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El cineasta Cuarón lidera el debate sobre la reforma energética de Peña Nieto

El director mexicano invita al presidente a discutir en televisión los detalles de la ley que abre la explotación petrolera a la inversión privada y extranjera

Alfonso Cuarón, en una rueda de prensa en la Ciudad de México
Alfonso Cuarón, en una rueda de prensa en la Ciudad de México AP

El cineasta Alfonso Cuarón se está convirtiendo en el rostro de las dudas sobre la conveniencia de la reforma energética. El ganador de un Oscar por Gravity le planteó hace una semana diez preguntas a Enrique Peña Nieto que el equipo del presidente se apresuró a responder en apenas unas horas. La premura de las respuestas demostró la importancia que el Gobierno daba al asunto. El director de cine le había afeado al mandatario que hubiera aprobado la ley que abre la puerta a que las petroleras extranjeras puedan extraer crudo en México sin antes haber mantenido un debate fluido con la ciudadanía. Este lunes, Cuarón volvió a la carga y retó a Peña Nieto a debatir en televisión abierta, en horario de máxima audiencia, con puntos de vista a favor y en contra y con la participación de los representantes de los partidos políticos. Incluido el propio presidente.

El director de cine, en una carta abierta dirigida a Peña Nieto colgada en una página web creada exclusivamente para alimentar el debate, considera que es más necesaria que nunca una discusión “de altura” sobre la reforma que afecta a Pemex, la empresa estatal que se ha encargado de manejar el petróleo desde que fuera nacionalizado hace más de 75 años por el general Lázaro Cárdenas del Río. En su día, la expulsión de las compañías petroleras foráneas fue un acto de reafirmación de la identidad nacional, una constatación de la mexicanidad.

La cuestión petrolera toca, cuanto menos, un tema sensible.“¿Es mucho pedir? ¿Tres debates comprensibles para la ciudadanía que permitan contrastar los diversos puntos de vista sobre una reforma tan trascendente para la nación, para el México de todos los mexicanos?”, se pregunta Cuarón. La cuestión queda en el aire hasta que el presidente, el impulsor de una serie de reformas con las que pretende, según su discurso, cambiar el paradigma económico y político del país, dé otro paso al frente y conteste.

¿Es mucho pedir tres debates comprensibles para la ciudadanía que permitan contrastar los diversos puntos de vista sobre una reforma tan trascendente?


Alfonso Cuarón

Cuarón ha conseguido atraer la atención del presidente. Parte de la izquierda mexicana, encabezada por el que ha sido su líder más destacado en los últimos diez años, Andrés Manuel López Obrador, no lo consiguió. El Gobierno permaneció impasible a las protestas de miles de personas en la Ciudad de México y la legislación siguió su curso en el Senado y después en el Congreso. El PRD, el partido más relevante de la izquierda mexicana, pidió incluso someter la decisión a una consulta ciudadana, una idea que secundaron grupos de intelectuales. El Gobierno permaneció impasible. A la vista de la reacción del equipo del presidente tras los primeros reclamos del cineasta, Cuarón es alguien que sí merece una explicación.

La nueva propuesta de debatir públicamente llega con algunas reglas de antemano. Las discusiones televisivas tienen que ser comprensibles, eficaces, ágiles y los participantes tienen prohibido leer. La participación de Peña Nieto sería, al modo de ver de Cuarón, “muy saludable”. Si el presidente recogiera el guante estaríamos ante una ocasión histórica. Los presidentes mexicanos, sobre todo durante los 70 años en los que el PRI gobernó de manera ininterrumpida, representaban una figura inalcanzable para el ciudadano común. En muy contadas ocasiones se exponían a la voluntad de la gente.

La discusión sobre la reforma tiene fecha de caducidad. El Gobierno pretende aprobar las leyes secundarias antes del mes de julio, según lo anunció Manlio Fabio Beltrones, el operador político del presidente en el Congreso. La administración de Peña Nieto ha incluido en su propuesta la condición de que la venta de gasolinas por parte de compañías privadas se haga de forma gradual y que la aportación fiscal de Pemex al Estado (una de las primeras dudas de Cuarón) se vaya reduciendo gradualmente. Actualmente aporta el 67% de sus ganancias.

De producirse ese debate televisado, tendría que comenzar a organizarse de inmediato. Para los mexicanos la reforma plantea un dilema existencial. Los que la apoyan consideran que las compañías privadas y extranjeras, dotadas de mejor tecnología que Pemex, multiplicarán la perforación de pozos y la exploración de aguas profundas, y por tanto aportarán más dinero a las arcas mexicanas en forma de impuestos. Ese esquema funciona con éxito en otros países como Brasil o Noruega. Los críticos sostienen en cambio que la empresa estatal podría hacer ese trabajo si sus cargas fiscales fueran menores y dudan de que esta apertura sirva para algo más que enriquecer a unas cuantas grandes multinacionales.

El Gobierno de Enrique Peña Nieto espera que el Congreso apruebe las leyes secundarias antes del mes de julio

El crecimiento económico del país también está en juego. De aprobarse la reforma, el secretario de Energía, Joaquín Coldwell, calcula que el PIB subiría anualmente un punto porcentual hasta 2018, fecha en la que está previsto que acabe el mandato de Peña Nieto. Y en un 2% a partir de ese año y hasta 2025. El Gobierno calcula que la producción de petróleo pasará de los 2.5 millones de barriles diarios actuales a los 3 dentro de seis años, y a los 3.5 dentro de 11. En el pasado otras reformas o privatizaciones se vendieron como un avance para el país pero tan solo sirvieron para generar una clase rica muy privilegiada, con algunos de sus miembros entre los hombres más ricos del mundo. La clase media y los pobres no se vieron tan favorecidos como se esperaba. Uno de los miedos de los opositores es que esta reforma continúe por esa senda.

Las discrepancias de Cuarón con las políticas del presidente vienen de lejos. En una entrevista, el periodista León Krauze le preguntó a Peña Nieto sobre las declaraciones en su contra que había hecho el cineasta y el político respondió con desdén. Consideraba que el realizador no estaba bien informado y hablaba en base a las opiniones que difundían sus opositores. Ahora, después de que triunfara este año en los Oscars y la revista Time lo considerara una de las 100 personas más influyentes del mundo, Cuarón se ha convertido en un interlocutor válido del Gobierno de México. El ciudadano Cuarón está esperando una respuesta. Y muchos mexicanos también.