Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Alitalia abandona Venezuela por la deuda en divisas del Estado

La aerolínea italiana suspende el servicio por una retención del Gobierno de 3.800 millones de dólares en ingresos y utilidades

La oficina de Alitalia cerrada en Caracas
La oficina de Alitalia cerrada en Caracas REUTERS

La aerolínea Alitalia anunció este miércoles que desde el 2 de junio suspenderá el servicio de la ruta Roma-Caracas. La compañía italiana, que ya a comienzos de mayo había reducido su frecuencia de cinco a solo dos vuelos semanales, es la segunda gran línea aérea internacional que deserta del mercado venezolano desde que Air Canadá lo hiciera a mediados de marzo.

A esto se suma que la alemana Lufthansa ha dejado de vender boletos de avión en Venezuela, según ha publicado el diario El Universal. La decisión, informa el periódico, no incluye la suspensión de vuelos como han hecho las líneas italiana y canadiense. La oficina de Lufthansa no ha especificado cuánto tiempo estará vigente esta medida, que se atribuye a un venta irregular de billetes que han hecho agencias nacionales.  

Alitalia ofreció la devolución del costo de los boletos a los pasajeros que los hubiesen adquirido con antelación y resulten ahora afectados por la medida, que la empresa dice adoptar temporalmente hasta que “la situación se estabilice”.

La situación a la que alude la compañía es la deuda en divisas que el Estado venezolano retiene para la repatriación de ingresos y utilidades de las aerolíneas internacionales y que, en su conjunto, alcanza ya alrededor de 3.800 millones de dólares.

Desde que en 2012 el régimen chavista empezó a confrontar problemas en su flujo de caja, comprometido por una baja en la producción petrolera y unas demandas de gasto público cada vez mayores, dejó de entregar a las líneas aéreas los montos en moneda extranjera correspondientes a las transacciones en bolívares efectuadas en territorio venezolano. El engorroso esquema se debe al sistema de control de cambios impuesto por el presidente Hugo Chávez en 2003 y que su sucesor, Nicolás Maduro, a pesar de algunos gestos pragmáticos de reforma y apertura, no se ha animado a desmontar.

Luego de unas difíciles negociaciones y de amenazas apenas veladas por parte de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, con sede en Suiza) acerca de una suspensión general de las conexiones aéreas a Venezuela, el ministro venezolano de Transporte Aéreo y Acuático, general Hebert García Plaza, pudo ofrecer a las líneas aéreas un plan de pagos que, dijo, contaba la aprobación del propio presidente Nicolás Maduro. No obstante, los transportistas no han recibido ni un solo dólar desde el 30 de marzo, fecha de la oferta.

Se teme que Alitalia sea apenas otro nombre de una estampida de compañías dispuestas a arrojar la toalla en un mercado de viajeros que, pese a su tamaño y poder adquisitivo considerables, se ha vuelto oneroso.

La brasileña Gol, que cubre la ruta Sao Paulo-Caracas, dio a conocer este jueves sus resultados financieros del primer trimestre de 2014. En ellos resalta una pérdida de 34 millones de dólares asociada a la depreciación del bolívar, la moneda venezolana, a la vez que reportan recursos represados en Venezuela equivalentes a 159 millones de dólares, pendientes de repatriación.

Los mayores acreedores del Gobierno en el sector, como American Airlines, Avianca, Copa y las aerolíneas del grupo Latam, llegan a acumular cada uno cuentas por cobrar de hasta 400 millones de dólares, un fardo que castiga sus resultados financieros y torna inviables sus operaciones locales. La crisis enfrenta a Venezuela con el riesgo cierto de quedar aislada por vía aérea. El país cuenta con una línea bandera oficial, Conviasa, y dos empresas privadas de escaso equipamiento, desempeño mediocre y apenas unas pocas rutas a destinos internacionales.

El incumplimiento en el pago, con las repercusiones que puede acarrear, deja en evidencia las estrecheces por las que pasa el Gobierno venezolano en medio de una crisis económica sin precedentes. El Estado, que reservó a su arbitrio la asignación de divisas, no se da abasto ni siquiera para satisfacer la demanda de moneda extranjera para la importación de insumos industriales y productos de consumo básico. Venezuela, un rico productor de petróleo cuya factura de exportaciones de hidrocarburo promedia al año 100.000 millones de dólares, carece sin embargo de una infraestructura para la manufactura y lo importa casi todo. Una escasez crónica y la mayor tasa de inflación del mundo occidental son los resultados de esta coyuntura.

Empresas Polar, el mayor conglomerado industrial privado del país, aguarda por la liquidación de solicitudes de divisas por 189 millones de dólares solo para sus plantas de producción de alimentos, según difundió en un reporte propio dado a conocer por medios de Caracas. Hace dos semanas Polar debió paralizar provisionalmente la producción de pastas de trigo por falta de materia prima.

Una seguidilla de noticias de semejante calado ha llegado durante los últimos días desde la industria del automóvil. General Motors, Toyota y Ford detuvieron la producción de vehículos en vista de la falta de partes para el ensamblado. En cada caso, antes de reanudar la producción, hizo falta la intervención directa del ministro de Transporte Terrestre, Haiman El Troudi, quien prometió arreglos especiales a las trasnacionales que permitirían superar los cuellos de botella en la entrega de divisas.

Portavoces de la Cámara Venezolano-Americana de Comercio (VenAmCham) calculan en 15.000 millones de dólares el monto de las líneas de crédito perdidas por sus afiliados a causa de su imposibilidad para pagar a los proveedores extranjeros.