Berlusconi renuncia a presentarse a las próximas elecciones generales

El ex primer ministro anuncia su retirada supuestamente definitiva Se muestra dispuesto a apoyar a Monti para que siga al frente del Gobierno

Berlusconi, el pasado noviembre en el Palacio Chigi.
Berlusconi, el pasado noviembre en el Palacio Chigi.TONY GENTILE (REUTERS)

Después de varios meses mareando la perdiz, Silvio Berlusconi ha decidido por fin no presentarse a las elecciones generales que se celebrarán en Italia la próxima primavera. Dada su afición a decir digo donde dijo Diego, el que fuera tres veces primer ministro (1994-1995, 2001-2006 y 2008-2011) ha tenido que insistir en que su adiós va en serio, que esta vez no hay “truco ni marcha atrás”. El líder del Pueblo de la Libertad (PDL) justifica su decisión en la necesidad de “unir a los moderados del centroderecha” y no excluye apoyar al actual primer ministro, Mario Monti, para que siga al frente del Gobierno de Italia arropado por una gran mayoría.

Ahora se abren dos opciones. Dar por ciertos los motivos del adiós esgrimidos por Berlusconi, o valorar otras posibilidades. Según ha dicho el magnate en el programa televisivo Mattino Cinque, su decisión es “absolutamente coherente” con su recorrido político. Esto es: “Entré en política en 1994, dejando mi profesión de empresario y me puse al servicio del país porque entonces, como ahora, existía la hipótesis de que Italia cayese en manos de una izquierda poscomunista y decidí así englobar a todos los moderados”. Hay un ligero error en esa declaración. Berlusconi no dejó su “profesión de empresario”, sino todo lo contrario.

La política resultó ser un complemento muy nutritivo para su cuenta de resultados, que se calcula en 9.000 millones de euros. Utilizó el Parlamento como una sastrería de lujo para confeccionar leyes a la medida de sus empresas de comunicación. Su paso atrás se produce después de una larga meditación sobre su situación electoral. Después de que su partido, el PDL, se haya venido abajo sepultado por mil casos de corrupción, Berlusconi ha optado por salvarse de la quema, hacerse a un lado e intentar vender su decisión como un acto patriótico. Este sería, pues, el verdadero motivo del adiós de Berlusconi. Sus posibilidades de éxito como candidato a un cuarto mandato —enfrentándose a los centristas que apoyan a Monti, a la izquierda y a las listas ciudadanas— son prácticamente nulas.

Hay todavía otra interrogante. Además de evitar el ridículo electoral, ¿qué otra cosa gana Berlusconi retirándose? Después de tantos años expuestos a su poder y sus circunstancias, en Italia se da por sentado que Berlusconi no da gratis ni la hora. ¿Qué pretende ahora? Los periódicos italianos no descartan que, a sus 76 años recién cumplidos, esté intentando obtener “un salvoconducto”, una especie de pacto en lo oscurito —en eso es un genio— para que los casos judiciales que lo circundan no terminen por llevarlo a prisión. No solo está todavía pendiente la sentencia del caso Ruby —inducción a la prostitución de menores—, sino que algunos de sus amigos más cercanos y queridos como Marcello Dell’Utri continúan bajo investigación por actuar de puente entre Berlusconi y la Mafia.

De ahí que su adiós no se antoje definitivo. Il Cavaliere necesita permanecer vigilante, moviendo los hilos de un partido que construyó a su imagen y semejanza. Basta fijarse en el perfil político de su supuesto delfín, Angelino Alfano, de 41 años, a quien Berlusconi colocó hace un año de secretario general, haciéndole creer a continuación que sería el próximo candidato del PDL a primer ministro. Alfano, abogado de formación y ministro de Justicia entre 2008 y 2011, se creyó el encargo y actuó como tal. Luego Berlusconi cambió de opinión, lo echó a un lado y se puso de nuevo él.

Aunque dicen que derramó unas lágrimas en la intimidad, Alfano aceptó sumisamente los designios del jefe y volvió a ocupar el segundo lugar. Hasta que, ahora, Berlusconi anuncia de nuevo su adiós. Pero, en vez de recuperar a Alfano, pretende que sea el líder del centro, Pier Ferdinando Casini, quien lidere una “unión de los moderados” que gane a la izquierda y entregue después el poder a Monti. Alfano ha quedado reducido a un mensajero del capo, un ejecutor de sus designios, un empleado.

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Durante los últimos 20 años, Berlusconi —por las buenas o por las malas— ha segado cualquier posibilidad de que Italia tenga un centroderecha moderno y sensato. Ahora, en su agonía política, busca moderados.

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