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La reforma de la NSA es un triunfo parcial de Snowden

La nueva ley deja en pie las funciones esenciales de la agencia de espionaje, pero acota su expansión por primera vez desde el 11-S

Un grupo de personas recuerda a Snowden frente a la NSA.
Un grupo de personas recuerda a Snowden frente a la NSA. REUTERS

A Edward Snowden se le llamó héroe y traidor después que desvelar hace dos años los secretos del espionaje de su país, Estados Unidos. Ahora puede pasar a la historia como uno de los responsables de que su país haya adoptado la mayor reforma de los servicios secretos en décadas.

Las revelaciones de Snowden en 2013 sobre la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) catalizaron un debate que ha desembocado en la reforma de la agencia. El presidente Barack Obama firmó en la noche del martes una ley que, por primera vez desde el 11 de septiembre de 2001, acota los poderes de los espías de la NSA.

De quién es el mérito

  • La Casa Blanca enmarca la reforma de la NSA dentro del legado del presidente Obama
  • Los congresistas también se apuntan el mérito de adoptar la mayor reforma desde 1978, en los años de Carter
  • La Administración de Obama sostiene que la nueva ley no es motivo para frenar el intento de juzgar a Snowden en EE UU

La reforma deja en pie la capacidad de la agencia para espiar en el extranjero. Obama descarta suspender el proceso judicial contra Snowden, fugitivo en Rusia.

"Edward Snowden es un patriota", dice en una entrevista telefónica J. Kirk Wiebe, uno de los primeros filtradores de la NSA y, por tanto, un antecesor de Snowden. Tras el 11-S, Wiebe, que era analista de alto rango en la agencia, se jubiló y después denunció sus poderes en expansión. El FBI registró su casa en 2007.

La Casa Blanca se resiste a reconocer el mérito al analista que sacó a la luz los secretos de la NSA. "Nuestro punto de vista, obviamente, es que cometió y está acusado de crímenes graves", dijo en rueda de prensa Josh Earnest, el portavoz de Obama.

Sin Snowden, difícilmente los estadounidenses —y el mundo— habrían descubierto la existencia de los programas de vigilancia de la NSA ni conocerían neologismos como metadatos. Los metadatos son las informaciones sobre las llamadas telefónicas de residentes en EE UU —número de teléfono, día, hora y duración de las llamadas, pero no su contenido— que la NSA empezó a recopilar tras los atentados de 2001.

Las revelaciones de Snowden forzaron a la Administración Obama y al Congreso a revisar la Patriot Act, la ley que amparaba esta vigilancia. Esta semana, el Congreso aprobó la USA Freedom Act, que modifica el programa de almacenamiento de datos telefónicos.

La nueva ley deja en manos de las compañías telefónicas, y no de la NSA, el almacenamiento de los metadatos. La NSA podrá acceder a ellos caso por caso y previa autorización de un tribunal especial. Este tribunal estará sometido a una exigencia de transparencia a la que hasta ahora escapaba.

"Es una victoria más psicológica que real", responde Wiebe a la pregunta sobre si Snowden es el vencedor de esta reforma. Wiebe es escéptico sobre el alcance de la ley.  "La USA Freedom Act", dice, "es una ley creada para lograr que el pueblo americano y el mundo crean que el Gobierno de EE UU ha hecho algo significativo para frenar a la Agencia de Seguridad Nacional y la Oficina Federal de Investigaciones, todas las agencias gubernamentales que usan estos datos". Wiebe cita, entre las herramientas que la NSA mantiene, la orden ejecutiva 12333, la base legal para la vigilancia digital en todo el mundo.

“La actividad reciente en el Congreso es bastante extraordinaria”, celebró Snowden el martes, en una entrevista con el diario The Guardian. “Por primera vez desde los años setenta se estrechan los privilegios y la autoridad de los que disfrutan las comunidades de inteligencia, más que una expansión”. Snowden añadió: "Esto apenas es el principio de la reforma". Organizaciones en defensa de los derechos civiles, como la ACLU, ha elogiado la reforma como un hito. "Es la ley de reforma de la vigilancia más importante desde 1978", dijo en un comunicado Jameel Jaffer, de la ACLU.

Los halcones alertan de que Estados Unidos quedará mal protegido si se recorta el poder de la NSA. "Una reforma de la NSA que sólo puede gustarle al ISIS", decía el título de un artículo, publicado el pasado noviembre en The Wall Street Journal, de Michael Hayden y Michael Mukasey. ISIS es uno de los acrónimos ingleses que designan a los yihadistas del Estado Islámico. Hayden fue jefe de la NSA y de la CIA. Mukasey, fiscal general. Ambos, con el presidente republicano George W. Bush.

En su libro The great war of our time, Michael Morell, exdirector en funciones de la CIA, escribe: "No lo digo a la ligera: americanos pueden acabar muriendo a manos de terroristas debido a las acciones de Snowden".

En 2001, cuando se aprobó la Patriot Act, sólo un senador votó en contra. El martes votaron 67 a favor de suprimir la sección 215 de esta ley, que amparaba la recolección de datos telefónicos.

No sólo Snowden ha propiciado el cambio. La lejanía del 11-S y el repliegue de Irak y Afganistán diluyen el temor a un ataque inminente. Los estadounidenses sintonizan con la reforma, que contó con el apoyo de demócratas y republicanos. El cambio, en todo caso, no altera la función central de la NSA: espiar fuera de las fronteras de EE UU. Ninguna otra agencia homóloga es hoy tan poderosa.

Victoria de Snowden, sí, pero limitada.