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La división de la oposición dificulta su reconocimiento

El Consejo Nacional Sirio, que agrupa al 80% de la disidencia en el exilio, quiere ser como el Consejo Nacional de Transición libio: el interlocutor de la comunidad internacional

El Consejo Nacional Sirio (CNS), que agrupa al grueso de la oposición, quiere ser como el Consejo Nacional de Transición de Libia, que 45 días después del estallido de la insurrección en Bengasi logró los primeros reconocimientos de la comunidad internacional que daba la espalda al régimen de Muamar el Gadafi.

A principios de diciembre, Burhan Ghaliun, de 66 años, profesor de sociología en La Sorbona y presidente del CNS, que aglutina al 80% de la oposición en el exilio al régimen sirio, pidió a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en Ginebra que le reconociese como “representante legítimo del pueblo sirio”.

Clinton subrayó sus méritos desde agosto —el mes en que fue fundado el CNS—, pero le pidió que siguiese trabajando para unificar a la oposición y “conseguir así la legitimidad requerida”, según el acta de la entrevista desvelada por el diario parisino Le Figaro. Las potencias europeas comparten esta posición.

Tres semanas después de aquella entrevista en Ginebra, el 30 de diciembre, fracasó en El Cairo el proceso de unificación de la oposición auspiciado por la Liga Árabe, con Catar a la cabeza.

La unificación de la disidencia que auspiciaba Catar fracasó en diciembre en El Cairo

El CNS y su rival, el Comité Nacional de Coordinación para el Cambio, cuyo portavoz en el extranjero es Haytham Mana, médico de 60 años, también exiliado en París, no lograron ponerse de acuerdo sobre la elaboración de una hoja de ruta para la transición siria.

Del CNS forman parte desde los Hermanos Musulmanes hasta los laicos, como el propio Ghaliun, pasando por los kurdos. Reacio al empleo de la fuerza, tiene un enfoque más drástico de la transición que el Comité. Más homogéneo, porque solo cuenta en sus filas con nacionalistas árabes, el Comité apuesta por colaborar con Rusia y China para organizar la transición siria, algo inaceptable para Ghaliun. El líder del Comité, Hassan Abdel Azikm, vive vigilado en Damasco, pero su portavoz, Mana, está en Pekín y de ahí viajará a Moscú.

Un tercer grupo aún más pequeño, el Movimiento para la Construcción del Estado Sirio, tiene también un enfoque conciliador de la transición. Desde Damasco lo dirige Luay Hussein, de confesión alauí, la misma que la familia del presidente Bachar el Asad y los responsables de los servicios de seguridad y las unidades de élite del Ejército regular sirio.

La rebelión dentro del país corre, sin embargo, a cargo de comités locales, que se coordinan a través de teléfonos vía satélite.Tienen escasa relación con el exilio, incluido el CNS, su órgano representativo. Ansían una intervención extranjera para protegerles.

A los comités locales se ha añadido, desde el otoño, el Ejército Libre de Siria (ELS), compuesto por desertores que declaran proteger a los civiles atacados por las fuerzas de élite del régimen.

Durante meses el ELS, cuya dirección está en el este de Turquía, mantuvo una relación difícil con Ghaliun y su CNS. Este no veía con buenos ojos la utilización de la fuerza, aunque sea en legítima defensa, y soñó, probablemente, con colocar a los desertores bajo su tutela política.

CNS y ELS firmaron ayer, sin embargo, un primer comunicado conjunto para pedir a los hombres de negocios sirios que aporten fondos a la lucha armada. La iniciativa común demuestra que ahora se llevan bien. Desde principios de semana el ELS ya no ostenta el monopolio de la resistencia armada. Para fraccionar aún más el mosaico de la oposición, un general desertor, Mustafá al Cheij, anunció en la televisión Al Yazira la creación de Consejo Militar Revolucionario, que competirá con el ESL.

Pese a la segmentación de la oposición, el CNS confía en ser poco a poco reconocido como la nueva autoridad siria. Ahmed Ramadán, miembro de su comité ejecutivo, dio ayer por descontando que “en breve varios países árabes, empezando por los Estados del Golfo”, darán ese paso.

Las seis monarquías del Golfo anunciaron ayer, en un comunicado, la retirada de sus embajadores de Siria, así como la expulsión de sus capitales de los “embajadores del régimen sirio”.

“El mero hecho de que ya no les consideren como embajadores de Siria sino de su régimen induce a pensar que están a punto de reconocer al CNS como el único representante legítimo de Siria”, recalca un diplomático.