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Uno de los autores de la masacre de Kenia es hijo de un alto funcionario

Las autoridades refuerzan la seguridad en las iglesias del país africano en el Domingo de Resurrección

Un niño duerme en brazos de su madre durante la misa en una iglesia de Garissa este domingo.
Un niño duerme en brazos de su madre durante la misa en una iglesia de Garissa este domingo. AP

Uno de los enmascarados que mató a 148 jóvenes en el campus de Garissa es el hijo de un funcionario keniano. Las autoridades de Kenia han identificado a uno de los autores de la matanza como Abdirahim Adbullahi, hijo de un funcionario del Gobierno en la región de Mandera, al este del país.

“Su padre había indicado a las fuerzas de seguridad que su hijo había desaparecido de casa y estaba ayudando a la policía a localizar a su hijo cuando sucedió el asalto” ha explicado el Ministro del Interior, Mwenda Nkoja. Según un funcionario de Garissa, el Gobierno estaba al corriente que Abdirahim se había unido a a milicia somalí Al Shabab después de graduarse en Derecho en la universidad de Nairobi, en 2013.

La seguridad se ha intensificado este Domingo de Resurrección en las iglesias de todo el país. En la ciudad portuaria de Mombasa algunas han alquilado agentes privados y han pedido refuerzos a la policía para celebrar el servicio dominical. En Nairobi se cacheaba a los feligreses al entrar a la Basílica de la Sagrada Familia.

Y en Garissa, escenario de la tragedia del jueves, seis militares protegían esta mañana la principal iglesia cristiana de la ciudad. En 2012, una docena de personas murieron en un ataque simultáneo en dos iglesias de esa ciudad.

La milicia Al Shabab ha lanzado nuevas amenazas después del ataque. “Pintaremos las ciudades de sangre hasta que no retiréis vuestras fuerzas de territorio musulmán”, señala en un comunicado emitido el sábado. “Os hemos advertido en muchas ocasiones que las acciones de vuestro Gobierno no quedaran sin responder”, añade. Al Shabab consideró que Kenia le había declarado en la guerra en 2011, cuando mandó tropas a Somalia para combatirle. El grupo amenaza: “No soñéis tener seguridad en vuestra tierra hasta que no la haya en la nuestra”.

El miedo está instalado entre la población keniana, no solo los cristianos. Una manifestación pacífica de rechazo al atentado de Garissa se celebró el sábado en Eastleigh, el barrio somalí de la capital. Decenas de musulmanes somalíes salieron a la calle para solidarizarse con las familias de las víctimas, para condenar la violencia y para recordar que ni su raza ni su religión tienen nada que ver con los criminales de Al Shabab.

Las autoridades han declarado tres días de luto nacional y han exhibido los cuerpos abatidos de los asaltantes muertos, cargados en la parte trasera de un vehículo abierto.

Casi 700 estudiantes abandonaron el sábado el campo militar de Garissa en una triste caravana de 13 autocares. Supervivientes y testigos de la matanza que dejaban atrás su universidad, su residencia y los amigos asesinados.

El atentado más mortífero en Kenia fue el de la Embajada de Estados Unidos en Nairobi, el 1998, pero Al Shabab no existía entonces. El ataque de Garissa, con 148 muertos, es la masacre más mortífera de la milicia somalí en territorio keniano.

La milicia yihadista somalí Al Shabab nació como el brazo minoritario radical de la Unión de Tribunales Islámicos, una alianza de organizaciones islámicas que fue ganando terreno y poder en Somalia. En 2006 las tropas etíopes entraron en Somalia y eliminan aquellos tribunales, pero no Al Shabab, que ganó adeptos y se escoró hacia el extremismo y la violencia.