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Alemania endurece su postura de cara a la negociación con Grecia

Berlín quiere evitar un contagio político a otros países periféricos

La canciller Angela Merkel, en una recepción a los clubs de carnavales alemanes celebrada el 28 de enero en Berlín.
La canciller Angela Merkel, en una recepción a los clubs de carnavales alemanes celebrada el 28 de enero en Berlín.

“Asume usted el cargo en tiempos difíciles, en los que tiene una gran responsabilidad. Espero que podamos profundizar en la tradicionalmente buena y profunda amistad de nuestros pueblos”. El lenguaje exquisitamente diplomático con el que la canciller alemana Angela Merkel felicitó al recién nombrado primer ministro griego, Alexis Tsipras, no ha logrado ocultar la sensación de que Berlín ha recibido la victoria del izquierdista Syriza como una amenaza a su política europea que no puede permitir.

Ese resultado, junto al anuncio de las compras de deuda pública a gran escala por parte del BCE —en contra, una vez más, de Berlín— provocarán un endurecimiento de la postura alemana tanto en las negociaciones con Grecia como en los diversos asuntos que la Unión tiene sobre la mesa de cara a los próximos meses, según explican las fuentes consultadas en Bruselas.

El ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble, negó el martes en la Eurocámara la posibilidad no solo de una quita a la deuda griega, sino también de cualquier alivio a la pesada carga que arrastra Grecia. Y este miércoles, su compañero de Gobierno y rival político Sigmar Gabriel avisó a Tsipras desde Berlín de que solo él será responsable si finalmente Grecia no cumple sus compromisos y se ve obligada a salir del euro. “No lo deseamos, pero depende de su Gobierno”, dijo Gabriel. El Ejecutivo alemán ya filtró antes de las elecciones que una reestructuración unilateral supondría una salida fulminante de Grecia del euro, y el vicecanciller repitió este miércolesque la eurozona está mucho mejor equipada que en 2012 para capear el temporal.

Berlín vuelve ahora a esa línea dura, antesala de una negociación entre Grecia y los socios europeos que se adivina larga y difícil. No solo por las posiciones ortodoxas de los acreedores del Norte (encabezadas por Alemania, pero también Holanda y Finlandia, todos ellos con elecciones en breve). España, Portugal e Irlanda se han mostrado extremadamente beligerantes en contra de dar más margen al flamante primer ministro griego, Alexis Tsipras. “Son tres países periféricos y gobernados por conservadores, que pueden temer el efecto contagio político de Grecia y que, sobre todo, han hecho grandes sacrificios y ven cómo ahora hay una operación de relajación de la que se beneficiarán Grecia, si llega a un acuerdo, y países como Francia e Italia, con condiciones fiscales más laxas”, señaló una fuente comunitaria.

“Los europeos no pueden pagar lo que no hacen los griegos”, dice Gabriel

La victoria de Syriza no llegó sola. Tan solo tres días antes, Berlín había encajado una fenomenal derrota procedente de Fráncfort: Mario Draghi anunció que el banco central se embarcará en una ambiciosa operación de compra de deuda a la que Alemania —con su Gobierno al frente, pero sobre todo el Bundesbank— se había opuesto con uñas y dientes. Encrespados los ánimos por la decisión del BCE, Berlín afronta el órdago griego con gesto adusto. Los portavoces del Gobierno alemán insisten en destacar que la negociación con las autoridades helenas se llevará en Bruselas, no en Berlín, pero a nadie se le escapa que la postura de Merkel será fundamental. Y en esta negociación a cara de perro que se avecina el mensaje es claro: la victoria de Tsipras no cambia en nada lo ya firmado y el nuevo Gobierno no puede esperar un trato de favor solo por haber llegado al poder con un mensaje rupturista.

“No puede ser que las cosas que no haga el Gobierno griego se desplacen a los vecinos y que al final sean los ciudadanos de otros países los que paguen la factura. No podría explicárselo a ningún trabajador alemán”, dijo este miércoles Gabriel. El margen de actuación es “muy, muy reducido, añadió el número dos de Merkel. Fuentes gubernamentales admiten sotto voce que una de las razones por las que no pueden ceder es porque un éxito de Tsipras supondría un mensaje catastrófico para otros países del sur de Europa, como España, que se han esforzado en hacer reformas. Berlín quiere cortar de raíz un efecto contagio que dé alas a fuerzas como Podemos. Esta teoría de los “incentivos perversos” es curiosamente la misma que está tras las críticas alemanas al BCE: al mejorar la situación de los países del sur con la compra de deuda, Draghi les quita presión para que impulsen reformas que Berlín considera imprescindibles.

‘Domesticar’ a Tsipras

Objetivo: domesticar a Tsipras. La socialdemocracia europea ha iniciado una operación de acercamiento al líder de Syriza, el partido de izquierda radical que se impuso el domingo en las elecciones griegas. El presidente del Parlamento Europeo, el socialdemócrata alemán Martin Schulz, viajará a Atenas en las próximas horas para verse con el flamante primer ministro griego. El presidente del Eurogrupo, el socialdemócrata holandés Jeroen Dijsselbloem, hará lo mismo el próximo viernes. El presidente de Francia, el socialista François Hollande, ha invitado a Alexis Tsipras al Elíseo antes de su primera cumbre europea, el 12 de febrero. E incluso Alemania planea enviar a Atenas a Jörg Asmussen, exconsejero del BCE y actualmente una de las voces del Ejecutivo alemán más relacionadas con el dossier griego.

La socialdemocracia europea trata así de atraer a Tsipras a posiciones más centristas, que permitan a Grecia alcanzar un acuerdo algo mejor pero a la vez que reduzcan las probabilidades de accidente ante el riesgo de que el nuevo Gobierno griego tense demasiado la cuerda, según las fuentes consultadas en Bruselas.

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