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Muere Marco Pannella, luchador por los derechos civiles en Italia

El líder radical, fallecido a los 86 años en Roma, es calificado por Renzi como "un león de la libertad"

El líder del Partido Radical italiano, Marco Pannella, en 2006 en el Senado. Ampliar foto
El líder del Partido Radical italiano, Marco Pannella, en 2006 en el Senado. REUTERS

Detrás de todas las batallas por los derechos civiles en Italia —una tarea tan difícil que aún está caliente y descafeinada la recién aprobada ley de uniones homosexuales— siempre estuvo Marco Pannella, el líder radical cuya honestidad sin sombra han puesto de relieve sus más viejos adversarios políticos y religiosos en la hora de su muerte, acaecida el jueves en Roma a los 86 años de edad. Pannella (nacido el 2 de mayo en Teramo, centro de Italia) era tan difícil de encasillar que todas las etiquetas que le pusieron y que incluso él aceptó —periodista, radical, socialista, anticlerical, antimilitarista, pacifista—, se supeditan a su actitud vital de luchador. Su biografía está llena de grandes batallas —a favor del divorcio en los años 60, del aborto en los 70, de los derechos civiles todavía— y también de pequeñas y exóticas escaramuzas como la de exigir la despenalización de las drogas repartiéndolas por Roma, por lo que fue detenido y condenado en 1995. De ahí que, hasta los poderes fuertes italianos contra los que tanto luchó, hayan terminado admitiendo su altura moral. El primer ministro Matteo Renzi lo ha definido como un “león de la libertad” y el Vaticano, por boca de su portavoz, Federico Lombardi, ha destacado su “importante herencia espiritual y humana y su lucha generosa por los más débiles y necesitados”.

Marco Pannella frente a la Basílica de San Pedro, en 2007.
Marco Pannella frente a la Basílica de San Pedro, en 2007. AP

Pero tal vez haya sido la excomisaria europea y exministra italiana Emma Bonino, a fin de cuentas su compañera de tantas batallas en el Partido Radical —fundado por Pannella en 1955 después de una breve y desilusionante experiencia democristiana—, la que con una sola frase haya glosado mejor su figura: “Lo echarán de menos hasta sus adversarios”. Porque Pannella, recuerda Bonino, aportó a la política italiana —tan sobrada siempre de juegos florales e intereses creados— grandes dosis de “pasión, compromiso, sentido de las instituciones, respeto por las reglas y, sobre todo, por el adversario”. El líder radical luchó con todo y contra todos, pero jamás rompió los puentes. En las imágenes de toda una vida que los periódicos italianos están publicando llaman la atención las fotografías de sus últimos años. Ya sentenciado por la edad, las huelgas de hambre y los dos tumores que a la postre terminaron con su vida, Marco Pannella recibió en su casa a todos, desde Matteo Renzi a Silvio Berlusconi. Con todos discutía y a todos retaba, con su mirada azul, su sonrisa perpetua, su cigarro encendido y unas manos grandes para la lucha y también para el abrazo.

Si algo odiaba el viejo radical eran los dogmas. Ya en 1975, en la plenitud de su carrera política, aseguró en una entrevista: “Yo no creo en las ideologías. La ideología se la construye cada uno con lo que le sucede en la vida, incluso por azar”. Como cuenta Gianluca Luzi en La Repubblica, aquellas declaraciones provocaron gran escándalo, sobre todo teniendo en cuenta que “en aquellos años, aparte del Vaticano, existían en Italia dos iglesias políticas: la democristiana y la comunista, ambas fuertemente ideologizadas, sobre todo la segunda. Declarar la ausencia total de ideología era más o menos como una blasfemia política”. Además de su lucha por los derechos civiles en Italia, Pannella decidió en los años 90 transformar el Partido Radical en una formación transnacional, incorporándose a las causas mundiales contra la pena de muerte o el hambre en el mundo. Bien mirado, se trataba de una vuelta a los orígenes: en 1968 ya fue detenido en Sofía mientras protestaba por la invasión de Checoslovaquia perpetrada por las tropas del Pacto de Varsovia.

Para anunciar su muerte, la Radio Radicale que él fundo emitió el Réquiem de Mozart. También hubo quien recordó aquella canción que le dedicó Francesco De Gregori: “El señor Hood era un caballero, siempre inspirado por el sol. Con dos pistolas cargadas con balas de fogueo y una cesta llena de palabras”. Ese era Marco Pannella.