El choque sobre Ucrania abre nuevas tensiones entre Europa y EE UU

Bruselas renuncia a realizar cualquier comentario sobre "conversaciones supuestamente interceptadas"

Las diferencias de criterio entre la Unión Europea y Estados Unidos en la crisis ucrania han creado un nuevo foco de tensión entre los dos bloques. Para evitar nuevos obstáculos en la ya complicada situación de la república exsoviética, Bruselas ha optado por expresar una posición tibia ante el exabrupto estadounidense. Pero en los países miembros existe malestar por unas palabras que reflejan fuertes discrepancias entre las diplomacias estadounidenses y europeas hacia Kiev. La reacción más rotunda ha venido de Alemania, que considera “totalmente inaceptable” lo sucedido. El encontronazo se produce tras un año de fricciones entre Bruselas y Washington por el espionaje masivo de la Administración Obama.

Oficialmente, el Ejecutivo comunitario prefiere no darse por aludido: “estamos comprometidos en apoyar al pueblo ucraniano en la actual crisis política y no tenemos ningún comentario sobre supuestas conversaciones telefónicas filtradas”, ha asegurado en conferencia de prensa la portavoz de la Comisión Europea, Pia Ahrenkilde. Con el eco de las escuchas de la NSA (la agencia de seguridad estadounidense) aún de fondo, la portavoz ha recalcado que el pinchazo de conversaciones privadas “no forma parte” de las herramientas que utiliza la UE para ayudar al pueblo ucraniano, “que es en lo que está centrada”.

En privado, algunas fuentes diplomáticas razonan que la posición europea hacia Ucrania no puede ser tan agresiva como la estadounidense porque si la UE empleara exclusivamente mano dura, perdería credibilidad e influencia en la negociación con Kiev. La cercanía de Europa respecto a Ucrania determina absolutamente su posición, un factor que no afecta a Washington, explican estas fuentes.

En la conversación telefónica filtrada el jueves, la secretaria de Estado adjunta para asuntos europeos de EE UU, Victoria Nuland, explicaba al embajador estadounidense en Kiev, Geoffrey Pyatt, que la Administración Obama se ha puesto en contacto con la ONU para que envíe una representación a Ucrania para tratar de ayudar a solucionar la crisis abierta en el país y añade: “que le den a la UE”. En la llamada, de poco más de cuatro minutos, el diplomático estadounidense en Kiev da la razón a Nuland: “exactamente”, replica.

La respuesta más contundente a la filtración ha corrido a cargo de la jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel, que ha mostrado “todo su apoyo” a la alta representante europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton. “La canciller considera totalmente inaceptable lo sucedido y quiere enfatizar que Ashton está haciendo un magnífico trabajo”, ha subrayado el portavoz del Ejecutivo germano, Christiane Wirtz. La rotunda reacción de Berlín revela que el malestar en la UE es mayor de lo que oficialmente Bruselas se atreve a admitir.

Varios analistas consultados han destacado la dificultad del trabajo de la diplomacia europea en Ucrania. A su juicio, EE UU y Canadá tienen mucho más fácil imponer sanciones, porque sus intereses económicos —sobre todo en el plano energético—, son menores. A eso añaden la posición geográfica de Ucrania, que compromete tanto a Rusia como a la UE. Este análisis coincide con el diagnóstico de las instituciones europeas.

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El episodio llega en un momento complicado para las relaciones bilaterales entre la Unión Europea y EE UU después de que el exanalista de la NSA Edward Snowden desvelara hace menos de un año que la Administración norteamericana había espiado reiteradamente a varios Gobiernos europeos y a la propia Comisión. En aquel momento, la diplomacia europea tampoco respondió contundentemente y, por ahora, solo algunos Estados miembros —Francia, Alemania y Bélgica— han reaccionado unilateralmente.

Sobre la firma

I. Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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