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Una huelga general contra la austeridad paraliza Bélgica

La protesta obliga a cancelar 600 vuelos y bloquea los servicios de tren, autobús y metro

Aspecto de la zona de facturación del aeropuerto de Bruselas este mediodía. Todos los vuelos han sido cancelados.
Aspecto de la zona de facturación del aeropuerto de Bruselas este mediodía. Todos los vuelos han sido cancelados. AP

Una huelga general de amplio seguimiento paraliza Bélgica. Los principales sindicatos del país han protestado este lunes de forma masiva contra las medidas de austeridad anunciadas por el nuevo Gobierno federal de centroderecha, que aboga por un retraso en la edad de jubilación en 2030 (hasta los 67 años) y que pretende recortar 11.000 millones de gasto público en los cinco próximos años. Y lo han hecho con fuerza: 600 vuelos se han quedado en tierra o han tenido que ser desviados tras el cierre del espacio aéreo belga; el servicio nacional e internacional de trenes se ha visto paralizado por completo y, aunque los efectos de la huelga se han dejado sentir con mayor intensidad en el sector público, algunos comercios del centro de Bruselas también han tenido que echar el cierre y varias grandes superficies no han abierto sus puertas. La tasa de paro belga cerró octubre en el 8,6%, una décima más que en el mismo mes de 2013 pero casi tres puntos por debajo de la media comunitaria (11,5%). Bélgica no vivía una huelga general desde el año 2005.

Un piquete trata de parar el tráfico este lunes en pleno distrito europeo de Bruselas. ampliar foto
Un piquete trata de parar el tráfico este lunes en pleno distrito europeo de Bruselas. AP

“El paro es un éxito”, resume Marie-Hélène Ska, secretaria general del sindicato democristiano CSC en declaraciones al diario francófono Le Soir. La CSC, el socialista FGTB y el liberal CGSLB han sido los principales convocantes del paro. “Nunca se ha dado una huelga tan importante. Es un frente común, de norte a sur, de este a oeste [de Bélgica]. Espero que los responsables políticos den señales de inflexión”, añade Ska en referencia directa al Gobierno del liberal Charles Michel. El jefe del Ejecutivo, que solo lleva tres meses en el poder, se ha limitado a apelar a la "unidad" y al "diálogo" social. "Todos los ministros se esfuerzan para que así sea". Los interlocutores sociales volverán a sentarse a la mesa el miércoles. La Federación de Empresas de Bélgica —la patronal federal—, ha matizado que el impacto de la huelga se concentra en las administraciones públicas y ha restado importancia a los paros en el sector privado. Sin embargo, sus representantes han lamentado los "daños causados por una minoría" sobre la economía belga y han abogado por un acuerdo con el resto de agentes sociales.

La huelga ha afectado, directa o indirectamente, a todos los sectores de la economía belga, pero se ha dejado sentir con especial virulencia en el transporte. El servicio de metro, tranvía y autobuses públicos se ha visto paralizado y los piquetes se dejaban ver a primera hora de la mañana en los principales nudos de comunicación urbana e interurbana. A mediodía tampoco era fácil encontrar un taxi libre en la capital comunitaria.

En el sector ferroviario el seguimiento también ha sido masivo: ningún tren ha circulado esta mañana por la densa red que conecta las principales ciudades del país y que cada día utilizan miles de trabajadores. Las conexiones por tren con Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Luxemburgo —uno de los mayores corredores ferroviarios de la UE— han tenido que ser canceladas.

El principal aeropuerto del país, Zaventem, ha paralizado todas las operaciones entre las 22 horas del domingo y las 22 horas de este lunes, el periodo fijado por los sindicatos convocantes. Tampoco han despegado ni aterrizado aviones en los aeropuertos de Charleroi, focalizado en aerolíneas de bajo coste y Amberes. Algunas compañías aéreas adelantaron el horario de sus vuelos con origen o destino Bélgica para evitar el paro. Otras han optado por desviarlos a Ámsterdam, a Maastricht (ambos en Holanda) o a Lille (noreste de Francia).

Entre los huelguistas —reunidos para luchar contra un Gobierno al que tildan "de derechas, asocial e injusto"—, la misma sensación que ha provocado la movilización social en media Europa: que la crisis se ha cebado con los trabajadores y con los eslabones más débiles de la sociedad. "Estamos muy preocupados. Además de tener que trabajar hasta los 67 años, las nuevas generaciones tienen menos oportunidades de empleo. Es impresionante el número de jóvenes altamente cualificados que se ven obligados a ocupar puestos de trabajo que requieren un nivel de estudios muy inferior al suyo", apunta Alain Skunerbek, trabajador de Bruxelles Propreté, la empresa pública que se encarga de la recogida de residuos sólidos en la capital del país, y afiliado a la rama de servicios públicos del FGTB. "Es desolador: nos piden que nos apretemos el cinturón y ellos no lo hacen", añade en pleno centro de Bruselas, cuyo aspecto se asemeja este lunes más a la de cualquier capital europea en fin de semana que a la del centro administrativo de la UE en día de diario. Los comercios están cerrados y poca gente camina por la calle. "Esta huelga general no será la última hasta que Michel se vaya", cierra Skunerbek.

Los trabajdores en huelga también han recibido el aliento de otros colectivos sindicales y representantes de partidos políticos progresistas de otros países europeos. Cécile Rimboud, de La Izquierda Revolucionaria francesa, es una de ellas. "He venido a apoyar a los camaradas belgas", apunta. "Hay dos tipos de huelguistas: los que hoy no van a trabajar y los que se reúnen para hablar sobre cuál será la próxima actuación. Está bastante claro que esta jornada de huelga es el primer paso hacia un movimiento más masivo", añade en compañía de dos compañeros italianos y una griega. Todos han venido a Bruselas con el mismo objetivo: visibilizar su apoyo sin fisuras a los trabajadores belgas.