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Alemania busca un acuerdo de no espionaje con Estados Unidos

La delegación enviada a Washington por la canciller Merkel permanecerá "semanas" en la capital estadounidense

El embajador de EE UU en Alemania, John Emerson.
El embajador de EE UU en Alemania, John Emerson. AFP

La delegación enviada a Washington por la canciller Angela Merkel para pedir explicaciones por el escándalo de espionaje de su teléfono móvil permanece en Estados Unidos tras reunirse con representantes de la Casa Blanca. El Gobierno estadounidense anunció nuevos encuentros con los alemanes para “los próximos días y semanas”. El tema central de las conversaciones será la posibilidad de un acuerdo de colaboración trasatlántica que descarte el espionaje de Alemania por parte de las agencias estadounidenses. Mientras el asesor de Merkel Christoph Heusgen y el coordinador de los servicios secretos alemanes Günter Heiss trataban el asunto con representantes del presidente de Estados Unidos Barack Obama, el diario The New York Times publicaba un extenso informe sobre el espionaje de líderes europeos. Las agencias tienen “un apetito voraz [de información] y una capacidad creciente de almacenar cantidades ingentes de datos”.

La revelación de que el teléfono de Merkel estaba siendo espiado por los estadounidenses pone a Berlín en un aprieto. Que Estados Unidos espía a lo grande es un secreto a voces desde hace mucho. Los espías europeos cuentan con la colaboración estadounidense en operaciones antiterroristas. Merkel se vio en un aprieto cuando supo que la prensa iba a revelar que su móvil era objeto del deseo de los fisgones enviados por Washington: hacerse la indiferente era imposible y habría resultado humillante. En cambio, indignarse la obligaría a exigir contrapartidas a Estados Unidos.

Tras indignarse, el Gobierno alemán busca ahora un acuerdo bilateral por escrito, que excluya explícitamente el espionaje del Gobierno, la administración y las embajadas por parte de los servicios secretos. En segundo término se habla de regular o restringir las actividades de vigilancia sobre los ciudadanos alemanes. Una preocupación de fondo es el espionaje industrial y financiero, que podría estar detrás de buena parte de las masivas medidas de vigilancia reveladas por los medios internacionales gracias a las filtraciones del exempleado de la NSA Edward Snowden. Estados Unidos mantiene la cautela ante Alemania, porque se teme que un acuerdo así con Alemania sentaría un fatigoso precedente para los demás aliados, que exigirían contratos similares.

De la parte estadounidense participaron en la reunión del miércoles la asesora de seguridad Susan Rice, el director de los servicios secretos James Clapper y el subdirector de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), acusada de espiar masivamente las comunicaciones internacionales a través de internet y los teléfonos móviles. No compareció, en cambio, el general Keith Alexander, director de la Agencia. Según la portavoz estadounidense Caitlin Hayden, los primeros contactos sirvieron para determinar cómo entablar un diálogo entre las dos partes. De momento, ninguno de los implicados ha anunciado ningún acuerdo concreto. El vocabulario usado por los portavoces estadounidenses tras la reunión resultó mucho más sobrio que prometedor.

El jueves se cumplió una semana desde que el Embajador estadounidense John Emerson fue convocado por el ministro de Exteriores alemán Guido Westerwelle. Poco después, el semanario Der Spiegel reveló que los espías de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) espían desde instalaciones en el interior de la Embajada berlinesa. Emerson desapareció del radar público en los días siguientes, pero ha comenzado una campaña para intentar lavar el nombre de su país y el de su representación diplomática en el centro de Berlín. Con un pin con los colores de su país y de Alemania, Emerson recibió el jueves en Berlín a un grupo de periodistas alemanes para asegurarles que su país toma muy en serio las preocupaciones de sus socios. “De vez en cuando”, les dijo, “entre amigos hay decepciones mutuas”. El diplomático hizo alarde de optimismo estadounidense: de esas crisis puede salir una amistad “reforzada”. Las negociaciones para crear una zona de libre comercio entre Estados Unidos y Europa no deben verse perjudicadas.

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