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Portugal presenta los presupuestos más restrictivos de su historia

La subida de impuestos es tal que el trabajador portugués deberá pagar, en total, el equivalente a una mensualidad extra de su salario

Un grupo de manifestantes contra la austeridad protesta en Lisboa este sábado.
Un grupo de manifestantes contra la austeridad protesta en Lisboa este sábado. AP

El mismo ministro de Finanzas portugués, en una declaración ciertamente sorprendente, ya avisó hace unos días asegurando que el aumento de impuesto iba a ser “enorme”. Y lo es. El Gobierno portugués del conservador Pedro Passos Coelho presenta este lunes a la Asamblea de la República el presupuesto para el año que viene, el que será (por ahora, temen los pesimistas) el más restrictivo de la reciente historia de Portugal. Incluye una brutal alza del IRS (Impuesto de la Renta portugués) que afecta sobre todo a la cada vez más sufriente clase media, una terminante eliminación de subsidios y de exenciones y una notable creación de tasas, sobretasas y ultratasas a todo lo largo del mapa tributario. Todo, encaminado a cumplir con el déficit pactado con la troika, el 4,5% a finales de 2013. Passos Coelho, forzado a retirar hace un par de semanas la polémica rebaja general de sueldos tras una multitudinaria manifestación de protesta, cambia de modalidad, pero sigue aplicando la misma receta que lleva aplicando desde que llegó al poder en junio de 2011: austeridad, recorte y ahorro.

Del presupuesto no se escapa nadie. Muchos de los que no pagaban hasta ahora van a pagar y los que ya pagaban van a pagar más y algunos bastante más. Un tipo soltero que gana 20.000 euros al año y que pagaba al año 2.780 deberá pagar el año que viene 1.145 más, según las cuentas del Diário de Notícias, basándose en la versión preliminar del documento, filtrada a la prensa el viernes. Si nuestro hombre gana 40.000 euros, en 2013 pagará 2.182 euros más. Un matrimonio con dos hijos que ingrese estos mismos 40.000 euros pagará 1.972 euros más que el año pasado. Hay más: el mismo tipo soltero de nuestra historia, si ingresaba 10.000 euros, quedaba exento…hasta ahora. En 2013 pagará 75 euros. En resumen: el asalariado portugués pagará al Estado, a través de este impuesto, más o menos lo mismo que iba a pagar con la polémica rebaja general de sueldos: el montante de una mensualidad.

No solo se modifican los escalones del impuesto, reduciéndolos, en una táctica para recaudar más. También se eliminan bonificaciones y rebajas en una amplia operación de recorte. Un ejemplo chusco: El citado Diário de Notícias titulaba el viernes (con ironía y con amargura) “Ni los funerales escapan”, aludiendo a la eliminación parcial de un subsidio que cobraba la familia por la muerte de un empleado público.

También los que cobran el subsidio de desempleo o de minusvalía deberán pagar el 6% y el 5%, respectivamente. Y sube, entre otras cosas, el tabaco. Un paquete de cigarrillos que cueste 3,5 euros va a costar 5 a partir del año que viene, según denuncia la Asociación Nacional de Mayoristas del Tabaco.

Las críticas no han tardado. Y no solo desde la orilla opuesta al partido de Passos Coelho. El economista, exministro de Finanzas y miembro del Consejo de Estado, Bagão Félix, del PSD, el mismo partido del primer ministro, manifestó el viernes que esta subida es una suerte de “napalm fiscal, que va a arrasar con todo, completamente devastador”. Y añadió: “La idea que se da al país es que no vale la pena invertir en el futuro”.

Mientras, la protesta callejera amenaza con arreciar. El sábado, miles de personas se concentraron frente a la Asamblea de la República convocadas por el sindicato CGTP en la jornada final de una denominada Marcha contra el Desempleo, en la que participaron muchos de los que componen el batallón actual de personas sin trabajo en Portugal, que ya alcanza un porcentaje cercano al 16%. En otra parte de la ciudad, un grupo de artistas convocó también una manifestación para protestar contra los recortes de cultura. Y este pulso callejero no se va a quedar aquí. La CGTP, que ya ha convocado una huelga general para el 14 de noviembre, ha organizado otra jornada de queja el 31 de octubre, fecha en que se vota el presupuesto.

El Gobierno de Passos Coelho —y su partido— acorralados entre la presión callejera y las directrices de la troika, se resienten de esta aparentemente interminable política de recortes. Su desgaste es continuo y creciente. En un sondeo publicado el pasado sábado por el semanario Expresso el PSD, la formación conservadora del primer ministro, perdía casi tres puntos, y Passos Coelho, está ahora considerado, a distancia de los restantes líderes políticos, como el dirigente menos valorado de Portugal.