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La ofensiva de los talibanes complica los planes de retirada de la OTAN

Australia sacará sus tropas de Afganistán en 2013, un año antes de lo previsto

Miembros de las fuerzas de seguridad de Afganistán patrullan por las calles de Kabul tras los atentados del martes 17 de abril de 2012.
Miembros de las fuerzas de seguridad de Afganistán patrullan por las calles de Kabul tras los atentados del martes 17 de abril de 2012. EFE

Los atentados lanzados por los talibanes en el corazón de Kabul y otras ciudades afganas el pasado domingo han reavivado el debate sobre las condiciones de la retirada de Afganistán de las tropas occidentales. Mientras la OTAN y Washington insisten en la creciente preparación de las fuerzas afganas, algunos analistas se preguntan si serán capaces de mantener la frágil unidad del país. Los ministros de Exteriores y Defensa de la OTAN se reunirán el miércoles y el jueves en Bruselas para preparar la estrategia de salida que los jefes de Estado y de Gobierno ratificarán en la cumbre de Chicago de mayo. Australia, que no es miembro de la Alianza, anunció ayer que repatriará a sus soldados en 2013, un año antes de lo previsto.

Para el analista afgano Jalil Nouri, lo ocurrido el domingo significa que “los esfuerzos de paz que el presidente Hamid Karzai realiza con los talibanes y apoyado por Occidente no están funcionando”. En su opinión, esos insurgentes “no tienen intención de aceptar ninguna clase de acuerdo compatible con el sistema político afgano”.

El propio Karzai afirmó ayer durante un discurso que sus ataques “prolongan la presencia extranjera” y no hacen nada para ayudar a Afganistán. No obstante, ante la proximidad del repliegue de las fuerzas multinacionales y su creciente pérdida de apoyos entre los afganos, el presidente insistió en referirse a los talibanes como “hermanos” en un intento desesperado por mantener los canales abiertos.

El pasado marzo, ese grupo, al que la intervención norteamericana desalojó del poder en 2001 tras los atentados del 11-S por dar cobijo a Al Qaeda, suspendió las conversaciones de paz con EEUU y el plan para abrir una oficina en Qatar, al no aceptar Washington la puesta en libertad de varios detenidos en Guantánamo.

En un artículo publicado en examiner.com, Nouri, que es miembro del Grupo de Estudio sobre Afganistán, señala no obstante que “la verdadera cuestión es si el frágil imperio que Karzai ha levantado permanecerá unido cuando las tropas internacionales dejen Afganistán en 2014, o si será barrido por las peligrosas fracturas políticas que han abierto sus esfuerzos de negociar la paz con los talibanes”.

Con un optimismo que contrasta con las noticias que llegan desde allí, los altos responsables de la OTAN subrayan que el número de ataques de los insurgentes se reduce cada mes y que la seguridad está mejorando a medida que el Ejército afgano adquiere más responsabilidades.

“Sus progresos son impresionantes”, afirmó una portavoz de la OTAN tras la última acción de los talibanes, que durante 18 horas asediaron el Parlamento, varias embajadas occidentales y la sede de la ISAF en Kabul, y que concluyó con 35 insurgentes, 11 soldados afganos y 4 civiles muertos.

Sin embargo, las alabanzas de los responsables militares occidentales no ocultan su preocupación por los avances insurgentes. De ahí que EE UU esté trabajando en un “acuerdo de colaboración estratégica” con Afganistán que incluye planes para seguir formando y financiando a la policía y el Ejército afgano después de la retirada de las fuerzas internacionales (unos 130.000 soldados de los que 90.000 son estadounidenses). En su discurso de ayer, Karzai insistió en la necesidad de que ese acuerdo especifique cuánto dinero va a facilitar EE UU a Afganistán.

Fuentes estadounidenses han estimado ese coste en 4.100 millones de dólares (unos 3.100 millones de euros) anuales. El presidente afgano quiere un compromiso escrito por al menos la mitad de ese importe. Sus palabras sugieren que teme que EE UU no cumpla sus promesas una vez que ya no tenga soldados sobre el terreno. De hecho, Washington y el resto de la comunidad internacional ya han reducido su ayuda al desarrollo.

Además, tras la retirada de las tropas de Canadá y Noruega en 2011, también han adelantado su salida a 2013 Francia, Alemania y Reino Unido. El último en hacerlo ha sido Australia, con tropas desplegadas en la provincia de Uruzgan cuyo paso a control afgano anunciará Karzai en Chicago. Allí se espera también que se fije cómo va a repartirse la financiación de las fuerzas afganas.

EE UU, que hasta ahora asumía la práctica totalidad de ese presupuesto, seguirá cargando con gran parte del gasto, pero según fuentes diplomáticas citadas por la agencia Efe desde Bruselas, ya ha empezado a pedir contribuciones al resto de sus aliados. A España, que tiene un millar de soldados en el oeste de Afganistán, le correspondería poner 30 millones de dólares.