Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El tamaño sí que importa

Las pymes son mayoría en la economía regional aunque su productividad es muy baja

Un trabajador en un viñedo de la Bodega Altar, de Colchagua (Chile). Ampliar foto
Un trabajador en un viñedo de la Bodega Altar, de Colchagua (Chile).

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) siempre han sido la asignatura pendiente de América Latina. “El gran reto que pasa de década a década es que se hagan fuertes para crear empleo, innovación y exportaciones”. Son palabras de Ramón Casilda, consultor estratégico para Latinoamérica, quien afirma que los organismos multilaterales tienen mucho interés en impulsar a estas sociedades, puesto que representan más del 90% del tejido empresarial de la región y buena parte del cambio productivo que deben afrontar los países depende de su transformación y empuje.

La Corporación Interamericana de Inversiones (CII) confirma que “todas las organizaciones multilaterales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Banco Mundial... tenemos programas de préstamos específicos para pymes. De hecho, en nuestro caso son un objetivo estratégico”, según su responsable de la división de inversiones de deuda, John Beckham.

Los obstáculos al crecimiento son: la burocracia, el poco acceso al crédito y la formación

Pero, en opinión de Casilda, “estas organizaciones podrían hacer mucho más de lo que hacen en conjunción con los Gobiernos. Dar asistencia técnica y diseñar ayudas financieras a medio y largo plazo para robustecer a este colectivo, que es la base de la economía de la región. Tendrían que firmar un pacto para impulsar el crédito y la asistencia técnica entre todos. Los gobiernos han de apoyar a las pymes, pero no solo en el plano local o regional, sino global. Cuando diseñan sus políticas industriales, en vez de pensar en las grandes corporaciones, deben hacerlo en la mayoría de su tejido empresarial”, añade.

Desde luego, las necesidades no son pocas. Elizabeth Tinoco, directora de la Oficina Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe, las cuantifica: de los once millones de sociedades que hay en total en Latinoamérica, diez millones tienen menos de 50 trabajadores, es decir, son micro, pequeñas y medianas empresas. Esas compañías dan trabajo a nada menos que 127 millones de personas, lo que representa casi el 47% del empleo de la región. “Aunque el problema es que no se trata de un empleo de calidad, es trabajo sumergido en multitud de ocasiones. De hecho, calculamos que en América Latina existen 130 millones de trabajadores informales y esta informalidad se da sobre todo en la microempresa”, afirma Tinoco.

Las pymes latinoamericanas aportan casi el mismo porcentaje de empleo que en los países de la OCDE. Sin embargo, su contribución al PIB es menos de la mitad, según Banco Santander, entre otras cosas debido en gran parte a esa informalidad, que repercute en que este tipo de empresas sean la mitad de productivas que en los países más ricos del mundo, cuando se trata de las pequeñas y medianas sociedades, y menos de una quinta parte, cuando son microempresas, continúa la entidad financiera.

Contra la ilegalidad

Para atajar el impago de impuestos, muchos países han puesto en marcha programas específicos destinados a las pymes, que han contribuido a mejorar algo la situación. Es el caso de Brasil, con la simplificación de los procedimientos administrativos; México, cuyo presidente del Gobierno ha hecho de la lucha contra la informalidad una estrategia de Estado, ofreciendo acceso a la vivienda a los pequeños empresarios que se regularicen; y Argentina y Colombia, mediante la rebaja de impuestos, explica Tinoco, que agrega que otros países más pequeños de la región, como Costa Rica, República Dominicana o Panamá también están intentando resolver el asunto. “La informalidad es un problema generalizado en la región, que habría que atacar con mayor decisión política y de manera articulada en todos los países para así generar desarrollo local, que es fundamental”, recomienda la directora de la OIT en la región.

El consejero comercial de la Embajada de Brasil en Madrid, Murilo Gabrieli, sostiene que en un país como el suyo, donde las pymes son el 99% de las empresas, generan el 49% del PIB y dan empleo a más del 63% de los trabajadores, se han implementado políticas de ayuda a las pymes, que cuentan con una ley propia desde 2006 y una secretaría de Estado (equivalente a un ministerio español) desde 2013, agilizando los trámites para su constitución, simplificando los impuestos y dándoles ventajas fiscales. También se ha creado un servicio de apoyo que les ayude a implementar proyectos, realizar trámites y formar a empresarios y trabajadores, “este apoyo es fundamental”, asegura Gabrieli.

