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Reino Unido apela al bolsillo de los escoceses

La divisa propia y el banco central, principales riesgos de la independencia

Manifestantes en favor de la independencia de Escocia, el pasado septiembre en Edimburgo.
Manifestantes en favor de la independencia de Escocia, el pasado septiembre en Edimburgo. AFP PHOTO

A menos de tres meses para que los escoceses decidan en referéndum si ponen fin a 300 años de unión con Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, las calculadoras echan humo. La última fase de la campaña del Gobierno británico para intentar convencer a los escoceses de permanecer unidos apela directamente al bolsillo. Su informe Reino Unido, futuro unido: conclusiones del programa de análisis de Escocia defiende los beneficios económicos y sociales de seguir adelante con esa unión, en vigor desde 1707. A comienzos de la semana, los residentes en Escocia empezaron a recibir un panfleto con los números que están en juego en el referéndum, “la decisión más importante que hará un votante escocés en toda su vida”, señala la campaña del Ejecutivo.

“Los inversores están preocupados”, advierte el ‘número dos’ del Tesoro

“El resultado de esa votación es irreversible. Lo que los escoceses decidan el próximo 18 de septiembre no tiene marcha atrás. Creemos que hay una mayoría silenciosa que está a favor de seguir unidos pero todavía hay muchos indecisos. Somos positivos pero no complacientes”, explica Daniel Alexander, número dos del Tesoro británico y al frente de la campaña gubernamental, como el escocés de mayor rango dentro del Ejecutivo de David Cameron. Alexander, del Partido Liberal, atiende a EL PAÍS por teléfono en el trayecto que le lleva a Aberdeen, donde sigue su campaña a favor del no a la independencia. La cuestión está encima de la mesa en sus reuniones con inversores internacionales. “Les veo muy preocupados, no les hace muy felices la posibilidad de que Escocia se independice. Hay muchas empresas que están elaborando planes de contingencia para relocalizar sus compañías”, asegura.

Una de las primeras empresas en hacer públicos esos planes fue la aseguradora Standard Life, con sede en Edimburgo desde 1825. La empresa ha empezado a crear filiales para operar fuera de Escocia y a las que poder transferir, si fuera necesario, buena parte de los 247.000 millones de libras que maneja en activos globales.

El riesgo de los activos financieros

Aunque el sector financiero en Escocia tiene un gran tamaño, no resulta desproporcionado en relación con su economía (8% del PIB, frente al 16% que supone el sector energético). Sin embargo, sí lo es el volumen de los activos que manejan los bancos, los fondos de pensiones, las aseguradoras que pueblan esta región y que suponen, en total, 12,5 veces el PIB de Escocia. Unos niveles “por encima de los de Islandia antes del estallido de la crisis y ciertamente sin precedentes históricos”, subraya Alastair Ryan, de Bank of America Merrill Lynch en una nota. En Islandia llegaron a suponer 11 veces el PIB, mientras que en Irlanda representan 5,2 el tamaño de la economía o las 3,5 veces de media europea. De ahí que “pequeños cambios en la percepción de la seguridad de los bancos puedan, además, tener un efecto desestabilizador desproporcionado en Escocia”, subraya Ryan. Especialmente, sobre una economía relativamente pequeña, de tamaño similar al de Irlanda o Portugal, que representa, según los cálculos, entre el 8% y el 10% del PIB de Reino Unido.

La mayoría de los analistas cree que, en caso de que gane el sí, las entidades financieras se domiciliarán en Reino Unido, para evitar los problemas derivados de la ausencia de banco central o qué decisión se adopte sobre la divisa.

Es ahí, en la aparente fortaleza del sector financiero, donde reside una de las mayores debilidades del proyecto independentista. Los servicios financieros representan el 8% del PIB y dan empleo al 7% de los ciudadanos escoceses. Pero los activos que maneja el sector —formado por fondos de pensiones, bancos y aseguradoras, básicamente— representan 12,5 veces el PIB de Escocia, por encima de los niveles que presentaba Islandia antes de la crisis. Por eso “es fundamental que las entidades tengan acceso a un banco central que actúe como prestamista de última instancia en caso de dificultades y que respalde los depósitos”, advierte Myriam Fernández de Heredia, directora de ratings soberanos para Europa de Standard & Poor's. No se trata de una hipótesis. Entre 2008 y 2009, Lloyds Bank Group, propietario del Bank of Scotland y el Royal Bank of Scotland (RBS), recibió fondos de emergencia del Banco de Inglaterra por más de 60.000 millones de libras y otros 65.000 millones del Gobierno británico para evitar su colapso. Aún hoy, el Estado es propietario del 81% del capital del RBS.

Aun así, el principal riesgo del proyecto independentista pasa por qué divisa utilizaría el nuevo Estado y cuál sería su banco central. “Estas cuestiones están en el corazón de la incertidumbre que genera la independencia escocesa y podría afectar negativamente a los activos financieros”, subraya Nick Bate, economista de Bank of America Merrill Lynch en un reciente informe. Los partidarios del sí han apostado por mantener la libra esterlina, una opción rechazada por los tres principales partidos británicos.

El gobernador del banco central, Mark Carney, advertía a finales de enero que el uso de la libra llevaría a Escocia a formar una unión monetaria con el resto del Reino Unido, “y dada la experiencia vivida en la eurozona, eso implicaría un estricto Pacto de Estabilidad para evitar los problemas que hemos vivido en los últimos años”, lo que implica, de entrada, una pérdida de soberanía. Otra opción es seguir el modelo de Panamá, que utiliza el dólar como moneda nacional, pero cuyos bancos no están supervisados por Estados Unidos, no pueden acudir a la ventanilla de la Reserva Federal a financiarse o cuyas condiciones no se tienen en cuenta a la hora de fijar la política monetaria. “La combinación de un gran sistema financiero, la falta de acceso a los servicios del Banco de Inglaterra y un Gobierno que se endeuda en una divisa sobre la que no tiene control puede suponer un considerable riesgo para Escocia”, advierte Bate.

Los tres partidos británicos rechazan que se permita usar la libra 

Hay otras alternativas, como crear una divisa propia o solicitar el acceso a la Unión Monetaria Europea, procesos que pueden llevar años y durante los cuales el sistema financiero carecería de un prestamista de última instancia y el Estado tendría complicado el acceso a la financiación. Pese a ello, “el reto para que Escocia se independice sería significativo, pero no imposible”, subrayaba S&P en un informe en febrero.

Lo cierto es que hasta ahora, los mercados financieros no parecen dar mucho crédito a la posibilidad de que gane el sí. Las tres principales agencias de calificación apuestan por una victoria mayoritaria del no a la independencia, aunque admiten que sus análisis de riesgos están muy abiertos, a la espera de los términos que se empezarían a negociar a partir del resultado de septiembre. “El diablo está en los detalles”, reconoce Fitch en su informe, como el reparto de la actual deuda pública británica y de la producción petrolera del mar del Norte, que representa a día de hoy el 16% del PIB escocés. “La independencia de Escocia no forma parte de nuestro escenario central que sustenta la triple A del Reino Unido. Nos podría preocupar mucho más una hipotética salida de Reino Unido de la UE”, admite Fernández de Heredia.

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