Asociaciones judías reclaman justicia tras la muerte del fiscal

Miles de personas se concentraron en Argentina frente de la sede de la AMIA, la agrupación que sufrió un atentado en julio de 1994

Manifestantes piden justicia frente a la sede de la AMIA
Manifestantes piden justicia frente a la sede de la AMIAMARCOS BRINDICCI (REUTERS)

Miles de personas se concentraron el miércoles frente a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) para pedir “verdad y justicia” tras la muerte del fiscal Alberto Nisman, quien falleció el domingo de un balazo en la cabeza, cuatro días después de haber denunciado a la presidenta de Argentina por encubrimiento de fugitivos iraníes. El acto, convocado por la AMIA y por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), estaba abierto a todos los ciudadanos y culminó con varios discursos en la sede de la AMIA, la misma asociación que sufrió el atentado del 18 de julio de 1994 en el que murieron 85 personas y 300 resultaron heridas.

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El presidente de la DAIA, Julio Slochsser, comentó a este diario: “Hacía años que no veía una concentración tan grande, con una convocatoria que se hizo en tan pocas horas y con un apoyo tan unido como el de esta noche”. Slochsser recalcó que todos los carteles pedían justicia. “Ha sido una clara demostración de que los argentinos quieren justicia y vivir en paz. Los argentinos no quieren fiscales muertos... La falta de justicia es el caldo de cultivo de cualquier germen que ataca la sociedad. Nosotros no juzgamos, no condenamos. Pero, cuidado, tampoco absolvemos. Hacía ocho años que yo trataba con Nisman. Y no verlo es un dolor”, señaló.

Durante su discurso, Slochsser dijo: "No vamos a permitir que vuelva a morir otro fiscal, porque estamos acá, porque hoy, mirando, no llego a ver hasta dónde llega la gente. Porque la gente está cansada de no tener justicia. Sepan señores fiscales que estamos con ustedes. No tengan miedo, porque nosotros tampoco tenemos miedo. Y a los señores jueces que van a tomar la posta, no miren para otro lado. Cuando tengan que llamar a alguien, llámenlo”.

Por su parte, el presidente de la AMIA, Leonardo Jmelnitzky, advirtió: “No vamos a permitir que la muerte de Nisman sea también la muerte de la causa AMIA. Por eso desde aquí, pedimos a Interpol y a la comunidad internacional que no se abandone el reclamo argentino para las personas que tienen pedido internacional de captura”.

Vista de la manifestación frente a la sede de la AMIA
Vista de la manifestación frente a la sede de la AMIAMaxi Failla (AFP)
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El presidente de la AMIA, situado ante un inmenso mural con los nombres de las 85 víctimas del atentado que 21 años después sigue sin resolverse, afirmó: “Es muy angustiante vivir en un país donde cualquier hipótesis, por más disparatada que parezca, a todos nos resulte verosímil. No queremos más supuestos, más rumores, más trascendidos. Queremos absolutamente la verdad”. Jmelnitzky fue interrumpido por gritos que clamaban justicia y después continuó leyendo su discurso: “Es triste pensar que cuando pasen un par de semanas, cuando Argentina o el mundo nos dé la primicia de una nueva tragedia, el foco de atención se trasladará y el silencio sobre la falta de avance en la investigación por la causa Amia se apoderará nuevamente de la escena”.

Jmelnitzky concluyó su discurso con estas palabras: “85 asesinados por la explosión de la bomba, un fiscal de la nación, a cargo de la investigación, muerto en circunstancias dudosas… Más de 40 millones de argentinos que no podemos quedarnos en silencio. No queremos nada más que la verdad, no exigimos nada menos que justicia”.

En cuanto a la denuncia que había efectuado Nisman contra la presidenta de Argentina, a la que acusó de encubrimiento de terroristas, Slochsser indicó a este diario que que sería la justicia la que tiene que pronunciarse sobre el contenido de la denuncia.

Sobre la firma

Francisco Peregil

Es corresponsal para el Magreb desde 2015, con sede en Rabat. Antes ejerció desde Buenos Aires durante tres años como corresponsal para Sudamérica. Comenzó en EL PAÍS en 1989, después de trabajar varios meses en 'El Mundo'. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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