravedad de la política exterior y de seguridad de EE UU durante la Guerra Fría, ejerce un magnetismo obstinado en Washington. Y viceversa.

Bush, que dividió a los europeos, también ocupó el centro de sus obsesiones. Obama, cercano a los europeos por ideología, disfrutó al principio de las mieles de la obamamanía, pero, a veces exasperado por la cacofonía comunitaria y con la vista en Asia y Oriente Próximo, mantuvo la distancia.

Ahora la OTAN, en una crisis de identidad cuando combatía a los talibanes en el Hindu-Kush, recobra la centralidad. Las amenazas de Rusia en el Este, la guerra de Siria e Irak en la frontera con Turquía, socio de la alianza, y la migración e inestabilidad en el flanco sur devuelven a la organización su carácter europeo.

Con la OTAN, también EE UU y su fuerza militar regresan a Europa. Y Obama se descubre como uno de los apóstoles más convincentes de proyecto de la UE. “Una Europa integrada es uno de los mayores éxitos políticos y económicos de los tiempos modernos, y es un éxito que debe preservarse”, dijo en Varsovia. Obama, nacido y criado en el Pacífico, abandonará la Casa Blanca como uno de los presidentes más europeístas.

Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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