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EE UU celebra Acción de Gracias bajo la amenaza del “abismo fiscal”

El país entra en un fin de semana largo de festividades con el Congreso en receso excepto para los legisladores a cargo de los ámbitos financieros

Capitolio EEUU.
Capitolio EEUU. Bloomberg

Estados Unidos celebra su único fin de semana largo de todo el año, esos cuatro días en que millones de personas viajan para estar junto a sus familias o amigos y compartir un pavo en la festividad de Acción de Gracias, la fiesta grande de los estadounidenses, una celebración secular con sus raíces en el siglo XVII en agradecimento a las buenas cosechas.

Excepto en lo que atañe a las compras, que tienen su máxima expresión de público y ventas en el llamado black friday que sucede al día siguiente de Thanksgiving, el país entra en una calma inexistente en otras fiestas o celebraciones, ni navidad ni Hannukah ni verano… Todo se ralentiza o incluso se para en Thanksgiving. El Congreso entra en receso y sus miembros viajan hasta sus Estados de origen para estar cerca de los suyos. Excepto que este año, un grupo de congresistas comerá el pavo en Washigton en una lucha contrarreloj para evitar el llamado abismo fiscal, ese temido momento de subida de impuestos y recorte de programas federales en el que se entrará a partir del 31 de diciembre si no se alcanza un acuerdo bipartidista para evitarlo.

Los líderes del Congreso se reunieron la semana pasada con el presidente Barack Obama y se comprometieron a evitar el descalabro que supondría para la economía norteamericana la falta de acuerdo para extender por más tiempo el recorte de impuestos dictado por George W. Bush y que fue prorrogado por Obama –y que este quiere ahora que se mantenga excepto para las rentas más altas, aquellas superiores a los 250.000 dólares anuales-. Desde entonces mantienen encuentros, esbozan acuerdos, estudian datos y suman peticiones para frenar la posible recesión en la que entraría el país si no se evita la caída en picado en el abismo fiscal.

El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, pidió ayer a los líderes del Congreso que alcancen un acuerdo. “Seguir postergando estas difíciles decisiones solamente prolongará e intensificará las incertidumbres”, dijo el máximo responsable del banco central estadounidense. Bernake reclamó al Congreso y a la Administración Obama que protejan “a la economía del choque del severo ajuste que implica el abismo fiscal”.

“Unirnos para encontrar soluciones fiscales no será fácil, pero es mucho lo que está en juego”, dijo Bernarke, resaltando que la incertidumbre ya está afectando al gasto privado y a la inversión.

los primeros contactos han dejado a ambas partes pesimistas sobre la posibilidad de llegar a un pacto.

Sin embargo, y según informa hoy Politico, los primeros contactos han dejado a ambas partes pesimistas sobre la posibilidad de llegar a un pacto. Los demócratas consideran que los republicanos no hablan en serio cuando dicen que están diseñando un borrador que pueda ser aceptado por Obama, lo que supone un jarro de agua fría al optimismo creado tras la reunión del pasado viernes en el Despacho Oval. Desde entonces, el portavoz de la Cámara, John Boehner; la líder de la minoría en la misma, Nancy Pelosi; el líder de la mayoría en el senado, el demócrata Harry Reid; y el de la minoría republicana, Mitch McConnell, no han vuelto a reunirse en bloque.

Entre el lunes y el martes han mantenido encuentros los equipos de trabajo de cada líder pero debido a la naturaleza sensible de las conversaciones nadie ha querido hablar a los micrófonos de la prensa. A las informaciones  de que había decepción y pesimismo para lograr un acuerdo a tiempo, el portavoz de Boehner, Michael Steeel, dijo que no pensaba entrar en “comentar rumores como ese”.

Obama ya se encuentra en Washington, recién aterrizado esta mañana de su viaje asiático de tres días. Pero hasta la semana que viene no realizará ninguna llamada telefónica para que los líderes del Congreso regresen a la Casa Blanca para seguir hablando.

La situación actual viene heredada del enfrentamiento que sufrió la Casa Blanca y la Cámara de Representantes en agosto del año 2011, cuando el déficit amenazó con bloquear el funcionamiento del país. Entonces se llegó a un pacto que lo que hizo básicamente fue aplazar un acuerdo definitivo sobre los impuestos y el presupuesto de programas federales hasta después de las elecciones esperando que los comicios fueran un refrendo para las políticas demócratas –subida de impuestos a los más ricos- si era reelegido Obama o las republicanas si llegaba a la Casa Blanca el candidato conservador.

Si las negociaciones se estancan y no se logra una solución para navidades -lo que recomendó Pelosi-, habrá quedado claro que la retórica conciliadora de los líderes la semana pasada no era más que eso: retórica.