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Latinoamérica registra la menor tasa de paro en 21 años, según la OIT

El organismo internacional advierte de la necesidad de mejorar la calidad del empleo en la región

Un campesino trabaja en un cultivo de maíz en El Salvador.
Un campesino trabaja en un cultivo de maíz en El Salvador. EFE

Algunos jóvenes universitarios españoles cruzan el Atlántico en busca de empleo en Latinoamérica. No son muchos, pero el número crece, según reconocen diplomáticos españoles. Sucede que en Latinoamérica el paro ha descendido al 6,8% en 2011, según informó el jueves la Organización Mundial del Trabajo (OIT) en su panorama laboral anual sobre la región. Se trata del nivel más bajo de desempleo desde 1990, el año en que la OIT comenzó a usar el actual método de cálculo para medir este flagelo en la región. Fue precisamente a partir de la década de los noventa, con las privatizaciones y la liberalización económica en diversos países latinoamericanos, cuando el paro comenzó a subir.

Pese a la buena noticia sobre la caída del desempleo respecto al 7,3% registrado en 2010, la OIT advirtió sobre “la necesidad de abordar los desafíos de mejorar la calidad” del trabajo. Por lo menos la mitad de los que tienen empleo en las ciudades trabaja en la informalidad, “lo que implica condiciones precarias, sin protección social ni acceso a los derechos laborales y en general con ingresos bajos”, advierte el organismo internacional.

Entre los países que lideraron la reducción del paro en 2011, año de crecimiento para la economía latinoamericana, figuran Chile (del 8,5% en 2010 al 7,3% en 2011), Ecuador (del 8,1% al 6,3%) y Panamá (del 6,5% al 4,5%), según los datos de la media de los primeros 10 meses de cada año. También se destacaron Argentina (del 7,8% al 7,3%), Brasil (del 7% al 6,2%), Colombia (del 12,1% al 11,3%, aún elevado) y Uruguay (del 6,8% al 6,1%). Es decir, que Gobiernos de diferentes ideologías y políticas económicas, más o menos abiertas, con mayor o menor participación estatal, han conseguido progresos en tiempos de buenos precios de las materias primas, lo que ha impactado en un crecimiento de los servicios y, en algunos países, en una mejora de la industria.

No a todos les ha ido tan bien. En ciertos países el paro se ha mantenido con ligeros cambios, como en México (5,3% en los primeros 10 meses de 2011), Paraguay (7,5%), Perú (8%) y Venezuela (8,6%). En otros directamente ha crecido el desempleo, como en Costa Rica (del 7,3% en 2010 al 7,7%) y República Dominicana (del 5% al 5,6%). Este grupo de países sin fuertes progresos en materia laboral incluye a los que no se benefician del buen momento de los productos básicos, como los centroamericanos y los caribeños, y a otros que no crearon tanto empleo pese a esa bonanza.

La tendencia a la disminución del paro latinoamericano podría estancarse en 2012, cuando se prevé que habrá una desaceleración del crecimiento económico regional, y la tasa podría permanecer este año en el 6,8%, según la OIT. “La evolución de la tasa de desempleo debe servirnos de base para avanzar en forma más decidida hacia mercados laborales que generen no sólo más empleo, sino mejores empleos”, dijo la directora regional de la OIT para Latinoamérica y el Caribe, Elizabeth Tinoco, durante la presentación del informe anual en Lima. El paro viene descendiendo después de un pequeño ascenso en la crisis mundial de 2009, cuando llegó al 8,1%. “La región logró superar la crisis de 2008 y 2009 haciendo uso de los beneficios de un ciclo [anterior] de crecimiento económico de cinco años, y además con políticas anticíclicas que permitieron proteger los empleos y los ingresos de las personas”, recordó Tinoco. Los salarios mínimos reales (ajustados por inflación) aumentaron el 4,5% en 2011.

El desempleo urbano de los jóvenes de 15 a 24 años es mucho mayor que el que afecta al total de la población: alcanza al 14,9%. Entre los adultos es de apenas el 5%.

En 16 países analizados unas 93 millones de personas trabajan en la informalidad, de los cuales 60 millones lo hacen en unidades productivas no registradas oficialmente, 23 millones pertenecen a empresas formales y 10 millones se desempeñan en el servicio doméstico.

La informalidad lleva a que cuatro de cada 10 trabajadores urbanos carezcan de protección social en salud y el 43% no aporte a su futura pensión. La conclusión es que esas personas deben pagar para recibir atención médica o deben hacer largas colas en hospitales públicos en los que no siempre alcanza el presupuesto. Y el día de mañana, cuando sean mayores, necesitarán seguir trabajando o que sus familias las ayuden.

La OIT también advirtió sobre la necesidad de combatir la pobreza rural a través del trabajo. “Es importante colocar al empleo como un objetivo prioritario de las políticas macroeconómicas. La generación de trabajo decente es un componente esencial del crecimiento, así como una herramienta inigualable en la lucha contra la pobreza y la desigualdad”, opinó Tinoco.