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El nuevo zar de la economía brasileña

Joaquim Levy será el responsable de rescatar la confianza y corregir el rumbo

Joaquim Levy, en una imagen de 2010
Joaquim Levy, en una imagen de 2010 Bloomberg

Irónico, bienhumorado, adicto al trabajo, de raciocinio rápido y coeficiente intelectual por encima de la media. Quien ya convivió con Joaquim Levy, el nuevo ministro de Hacienda de Brasil, le dedica elogios sin esfuerzo cuando se trata de describir al hombre que asume la ardua misión de corregir el rumbo de la mayor economía de América Latina.

El exministro de Hacienda Antonio Palocci, que dirigió a Levy cuando ocupaba la Secretaría del Tesoro durante el primer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva, dijo en una conversación reciente con representantes del sector privado que el nuevo hombre-fuerte de la economía tiene todas las credenciales para conseguir el éxito.

Conoce el sector público y privado y tiene una formación académica sólida. Es difícil conseguir una persona así. 

Fabio Pina, economista

“El nombre de Levy no podría ser más acertado para los desafíos que enfrenta Brasil, de conseguir un ajuste fiscal riguroso sin perder de vista el crecimiento”, opina el economista Fabio Pina. “Conoce el sector público y privado y tiene una formación académica sólida. Es difícil conseguir una persona así. Levy es una figura poco común en economía”, afirma.

Ingeniero naval, con un doctorado en Economía en la Universidad de Chicago, Levy trabajó los últimos años en Bradesco, uno de los mayores bancos del país. Su formación va en contra del modelo de un Estado centralizador que ha caracterizado el Gobierno Rousseff. Levy y la presidenta serían como agua y aceite, pero “esa combinación se repite en otros países”, observa el presidente de la Orden de los Economistas de Brasil, Manuel Henríquez García. “En Francia también hemos visto ese matrimonio [el socialista Françoise Hollande y su ministro liberal, Emmanuel Macron, nombrado recientemente]”, compara.

El nuevo ministro afirmó esta semana, en una entrevista al diario Valor Económico, que la reducción de estímulos en las grandes economías, como Estados Unidos y China, presionan aún más a Brasil para ejecutar cambios rápidos en la conducción de su política. “Lo importante es entender que combatir el frenazo en la creación de empleo y la caída del crecimiento del PIB con una mayor expansión fiscal no encaja con la realidad y seria peligroso”, avisó.

Esas afirmaciones provocaron urticaria en una parte del electorado de la presidenta, que se sintió traicionada con la elección de un nombre más identificado con el discurso de Aecio Neves, el principal rival de Rousseff en las elecciones de este año.

Levy asumirá el papel de mensajero de malas noticias como el aumento de impuestos, la restricción del crédito y el fin de los subsidios 

Ajeno a las críticas, Levy dedicó las últimas semanas a conocer en detalle las cuentas junto al exministro Guido Mantega, y saber, incluso, el tamaño de los esqueletos que tienen que contabilizarse para definir el tamaño del ajuste de los gastos públicos en el segundo mandato de la presidenta Rousseff. Levy asumirá así el papel de mensajero de malas noticias, como el aumento de impuestos, la restricción del crédito y el fin de los subsidios a empresas, que permitieron la sustentación de empleos, patrimonio de las gestiones petistas. No es casualidad que las consultoras ya proyecten un aumento en la tasa de desempleo.

La economía, sin embargo, se alimenta de expectativas, y después de que el mercado financiero y el sector privado abriesen una verdadera guerra contra la presidenta durante su primer mandato, se hizo necesario hablar el idioma de los dueños del dinero para restaurar el optimismo, aunque sea a partir de 2016. En su entrevista a Valor, Levy dijo que la transparencia y la eficiencia son “dos valores indispensables para garantizar la inversión y la productividad y, por tanto, el empleo en los años venideros”. Levy dejó claro que viene un año amargo, pero necesario para recoger frutos después.