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Memes vs Razones de Estado

Las expectativas incumplidas, el hartazo y la corrupción resumen el desencanto mexicano

Peña Nieto podría no estar haciéndolo mal, pero a muchos de sus gobernados les parece que lo hace fatal. Este año México crecerá a una tasa entre 2,5 y 3% del PIB. Una cifra que en otros países sería una bendición pero a los mexicanos les sume en la frustración. Un poco como se sentiría el empleado al que su jefe anuncia un incremento salarial de 20%, y se supone que debe festejarlo aunque sepa que la inflación es de 50%, lo cual reducirá inexorablemente su nivel de consumo. Le será de muy poco consuelo enterarse de que otros empleados no reciban aumento salarial y si lo hacen será inferior al suyo.

Este año la Comunidad Europea crecerá apenas la mitad que México (1,4% según las últimas estimaciones) y el conjunto de América Latina, la tercera parte (abajo del 1 %). Brasil y Argentina tendrán tasas negativas. En suma, sólo China e India superarán la expansión de la economía mexicana entre las quince naciones más importantes del mundo, y España crecerá a ritmo más o menos similar, pero mientras en España tal cifra es considerada la luz al final del túnel, en México se observa como la confirmación del fracaso de Enrique Peña Nieto.

Las razones para el desencanto no obedecen a motivaciones culturales, ni a la mala entraña de los mexicanos, pese a lo que se diga; en realidad, son producto de tres fenómenos mutuamente reforzantes:

1. Las expectativas incumplidas. Enrique Peña Nieto prometió tasas de crecimiento dos veces superiores a las que su gobierno ha producido. No hay manera de que la opinión pública considere favorable un desempeño que termina por ofrecer la mitad de lo prometido. Las razones para quedarse corto son muchas y sólo algunas de ellas son imputables a la gestión presidencial. La caída de los precios del petróleo, la atonía en la economía internacional y la tibieza de la recuperación estadounidense conforman un contexto impensable para un crecimiento como al que aspiraba el mandatario. Cualquiera sea la razón, el país lo hace responsable del incumplimiento.

2.El hartazgo ante los problemas crónicos. En 2015 las economías de España y México producirán casi el mismo valor medido en dólares (alrededor de 1.231.000 millones), pero hay casi tres veces más mexicanos que españoles. En otras palabras, España ha resuelto problemas de pobreza, desigualdad y violencia que en México constituyen rezagos impostergables que provocan en la población un malestar cada vez más difícil de sobrellevar. Para una sociedad que ha superado necesidades básicas fundamentales como la española, crecer 2,5 por ciento puede ser un “vuelo crucero” aceptable; para otra en la que hay tanto que remontar, 2,5 por ciento no sirve ni para despegar.

3. Frivolidad y corrupción. Los gobernantes asumen que pasarán a la historia por sus decisiones de largo aliento o incluso a su obra pública visible; para su desgracia las más de las veces serán recordados por las anécdotas, los memes, las caricaturas chuscas o la trivia morbosa. En tal sentido, Enrique Peña Nieto y su círculo familiar han nutrido a mansalva a la narrativa popular. Las revistas del corazón y las redes sociales no tienen ningún problema para alimentarse de las actividades de una familia vinculada al espectáculo y a la vida social. El matrimonio del entonces precandidato con la actriz de moda seguramente fue un factor para captar votos, pero también imprimió un inevitable sesgo en la mirada de la opinión pública. Eso, aunado a los escándalos por conflicto de intereses dentro del círculo cercano al Presidente y al desinterés de su gobierno en combatir la corrupción, alimentan una tesis terrible y parcialmente distorsionada: el gobierno ha fracasado, y lo ha hecho por frivolidad y corrupción. Hay memes que vencen cualquier razón de Estado. Aún si se crece a 3% anual.

Twitter: @jorgezepedap