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Ver especial Elecciones Generales Italia 2013

Millones de fantasmas en la economía

Monti logró reducir el déficit un 25%; el centroizquierda busca emularle con acento más social

Trabajadores remueven listas electorales de un colegio electoral en Roma (Italia).
Trabajadores remueven listas electorales de un colegio electoral en Roma (Italia). AFP

El Gobierno cesante del professore Monti atesora un enorme álbum de fotografías. Contiene las imágenes de “dos millones de inmuebles fantasma que no figuran en el catastro”, confesó el ministro de Economía, Vittorio Grilli.

Son el símbolo de ese iceberg económico que no consta en las estadísticas ni paga impuestos. Esa economía sommersa que apenas ha empezado a recular en estos 15 meses merced a las limitaciones impuestas a los pagos en efectivo, y que supone más de un 20% de la total.

En la economía aflorada, otros fantasmas recorren Italia. El más grave es la caída del dinamismo, que ha provocado un largo estancamiento. Entre 2000 y 2009 el PIB solo creció a una media del 0,5%, a un tercio del ritmo de la eurozona (1,4%) y de la UE a 27 (1,4%), mientras España lo hacía a un vertiginoso 2,6%, aunque sobre bases poco sanas. Y con el estancamiento cayó la prosperidad medida en renta per cápita, que pasó del 118% sobre la media europea en 2000 a igualarla en 2011, mientras Francia descendía más ligeramente (del 115% al 108%) y España subía y bajaba para, al cabo, mejorar (del 97% al 98%, todo en cifras Eurostat).

De modo que en términos de tamaño del pastel y de trozo del pastel para cada habitante, la República transalpina ha desaprovechado completamente el primer decenio de circulación del euro.

El desequilibrio más peligroso es el aumento de la deuda, que ha pasado del 108,5% sobre el PIB en 2000 al 120,7% en 2011, a menor velocidad que la media (la UE aumentó del 61,9% al 82,5%), pero cristalizando el mayor volumen de endeudamiento, salvo Grecia. Superó los dos billones de euros en octubre y cerró 2012 en 1,988 billones, el 126% del PIB.

Eso supone dos veces largas más que los 882.339 millones de España (el 83,5% de su PIB), que ya es inquietante. Se considera que si la deuda pública cruza la frontera del 90% se cronifica, se hace dificilísima su reducción. Aunque en Italia rige el atenuante de que buena parte de ella está en manos nacionales —como en Japón—, lo que ahuyenta las tormentas internacionales. Pero al final, financiar la deuda cuesta al año 75.000 millones: ¡casi el 5% del PIB! A España le costará este año en torno al 3,5%.

Para conjurar el estancamiento y el exceso de deuda, el centroizquierda planea continuar la política de austeridad moderada de Mario Monti, con más acentos sociales. Y negociar con la UE un ritmo más pausado de reducción del déficit.

La derecha de Berlusconi se lo pondrá difícil. Propugna cancelar impuestos —sobre la primera vivienda— y abrogar otras reformas que liberalizaron parcialmente una economía encorsetada y un Estado rígido. Casi secuestrado por corporaciones y grupos, sean de parlamentarios o de taxistas.

Los 15 meses del Gobierno de Monti, apoyado sobre todo por el centroizquierda, han arrojado resultados. Sus dos paquetes de ahorro, de 30.000 millones en diciembre de 2011 y de 26.000 en julio registran un logro clave, que ahora —vae victis— muchos minusvalorarán: reducir el déficit del 3,9% del PIB en 2011 al 2,9% en 2012 (a un notable ritmo de descenso del 25%) y registrar un inédito superávit primario (el saldo entre ingresos y gastos, sin contar los intereses de la deuda) del 2,6% del PIB. Pero se ha logrado con medidas discutibles, una reforma laboral precipitada o unos recortes poco equitativos en sanidad, como el cierre de ida y vuelta de 216 pequeñas clínicas. Y con otras que han quedado a medio camino, como la reforma de la Administración, que pretendía reducirla en 190.000 efectivos hasta 2014, o la de las pensiones.

Amenazada por la crisis de la deuda soberana, la economía italiana sigue aquejada de una Administración sobredimensionada (3,3 millones de funcionarios) y tecnológicamente paupérrima; de una banca obsoleta y autárquica; de un desequilibrio territorial muy superior al español, pues el Mezzogiorno no ha acortado distancias con el Norte, como ha ocurrido con Andalucía, pese a que aquel gozó de más años de apoyo europeo...

A cambio, Italia exhibe un endeudamiento privado modesto (el 60% del español); una capacidad exportadora notable, creciente hacia los mercados extraeuropeos; un sector empresarial imaginativo, aunque sin el empuje y glamour de los condottieri que lo revolucionaron en los ochenta y los noventa...

¿Y la política? En un tiempo lejano, se abstraía de la realidad, pero no perjudicaba a la economía. En los últimos 15 años, salvo efímeras primaveras, ha logrado quebrantarla. ¿Y ahora? Veremos.