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Macri inaugura una estatua de Perón y busca votos entre sus fieles

El alcalde de Buenos Aires se “peroniza” para intentar romper su techo electoral, demasiado bajo como para estar seguro de llegar a la segunda vuelta el 25

Elecciones Argentina 2015
El alcalde de Buenos Aires inaugura la estatua de Perón. EFE

Mauricio Macri y su formación, Cambiemos, tienen un problema importante. Tras el hundimiento del Partido Radical que vino después del desastre de 2001, cuando su líder y entonces presidente, Fernando de la Rúa, abandonó la Casa Rosada en helicóptero, el peronismo se ha ido convirtiendo en una fuerza hegemónica, casi un partido único. Los votantes peronistas están en la Argentina actual por encima del 60%, según los expertos en sondeos. La ventaja de Macri es que el peronismo no está unido, sino dividido entre kirchnerismo y peronismo opositor, liderado por Sergio Massa. Pero Macri, si no logra pescar en el votante peronista, tiene un techo electoral muy bajo y muchas dificultades para ganar.

Por eso el líder de la oposición, que tradicionalmente tenía una imagen clara de antiperonista, se ha ido “peronizando” a lo largo de las últimas semanas hasta llegar hoy a su punto más alto: Macri, aún alcalde de Buenos Aires, ha inaugurado en la capital el primer monumento al general Perón, tres veces presidente de la Argentina y proscrito y exiliado en Madrid durante 18 años.

Perón está por todas partes en Argentina, sus fotos llenan todos los despachos oficiales y casi todos los discursos políticos lo citan. 120 años después de su nacimiento y 41 después de su muerte, su presencia y la de su primera mujer, Eva Perón, es desorbitada. Pero no tenía una estatua en Buenos Aires. Y ha sido precisamente Macri, en principio una antítesis del peronismo, quien la ha inaugurado rodeado de referentes de esta ideología, como el expresidente Eduardo Duhalde o el líder del sindicato de camioneros, Hugo Moyano. Ambos son peronistas enfrentados al kirchnerismo.

Macri evita presentarse como un antiperonista a pesar de que lleva en su coalición al Partido Radical, el gran rival histórico del peronismo. Macri sostiene que su formación, el PRO, surge de la crisis de 2001, es nueva, y “ha aprendido el valor de la justicia social del peronismo y los valores republicanos e institucionales del radicalismo”. Se vende así como una versión moderna de lo mejor de los dos sectores que han dominado la política Argentina durante casi un siglo.

El alcalde de Buenos Aires ha rendido un homenaje al general difícil de imaginar hace solo unos meses. “Perón y Evita vinieron a hacer algo histórico en Argentina para los trabajadores. Hoy es imposible imaginar un trabajador sin aguinaldo y derechos para la familia. Pero en ese momento Argentina no entendía que no tenía que aceptar. Perón lo hizo”, ha señalado.

En un gesto claro y polémico, ningún miembro del Gobierno ni kirchnerista destacado estaba presente en el acto, pese a que se inauguraba una estatua de su gran referente político. La presidenta también estaba invitada y no acudió, aunque el monumento está a pocos metros de la Casa Rosada, la sede del Gobierno.

La intención política es evidente. Macri necesita escapar de la imagen que trata de trasladar el Gobierno, la de un hijo de uno de los empresarios más ricos del país que viene a quitar derechos a los trabajadores. El alcalde de Buenos Aires lleva meses tratando de rebajar su imagen y en julio dio un giro y prometió que respetará los principales hitos del kirchnerismo, como la nacionalización de Aerolíneas Argentinas o de la petrolera YPF, a pesar de que en su momento votó en contra.

Macri trata además de robarle votos a Sergio Massa, que resiste según las encuestas en un 20%, lo que complica el intento del líder de Cambiemos de superar el 30% y forzar así una segunda vuelta imprevisible para tratar de ganarle allí a Daniel Scioli. A poco más de dos semanas de las elecciones, Macri se peroniza como nunca. El resultado de esta estrategia se conocerá muy pronto.