La comunidad internacional recauda fondos para Siria en Kuwait

La ONU ha consigue promesas de 2.400 millones de dólares para los civiles afectados por la guerra El país anfitrión con 500 millones de dólares y EEUU con 380 encabezan las contribuciones

El secretario de Estado de EE UU, John Kerry saluda al secretario general de la ONU, Ban Ki Moon antes del inicio de la conferencia de donantes de Kuwait.
El secretario de Estado de EE UU, John Kerry saluda al secretario general de la ONU, Ban Ki Moon antes del inicio de la conferencia de donantes de Kuwait. PABLO MARTINEZ MONSIVAIS / AFP

La ONU ha conseguido este miércoles en Kuwait promesas de 2.400 millones de dólares (unos 1.750 millones de euros) destinados a los civiles afectados por la guerra de Siria. Los donativos anunciados quedan aún muy lejos de los 6.500 millones de dólares (unos 4.720 millones de euros) que la organización necesita este año para atender a los 13,4 millones de sirios desplazados dentro y fuera de su país. Los participantes han coincidido en que el conflicto amenaza la estabilidad regional y que la ayuda humanitaria salva vidas pero no resuelve la crisis.

“La guerra pone en peligro la estabilidad y los avances de desarrollo en toda la región”, advirtió el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, durante la inauguración de la conferencia.

Para los vecinos de Siria no se trata sólo de palabras. El primer ministro (en funciones) de Líbano, Najib Mikati, recordó que su país acoge a cerca de un millón de refugiados. Esa cifra, que equivale a un 25% de su población (como si España recibiera 10 millones de personas en tres años), pone las infraestructuras al límite y debilita el frágil equilibrio sectario, en un marco de creciente polarización entre suníes y chiíes.

Algunos gobiernos árabes temen que la explotación política de esa diferencia confesional, que ha aliado a Irán con el régimen de Bachar el Asad y Arabia Saudí y Catar con una oposición eminentemente islamista suní, pueda contagiarse a sus ciudadanos. Kuwait es un ejemplo claro.

“Hay una guerra sectaria en marcha en Irak y Siria, y nosotros tenemos todos los ingredientes para resultar afectados”, confía el académico y activista social Saad al Ajmi. En efecto, un tercio de los habitantes del emirato son chiíes y aunque la convivencia con la mayoría suní ya pasó la prueba durante la guerra irano-iraquí del siglo pasado, ahora las tensiones se han exacerbado. “La mayoría de los suníes [kuwaitíes] están contra Bachar y la mayoría de los chiíes no, aunque tampoco puedo decir que le apoyen”, explica.

De ahí, que los observadores hayan considerado “muy inteligente” por parte del emir Sabah al Ahmed al Jaber al Sabah la organización de esta conferencia, que le permite mostrar su preocupación por la situación siria sin alienar a ninguno de los dos grupos. De ahí también que el primer ministro libanés propusiera que los nuevos campamentos no se levanten dentro de sus fronteras sino en la propia Siria.

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Ese era inicialmente el objetivo de Turquía que, según el alto comisionado de la ONU para los Refugiados, António Guterres, Turquía lleva gastados 2.500 millones de dólares. Todo indica que el esfuerzo, que ha sido también considerable en Jordania, Irak y Egipto, va a prolongarse.

Naciones Unidas estima que de aquí a fin de año el número de quienes buscan refugio de los combates se habrá elevado hasta los 4,1 millones. Además, 9,3 millones más necesitarán ayuda dentro del país, la mitad de ellos niños sin acceso a sanidad ni educación. Lo que es más grave al menos 2,5 millones se encuentran en áreas de difícil acceso debido a los combates o los controles que establecen los distintos contendientes.

“A pesar de los llamamientos a facilitar el acceso de la ayuda, la situación sigue empeorando”, lamentó la vicesecretaria general de la ONU para Asuntos Humanitarios, Valerie Amos, que acaba de visitar Siria. Amos culpó por igual a Gobierno y oposición de “ignorar las leyes humanitarias e internacionales”.

Sin embargo, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, que calificó la situación de “atroz”, puso la responsabilidad en el régimen de Bachar el Asad.

“Tiene que dejar de usar el hambre como arma y permitir el acceso de la población a los hospitales”, denunció tras hablar de la necesidad de una “acción colectiva” de la comunidad internacional para frenar la violencia. Sin embargo, no mencionó ninguna medida concreta.

Kerry dijo estar “trabajando duro para sentar a las dos partes a la mesa la próxima semana y buscar una solución política”, en referencia a la reunión convocada para Ginebra el próximo día 22. Pero las diferencias siguen siendo grandes. No sólo por el recelo de los opositores (muy divididos) a reunirse con el Gobierno, sino por la ausencia de Irán, el principal valedor de éste.

Mientras el representante iraní en la conferencia enumeraba las toneladas de combustible, comida y medicinas que Teherán ha facilitado al Gobierno sirio, su ministro de Exteriores, Javad Zarif, viajaba a Damasco para reunirse con El Asad y viajar desde allí a Moscú.

El país anfitrión con 500 millones de dólares, EEUU con 380 y Arabia Saudí con 250, encabezan las contribuciones. Le sigue la UE con 165 millones de euros (unos 224 millones de dólares), aunque los Veintiocho en su conjunto constituyen el primer donante, con un total de 753 millones de dólares prometidos. España anunció una contribución de 5,5 millones de euros para el primer semestre.

El año pasado, una cuarentena de países se comprometieron a desembolsar 1.540 millones de dólares durante la primera conferencia de donantes. La ONU sólo ha recibido el 70% de esos fondos, según su Servicio de Seguimiento Financiero. De acuerdo con el resumen hecho este miércoles por Valerie Amos, esa ayuda ha servido para asistir a 6,8 millones de personas dentro y fuera de Siria durante 2013.

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