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Un partido xenófobo tiene la llave para formar gobierno en Bulgaria

El grupo ultranacionalista Ataka es clave tras conseguir el 7% de los votos

Un hombre camina junto a carteles electorales de Ataka en Sofía, el 7 de mayo.
Un hombre camina junto a carteles electorales de Ataka en Sofía, el 7 de mayo. AFP

Lejos de proporcionar algún tipo de estabilidad, las elecciones anticipadas del domingo en Bulgaria han enmarañado más aún la tumultuosa política del país. Con unos resultados que hacen muy difícil alcanzar pactos de Gobierno, el único beneficiado es Ataka, un partido ultranacionalista, xenófobo, beligerante con la minoría turca del país y racista con los gitanos. A principios de año, su popularidad en las encuestas era de entre el 1% y el 2%. Ahora ha logrado el 7% de los votos y entrará en el Parlamento. Es más, en sus manos está la gobernabilidad del país más pobre de la UE.

Las denuncias de fraude y compra de votos envolvieron la jornada electoral. La participación fue la más baja (53%) en unas parlamentarias, en una muestra más de la desconexión de los ciudadanos con los políticos.

Los búlgaros salieron a la calle en febrero a manifestarse contra la corrupción, contra los políticos, contra la miseria. Miles de personas pedían un cambio, pero la campaña estuvo más centrada en un escándalo de escuchas, en el que se rebozaban los partidos mayoritarios, que en ideas.

En ese panorama, Ataka revivió. Su líder, el antiguo periodista Volen Siderov, se las arregló para captar los principales mensajes de las protestas y apropiarse de ellos. Empezó a hablar de nacionalizar las empresas eléctricas —el detonante de las manifestaciones fue una subida de la luz, con muchas familias incapaces de pagar la calefacción— y de acabar con los monopolios, “ante el silencio del resto de los políticos” explica el analista Alexander Stoyanov, del Centro de Estudios para la Democracia en Sofía, quien señala cómo el partido mezcla sin despeinarse ideas económicas de la extrema izquierda con los prejuicios de la extrema derecha.

El líder de Ataka está convencido de que “Bulgaria necesita liberarse de la esclavitud colonial”, como dice en un programa de cinco puntos en la página web del partido, y clama contra la inversión extranjera en Bulgaria. En la misma web, Siderov habla así del expresidente venezolano Hugo Chávez tras su muerte: “Su forma de gobernar es un ejemplo para Bulgaria. Esto es lo que debemos hacer para elevar el nivel de vida”. También llama “traidores” al resto de políticos y al presidente, “un esclavo de los intereses extranjeros”. Aparte de los mensajes antisistema, y del acentuado populismo —en su programa promete equiparar los salarios a “estándares europeos”, cuando el sueldo medio son 400 euros— , propone bulgarizarlo todo —se opone a que la minoría turca hable otro idioma distinto del búlgaro— y es beligerante hacia los gitanos. “Los retratan como delincuentes. Ataka se opone a que los gitanos reciban subsidios para viviendas o para que los niños vayan al colegio. Sostiene que son unos privilegiados y que hay que destruir los guetos”, explica el analista Daniel Smilov.

El antisemitismo también se cuela en su retórica. Después de que el Parlamento rechazara en marzo crear un día para recordar a los búlgaros que murieron durante la ocupación otomana, Siderov bramó: “Y sin embargo, hay declaración tras declaración sobre el llamado Holocausto. Para los diputados que no son de Ataka, los judíos son más importantes que los búlgaros”.

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