Desconcierto y gritos de los pescadores

En Arica, al norte de Chile, unos 3.000 pescadores marchan a la intendencia lanzando proclamas contra sus vecinos del norte y los políticos

Manifestantes protestan en Arica, Chile, por el fallo de la Corte Internacional de Justicia
Manifestantes protestan en Arica, Chile, por el fallo de la Corte Internacional de Justicia Felipe Trueba (EFE)

Conocido el fallo del tribunal de La Haya sobre el conflicto entre Chile y Perú, los pescadores de Arica, al norte de Chile, no sabían qué pensar. Les quitaban mar, pero no todo, perdían, pero no tanto. Así se expresó pasado el mediodía el presidente del sindicato de pescadores artesanales de Arica, Sergio Guerrero, quién al principio indicaba que “podía ser peor” y luego, minutos más tarde, enardecido y jaleado por sus compañeros, subrayaba la derrota y convocaba una marcha a la intendencia de la localidad. Él y sus compañeros señalaban de nuevo a los políticos -como a lo largo de la semana pasada- y el abandono que sufre la localidad “desde hace 40 años”.

Chile ha perdido 23.000 kilómetros cuadrados de mar, casi dos tercios del territorio en disputa. En la zona perdida faenan pescadores artesanales, barcos con capacidad de navegar a más de 80 millas de la costa, cazadores de bacalaos, albacoras y peces espada. Buena parte de la flota de Arica no puede llegar tan lejos.

“Los únicos que perdemos somos los artesanales”, aclaraba pasada la una de la tarde local José Barrios, presidente nacional de la federación de pescadores artesanales de Chile. Barrios integraba la masa de pescadores y medios de comunicación que rebosaba las zonas de sombra de la caleta de pescadores de la localidad. Al fondo, en el agua, decenas de embarcaciones izaban banderas negras por el disgusto -un disgusto todavía por matizar-.

Sentado, bebiendo una soda, Javier Henríquez, cocinero del Charly, indicaba que su embarcación faena justo en esas aguas y que ahora se tendrán que ir al sur, “hasta Pisagua”. Guerrero, que salía y entraba de su despacho cargado de mapas y fronteras, explicaba más tarde que los pescadores más afectados son “los de altura”, o sea, los artesanales que se alejan de la costa para pescar. Los industriales y los semi industriales que se dedican a la anchoa tienen en principio poco que lamentar.

Del otro lado de la frontera, en Tacna, 50 kilómetros al norte, la situación es parecida. Solo las embarcaciones capaces de alejarse de la costa se verán beneficiadas; las que faenan cerca del litoral seguirán como hasta ahora. Freddy Llupanque, de 35 años, tendrá los mismos problemas que ha tenido hasta ahora en la costa de Tacna. Él y sus compañeros buscan pericos -palometas en Chile- y siempre echan la red cerca del mar chileno, “a unas 50 millas de la costa”. El fallo de La Haya indica que la línea que separa ambos mares se mantiene hasta las 80 millas. Ahí, en ese espacio, Freddy pescará de nuevo cerca del mar chileno, donde se agolpan los pericos. “A veces nos pasamos unas millas sin querer”, explica, “y entonces la armada chilena llega y nos agarra. Nos lleva al puerto de Arica y tenemos que pagar una multa”. Hasta 60.000 soles -20.000 dólares- por embarcación y 5.000 -1,700 dolares- por tripulante.

Como en Arica, en la ciudad peruana también se han registrado protestas por el fallo, en este caso dirigidos contra el presidente, Ollanta Humala y la gobernadora Dora Quihue.

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El tono de crónica deportiva empleado en los medios “¿Chile ganó o perdió?, preguntaba a un analista el locutor del Canal 13 chileno, recién leído el fallo”-, competía con los insultos que, cerca de las dos de la tarde (hora local), recibían los comerciantes peruanos al paso de de la marcha en Arica: “Es peruano el que no vote”, “que se vayan los peruanos”, “peruano culiao vete de aquí”. Una de las increpadas, Sonia Maraní Churllitupa, natural de Pucalpa y empleada en un comercio en el centro, se reía. “Sí se como quedó, me parece bien que hayamos recuperado mar, porque era nuestro pero, en realidad, ¿en que nos beneficia a los pobres? En nada. ¿No está usted de acuerdo?”.

Los pescadores -unos 3.000 en la marcha- la tomaron con todo aquel que se acercara a la caleta. Por la mañana echaron a empujones al diputado electo de la región, Vlado Mirosevic, luego al alcalde de Arica y después increparon a algunos marinos que andaban por allí. No están contentos con la clase política y reclaman desde ya al Gobierno medidas compensatorias por el fallo: que les den otra zona para pescar y que financien proyectos de acuicultura, tanto en el mar como en terrenos estatales sin usar cerca de la frontera con Perú.

Sobre la firma

Pablo Ferri

Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).

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