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México resta trascendencia al espionaje y evita el enfrentamiento con EE UU

El Gobierno de Peña Nieto se limita a emitir un comunicado al conocer la vigilancia a la que fue sometido el expresidente Calderón, una actitud muy distinta a la de la presidenta brasileña Dilma Rousseff

Enrique Peña Nieto, en Ciudad de Panamá.
Enrique Peña Nieto, en Ciudad de Panamá. EFE

Un nuevo escándalo de espionaje, esta vez el sufrido por el expresidente Felipe Calderón, le ha estallado esta semana al Gobierno mexicano, que ha vuelto a optar por un perfil bajo y ha eludido enfrentarse directamente a EE UU. El ejecutivo de Enrique Peña Nieto se limitó el domingo a emitir un comunicado a través de su cancillería para denunciar la vigilancia a la que sometió la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a funcionarios mexicanos, según reveló el semanario alemán Der Spiegel. Las críticas de analistas y senadores por la tibieza del Gobierno no se han hecho esperar. Ningún miembro del ejecutivo se refirió el lunes a este asunto, lo que demuestra el perfil bajo que está manteniendo el país latinoamericano en relación a la trama de espionaje.

México mantiene una actitud muy distinta a la de Brasil, cuya presidenta, Dilma Rousseff, llegó a cancelar un viaje oficial a Washington tras saberse vigilada por la NSA y aseguró que solo aceptaría explicaciones de Obama y por escrito. Peña Nieto tuvo la oportunidad de hablar de ello durante un discurso ante el presidente de Irlanda, de visita oficial en el país, aunque no lo hizo. La cancillería mexicana ni siquiera ha convocado al embajador de Estados Unidos, tal y como ha hecho Francia tras saber que también fue espiada. En diplomacia ese llamado se considera el grado más bajo de expresión de malestar.

La medida más concreta la promovió el lunes la Comisión de Relaciones Exteriores en el Senado, quien anunció que convocará a una reunión al embajador estadounidense, Anthony Wayne, y a su homólogo mexicano. Las críticas a la actitud conservadora ante EE UU de un Peña Nieto más audaz en otros terrenos, como el de las reformas, comenzaron por tanto por los propios legisladores. La senadora mexicana Laura Rojas (PAN, derecha) aboga por una actitud menos tibia, similar a la de Roussef. "Después de tantos meses EE UU no nos responde. De seguir en esa actitud habría que convocar al embajador para que tenga reuniones con el Gobierno y el Senado. Hay que saber la verdad", dijo a este periódico.

Felipe Calderón, ante el silencio institucional, mostró su indignación a media tarde a través de Twitter. "Más que personal, es un agravio a las instituciones del país, dado que se realizaron cuando ejercía el cargo de Presidente de la República", escribió en la red social. Antes había explicado que había hablado con el canciller Meade para que transmitiera a EE UU su protesta por el espionaje del que fue objeto.

Las reacciones de los funcionarios mexicanos se han desatado tras la última información publicada por el semanario alemán, donde se desvela que una de las divisiones de la NSA dedicada a misiones especialmente difíciles y denominada TAO (Tailored Access Operations) tenía entre sus tareas vigilar a México. En mayo de 2010, un informe calificado de “alto secreto” aseguraba, según la información de Edward Snowden, que TAO había llevado a cabo con éxito la llamada operación Flat Liquid y había accedido a la clave del servidor de la presidencia y “por primera vez a la cuenta pública del correo electrónico de Calderón”. El Gobierno mexicano emitió el domingo un comunicado a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en el que reiteraba su “categórica condena a la violación de la privacidad de las comunicaciones de instituciones y ciudadanos mexicanos”.

El analista Raymundo Riva Palacio de acuerdo a los resultados considera que la estrategia mexicana fue mejor que la brasileña. Mientras que a México se le entregaron notas diplomáticas y el jefe del CISEN -inteligencia- fue recibido en Washington, los brasileños tuvieron que elevar su tono hasta que fueron recibidos. En su opinión, quien ha sido puesto en evidencia es el expresidente Calderón. "Es la confirmación de que es imposible confiar en el gobierno de Estados Unidos y que la relación bilateral tiene que ser estrictamente a partir de la defensa de los intereses nacionales. El expresidente Calderón cambió la naturaleza histórica de esa relación con niveles de colaboración inéditos, que solo son proporcionales al nivel de penetración y espionaje inédito que hizo el gobierno con el que se casó incondicionalmente. Se puede argumentar que Washington se rió de él y que lo traicionaron", escribe.

Las primeras informaciones sobre el posible espionaje de EE UU a México se conocieron en julio. El diario brasileño O Globo publicó entonces un artículo firmado por Glenn Greenwald, el periodista de The Guardian que se reunió con Snowden, en el que se aseguraba que la NSA había recopilado datos de llamadas de teléfono y accesos a Internet en varios países de América Latina, entre ellos Colombia, Perú, México y Venezuela. En aquella ocasión, el presidente Peña Nieto dijo que había puesto en marcha los mecanismos diplomáticos para pedir a EE UU “una información amplia” al respecto y aseguró que el posible espionaje sería “totalmente inaceptable”.

Para el senador de izquierdas (PRD) Armando Ríos Píter su país debe de abandonar esa ambigüedad que le lleva a criticar al ejecutivo de Obama aunque con la boca demasiado pequeña. Su idea es que el embajador estadounidense en México declare en el Senado y ofrezca explicaciones convincentes. "Han violado nuestra soberanía. Lo ideal sería que dieran explicaciones. Debemos escuchar al embajador en una comparecencia. Es un asunto muy grave", ahondó.

"No es forma de tratar a los amigos", interviene la senadora priista Marcela Guerra. A su juicio, la imagen de EE UU está quedando en entredicho en este asunto, no solo la de México por su actitud pusilánime. El silencio no ayuda. "Siempre hemos tenido una relación de vecinos, de socios. Por el buen entendimiento de las dos naciones es necesario que esto se aclare", añade la también presidenta de la comisión de relaciones exteriores con América del Norte.

En septiembre, nuevas revelaciones de Snowden aseguraban que la NSA había hecho un seguimiento al actual presidente, Enrique Peña Nieto, en la época en la que aún era candidato. El espionaje continuó después de que ganara las elecciones presidenciales de 2012 y permitió a la NSA conocer los nombres de algunos de los componentes del Ejecutivo antes de que fueran anunciados oficialmente. Esa injerencia y la falta de respuesta por parte de EE UU tiene en guardia al Senado mexicano, convencido de que el Gobierno de su país tiene que abandonar el bajo perfil.

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