Concentración de start-ups en un hotel de Río de Janeiro. ampliar foto
Concentración de start-ups en un hotel de Río de Janeiro.

Pocos resultados

A su juicio, “todas estas políticas se han notado mucho en la creación de empresas. En Brasil también ha avanzado de manera importante el acceso al crédito, que es uno de los principales problemas para que las pequeñas empresas ganen tamaño. Pero los obstáculos para las pyme siguen siendo los mismos: la burocracia, pese a haberse simplificado; el problema de la financiación, que es estructural, y la formación de los pequeños empresarios y sus trabajadores”.

Unos 130 millones de trabajadores son informales, otro gran hándicap para las pymes

Y es que, en opinión del responsable de pymes para América Latina de Banco Santander, Matías Núñez de Castro, hace falta desarrollar estrategias integrales que aborden los mayores problemas de las pequeñas y medianas empresas, es decir, una vez más: la eliminación de trabas burocráticas, la mejora de los incentivos fiscales y de las capacidades de gestión de los empresarios.

Apoyo privado

Para que puedan legalizarse, ganar tamaño, productividad y vender en el extranjero, la entidad ha diseñado el programa Advance, en el que desde hace año y medio unificó todas las iniciativas destinadas a las pymes de que disponía en los distintos países en que está presente y que se basan en la ayuda financiera, la asesoría y la formación. La entidad lleva concedido un volumen de financiación en América Latina a las pequeñas y medianas empresas de 17.000 millones de euros, asegura Núñez de Castro, y su intención es alcanzar 20.000 millones en 2016. Una cantidad que nada tiene que ver con la que manejan los organismos multilaterales. En el caso de CII, los préstamos concedidos en su historia suman 5.633 millones de dólares (cerca de 5.200 millones de euros) en total.

Pero mientras los programas hacen efecto y los países latinoamericanos deciden si centran o no sus políticas industriales en el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, lo que se aprecia actualmente en ellas, según Elizabeth Tinoco, es una gran precariedad laboral y una brecha significativa en materia laboral respecto a las grandes empresas (Santander habla de diferencias retributivas de entre el 21% y el 69% en la región a favor de las primeras), y más aún si estas son informales.

Un aspecto fundamental en el que tienen que incidir necesariamente, según todas las fuentes consultadas, las políticas dirigidas a las pyme es en la formación de sus responsables, cuyas capacidades de gestión son limitadas. De hecho, a menudo esta carencia de conocimientos y su preocupación en el día a día son, según Beckham, los responsables de que muchos pequeños empresarios no accedan al crédito por desconocimiento. “Ha de haber un cambio de mentalidad por parte del empresario”, advierte.

“El nivel educativo es muy bajo en todos los niveles de las organizaciones empresariales, y eso hace que la productividad de la región también sea muy baja. Mientras a nivel mundial, crece un 2% de media, en Latinoamérica no llega al 1% anual. Y en un contexto de desaceleración económica, como el actual, la creación de empleo formal se va a ver muy afectada, como también las políticas sociales. América Latina se encuentra en una encrucijada”, zanja Tinoco.

Casos de éxito

Las ayudas de los organismos multilaterales suelen surtir efecto en las pequeñas empresas. Aumentan su tamaño. Estos son los ejemplos destacados por el jefe de la división de inversiones de deuda de la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), John Beckham, de las que lo han conseguido. Subsole es una productora de uva de mesa chilena, que en 2000 facturaba siete millones de dólares. “Entonces se incorporó al programa de formación para mejorar su gestión y le financiamos siete millones de dólares para que creciera. Hoy es la mayor exportadora de uvas del país y supera los 100 millones de facturación tras un nuevo crédito”, asegura.

La argentina Fincas Patagónicas es productora de vinos y tiene un hotel. “La rentabilidad de su negocio ha crecido tras el apoyo formativo y financiero de la CII. Ingresaba menos de 10 millones de dólares cuando empezamos a trabajar con ella y ahora supera los 50 millones”, sigue Beckham, que suma a la costarricense Ujarrás, fabricante de mermeladas, a la lista. En 2009 entró en el programa de CII facturando dos millones, hoy llega a seis con su nueva maquinaria, 182.000 dólares y la asesoría de la organización, que la ha llevado a vender en otros países de la región. Para Beckham los efectos de la Corporación son que “relajamos las barreras para facilitar que las empresas puedan crecer y crear empleo”.