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El ministro de exteriores argentino abandona la principal asociación judía

Kirchner y Timerman declaran la guerra total a la AMIA, el grupo que sufrió el peor atentado de Argentina, con 85 muertos en 1994, y que investigaba el fiscal Nisman cuando murió

El canciller argentino, Héctor Timerman, un miembro destacado de la comunidad judía de este país, una de las más importantes del mundo, ha decidido romper su carné de socio de la AMIA, la agrupación clave de este colectivo. En un gesto político sin precedentes, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner declara así la guerra definitiva a un grupo, el de la AMIA, que es especialmente simbólico porque en su sede se produjo en 1994 el peor atentado terrorista de la historia de Argentina, con 85 muertos y 300 heridos.

Precisamente de la investigación de este atentado se encargaba el fiscal Alberto Nisman, que murió de un disparo en la cabeza el 18 de enero después de acusar a la presidenta y a Timerman de colaborar con Irán para ocultar el crimen. Aún no se sabe si fue un suicidio o un homicidio, la investigación no avanza y 100 días después no se ha podido concretar ni siquiera la hora de la muerte. El escándalo Nisman ha provocado un duro enfrentamiento entre los líderes de la comunidad judía y el Gobierno y en especial Timerman, cada vez más duramente criticado entre sus correligionarios.

Timerman ha decidido dar el paso más duro y el Gobierno parece moverse para crear colectivos que representen a los judíos más cercanos al Ejecutivo. Antes, la semana pasada, la presidenta ya había declarado la guerra total al apuntar que los fondos buitre de EEUU que se han convertido en enemigo público número uno porque bloquean la deuda argentina estaban detrás de la denuncia de Nisman contra ella y tenían vínculos estrechos con los dirigentes de la AMIA y de la DAIA, que engloba a todos los grupos judíos. La reacción de estos últimos fue contundente. Se hablaba de la posibilidad de expulsar a Timerman pero ha sido él quien ha decidido darse de baja de la asociación judía más importante. El canciller señala en su carta que no quiere que nadie de la AMIA le represente como judío y asegura que le dolió "el silencio" de los dirigentes de la AMIA ante las acusaciones de Nisman contra él y la presidenta.

El texto es durísimo. “No es aceptable que la injusta muerte de las víctimas de la AMIA se convierta en una pieza de ajedrez de los intereses geopolíticos de otros países o grupos partidarios locales”, asegura el ministro de Asuntos Exteriores argentino. En la carta asegura que se da de baja por “la certeza de que ambas instituciones con su accionar obstruccionista continúan impidiendo el avance en la investigación del criminal atentado terrorista ocurrido el 18 de julio de 1994, a la vez que alimentan, tal vez sin desearlo, campañas de quienes pretenden usar dicha tragedia para fines contrarios a los intereses nacionales, tanto políticos como económicos y sociales”. Timerman deja así caer la denuncia de la presidenta, que ve a los fondos buitre detrás de los movimientos de Nisman y de la AMIA.

La guerra con los fondos buitre ha sido durante los últimos meses uno de los ejes de la política de Fernández de Kirchner, que apela a sentimientos patrióticos y recibe un gran respaldo popular en su discurso contra estos grupos financieros. Ella y su ministro de Economía, Axel Kicillof, están librando una gran batalla en la escena internacional para lograr un gran acuerdo que impida que estos fondos puedan utilizar el mismo sistema que han usado con Argentina, esto es comprar una parte de la deuda, negarse a cualquier renegociación y acudir a los tribunales de EEUU a sacar el máximo rendimiento posible. Kicillof está hoy en Nueva York precisamente para negociar en la sede de la ONU esta nueva regulación para la que tiene el apoyo del grupo G77+China. Fernández de Kirchner ha recabado respaldo para esta iniciativa en sus últimos viajes a China y Rusia.

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