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El ‘contable de Auschwitz’ admite su responsabilidad moral en las muertes

Gröning, acusado de colaborar en 300.000 asesinatos, será de los últimos nazis procesados

Oskar Gröning, de 93 años, al inicio del juicio.

"En términos morales, mis acciones me hacen culpable", ha declarado este martes Oskar Gröning, acusado de colaborar como miembro de las SS en el asesinato de unos 300.000 presos en Auschwitz-Birkenau. "Me presento ante las víctimas con remordimiento y humildad", ha dicho. "Sobre mi responsabilidad a nivel legal, ustedes deben decidir", ha añadido ante la audiencia de la localidad alemana de Lüneburg. Gröning, el hombre al que la revista Der Spiegel bautizó como el contable de Auschwitz, se ocupó entre septiembre de 1942 y octubre de 1944 de registrar las pertenencias de los deportados que llegaban al campo.

"Los pecados tienen que ser juzgados. Y lo que ocurrió en Auschwitz-Birkenau fue un pecado. Un crimen para la eternidad", dijo el lunes Eva Pusztai-Fahidi. Esta superviviente húngara del campo de concentración nazi hablaba desde Lüneburg, la pequeña ciudad del centro de Alemania en donde este martes ha comenzado el proceso contra Gröning.

El proceso que ahora inicia la audiencia de Lüneburg ha acaparado la atención de los medios alemanes. En primer lugar, porque puede ser uno de los últimos que se emprendan contra responsables nazis por la elevada edad de los supervivientes. Además de Gröning, que hoy tiene 93 años, también esperan juicio otros dos miembros de las SS, todos ellos nonagenarios.

El proceso interesa también por la personalidad del protagonista. Gröning, al contrario que otros acusados de crímenes nazis, no ha tenido reparos en hablar de lo que ocurrió entonces e insiste en que no pegó ni un tiro. En una entrevista concedida hace diez años a Der Spiegel, se describía a sí mismo tan solo como "una pieza más del engranaje". Un engranaje en el que fueron asesinadas más de 1,1 millones de personas. "Me siento culpable hacia el pueblo judío por haber formado parte de un grupo que cometió esos crímenes. Pero yo no los hice", añadía entonces.

La justicia alemana no ha tenido que ir a buscar a Gröning a un país lejano al que se hubiera huido. El nonagenario llevaba una tranquila vida en Lüneburg, la ciudad situada a unos 50 kilómetros al sur de Hamburgo en la que a partir del martes será juzgado. Mientras Gröning se justifica diciendo que no disparó un tiro, la fiscalía limita sus cargos a unos meses de 1944 en los que se desarrolló la llamada "operación Hungría". Entonces llegaron a Auschwitz 137 transportes procedentes de ese país, con 425.000 deportados, de los cuales unos 300.000 murieron en las cámaras de gas.

Hace cuatro años, un juez de Múnich condenó en 2011 al ucranio John Demjanjuk a cinco años de cárcel por su complicidad en la muerte de más de 29.000 judíos en el campo nazi de Sobibor, donde sirvió como guardia voluntario. Demjanjuk, que no pronunció una palabra durante el juicio, moriría unos meses después de ser sentenciado en el asilo de ancianos al que había sido trasladado por motivos de salud. Él tampoco participó directamente en la muerte de los prisioneros, pero la justicia le halló culpable por complicidad.

Pero, como aseguró el lunes Pusztai-Fahidi, a los supervivientes que no les preocupa tanto que el acusado cumpla la sentencia, sino que se le juzgue. "Lo importante es que la sociedad tome nota". Los judíos supervivientes que se han desplazado a Lüneburg desde países como Estados Unidos, Canadá, Hungría, Reino Unido o Israel reclaman justicia. "Nunca es demasiado tarde para tener justicia", añadió Hedy Bohm, llegada de Toronto, en la rueda de prensa celebrada en Alemania.

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