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ANÁLISIS

Rebelión o resignación

Hollande, Rajoy y Letta carecen tanto de la voluntad como de la fortaleza política para sumarse

a rebelión alguna

 

Rebelión. Esa es la propuesta de Alexis Tsipras, líder de la oposición griega, formulada este miércoles en las páginas de este diario (La alianza del sur). Con una caída del PIB del 20%, una tasa de paro del 27% y un insostenible endeudamiento público del 175% del PIB, es bastante fácil entender su línea de razonamiento. Para el líder de la coalición de izquierdas Syriza, que obtuvo el 16% de los votos en las elecciones celebradas ahora hace un año, la catástrofe económica y social que han supuesto las políticas de austeridad aplicadas en Grecia por la Troika no deja otra opción.

¿Quiénes más formarían parte de esa hipotética alianza? Sin duda que el movimiento 5 estrellas de Beppo Grillo, que obtuvo el 25.5% de los votos en las recientes elecciones italianas. No tendría mucho sentido incluir en esa alianza al centro-derecha italiano, que obtuvo el 30%, pues aunque Berlusconi explotó a conciencia el tema durante las elecciones, las acciones posteriores de sus partidos, entrando en el gobierno de Enrico Letta, confirman que se trató una estratagema electoral.

En España, esa llamada a la rebelión contaría casi con toda seguridad con un porcentaje cercano a la intención de voto de Izquierda Unida en la última encuesta de Metroscopia para este diario (15.9%, 48 diputados), pero que podría superar esa cifra si incluyera otras fuerzas políticas de izquierda o llegara a completar el 30% de encuestados que en España nos dicen las encuestas del Eurobarómetro que serían partidarios de abandonar el euro. Cierto que el PSOE, por boca de Rubalcaba, ha calificado la “austeridad” de suicida, pero viendo su reciente historial de gobierno, resulta difícil de anticipar hasta dónde llevaría una hipotética rebelión.

Hoy por hoy, la alianza del sur es más bien la alianza de la resignación que de la rebelión

Más difícil resulta estimar el peso de los partidarios de la rebelión en Francia. Sin duda que el Frente de Izquierdas liderado por Jean-Luc Mélenchon, que obtuvo el 11% de los votos en las presidenciales de mayo-junio de 2013, estaría en ese bloque. Pero como sabemos, el Partido Socialista francés está dividido tanto en torno a los temas europeos como en cuestiones básicas de política económica, lo que permite suponer que una parte sustancial de su electorado y militancia simpatizaría con la propuesta de Tsipras. Aunque su ministro de economía y hacienda, Pierre Moscovici, ha advertido que el enfrentamiento con Alemania sería un suicidio político y económico para Francia, su ministro de industria, Arnaud Mountebourg, ha pedido recientemente “pasar a la acción” contra Berlín y el BCE. La polémica provocada recientemente por el documento interno del PSF en el que se acusaba a Alemania de practicar una “intransigencia egoísta” y llamaba a la confrontación con Berlín, ha dejado en evidencia que Hollande no las tiene todas consigo dentro de su partido.

No parece pues que esa coalición del sur tenga muchas posibilidades de llegar al poder y organizar la rebelión. Sus opciones pasan más bien por influir a aquellos que están actualmente en el poder, especialmente si son de centro-izquierda, teóricamente más sensibles, ideológica o electoralmente, a sus postulados. Sin embargo, hoy por hoy, la correlación de fuerzas que tenemos en el sur de Europa es más proclive a la resignación que a la rebelión.

Comenzando por Italia, es evidente que el gobierno de Enrico Letta, que en cualquier momento puede ser desenchufado por Berlusconi, no está en condiciones ni de liderar ni de sumar fuerzas. Por su parte, en Francia, tenemos a Hollande, un socialdemócrata tan pragmático como profundamente europeísta y acérrimo defensor de la relación espacial con Berlín que tantos y tan buenos resultados ha dado a su país. La Francia de Hollande amagará, hará ruido y protestará, pero sus ganas de sentarse a la mesa de negociación y pactar con Berlín son tan visibles que a la mínima de cambio dejará atrás el conflicto y buscará el consenso.

Algo parecido le pasa a la España de Rajoy, profundamente disgustada en privado con Alemania, pero que jamás exteriorizará esas diferencias ante la opinión pública, ni española, ni Alemana. En lo esencial, es decir, en lo relativo a la austeridad fiscal y las reformas estructurales de los mercados de trabajo o los sistemas de pensiones, Rajoy sigue estando más de acuerdo con Merkel que con Hollande. En la medida que hay diferencias entre España y Alemania, esta son de otro orden pues se refieren a la necesidad de conceder a la UE de instrumentos más eficaces para paliar los efectos más adversos de la crisis, pero no hay un cuestionamiento del modelo económico que nos ha traído aquí ni de las estrategias de salida. Se mire como se mire, Hollande, Rajoy y Letta carecen tanto de la voluntad como de la fortaleza política para sumarse a rebelión alguna. Hoy por hoy, la alianza del sur es más bien la alianza de la resignación que de la rebelión.

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