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Los neonazis griegos aspiran a revalidar su tercer puesto en las urnas

Aurora Dorada, a quien las encuestas dan en torno al 7%, intenta aprovechar la crisis migratoria y la desilusión de los votantes con Syriza

Nikos Mijaloliakos, líder de AD, el miércoles en Atenas.
Nikos Mijaloliakos, líder de AD, el miércoles en Atenas. AP

Es el partido más votado por los jóvenes de 18 a 24 años, también por muchos jubilados depauperados por la crisis y medrosos ante la transformación urbana de sus barrios por efecto de la inmigración y la ausencia del Estado. Tras sus resultados de enero (6,2%, 17 escaños), la formación neonazi Aurora Dorada (AD) aspira a consolidarse el domingo como tercer partido del Parlamento griego, con una proyección de voto promedia del 7%, solo dos años después de que su cúpula fuera detenida y encarcelada por el asesinato de un rapero y militante antifascista, Pavlos Fyssas, por uno de sus militantes.

Muchos creyeron entonces que sería el principio del fin, pero la formación “nacionalista griega”, como se define —abomina del término neonazi—, conserva su tirón pese a la cárcel y al juicio al que se enfrentan 78 de sus miembros por organización criminal e implicación en el asesinato de Fyssas, el de un inmigrante paquistaní y las graves agresiones a tres pescadores egipcios y a un grupo de sindicalistas comunistas en el Pireo.

NIkos Mijaloliakos, su líder —llamado El Führer en los documentos internos de la organización que recopila el sumario del caso—, asumió este jueves, solo un día antes del aniversario, la “responsabilidad política” del partido en el asesinato de Fyssas, cuya memoria fue honrada hoy en varias concentraciones en todo el país. Cínicamente, rechazó “los vínculos criminales” de AD en el crimen. “¿Cómo puede acusarse a todo un partido por un hecho condenable cometido por uno de sus seguidores?”, se preguntó el jueves en una entrevista radiofónica. Todos los partidos políticos condenaron las “vergonzosas” y “provocadoras” declaraciones del líder neonazi a dos días de la cita electoral.

Con una campaña desdoblada en dos —la estándar, más la labor de zapa en las islas a las que a diario llegan miles de refugiados—, AD pesca en las aguas revueltas de la crisis migratoria, pero también espera lograr muchos votos de castigo, o protesta, tras el giro de Syriza desde enero; su nacionalismo inflamado es un banderín de enganche para los que consideran el tercer rescate una nueva capitulación ante Europa, incluidos algunos votantes de Syriza. “AD es la gran cuestión [electoral], está jugando bien sus cartas, como especie de fuerza de resistencia, con mensaje suavizado —ya no habla abiertamente del Grexit— y sin exasperar su discurso antiinmigración”, sostiene el analista Dimitris Rapidis. En sus mítines, sin embargo, los ultras no hablan nunca de refugiados, sólo de “ilegales”. La denuncia del rescate es otro de sus lemas.

El periodista Dimitris Psarrás, autor de dos libros sobre AD, no da mucha importancia al incremento de votos; desde 2012, cuando irrumpió en el Parlamento, el sistema ha establecido un cordón sanitario a su alrededor. “Puede lograr entre un 6,5% y un 8%, más que en enero, sí, pero en la misma franja. Que sea por tanto tercer partido no es una novedad. No va a llegar a convertirse en principal partido de oposición porque el primero clasificado, el que sea, podrá formar gobierno con otras fuerzas pequeñas”. Sobre la presunta metamorfosis —o, como mínimo, una oportuna invisibilización— del partido, Psarrás confirma que “ha debilitado su presencia en la calle, ya no son visibles sus escuadrones o huestes, y las manifestaciones de violencia, antes tan comunes, han cesado, pero su apoyo se mantiene intacto”. Tras meses de ausencia, AD volvió a repartir ayuda "solo para griegos" este verano.

Según el escritor, la presencia de AD en las islas obedece a una “calculada estrategia electoral, pero no es un fenómeno reciente”, dice, en referencia a la visita que en agosto efectuaron a Kos dos parlamentarios de la formación, en su día encarcelados y hoy sometidos a juicio. “Hay grupos de gente que desde 2010, entonces sin adscripción conocida, respaldan a los habitantes de las islas" del noreste del Egeo, a las que llega el mayor número de refugiados. “Luego hemos sabido que eran ellos, simpatizantes y militantes [de AD]”, dice Psarrás, en un fenómeno que ha ido a más desde el verano y que algunos ven detrás de ciertos conatos de violencia con los extranjeros.

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