Investigados por fraude rectores de 16 universidades en 13 Estados brasileños

El expresidente Cardoso considera que la corrupción es “sistémica”

El río de dinero público empleado en prácticas de corrupción no es patrimonio exclusivo del mundo político. Ha llegado también a una de las instituciones más nobles de Brasil, aquella que debería ser ejemplo de ética ciudadana, como es la universidad pública, financiada con recursos del Estado. En un reportaje publicado ayer, el diario O Globo revela cómo rectores y exrectores de 16 universidades en 13 Estados del país están siendo investigados bajo sospechas de corrupción.

El Ministerio de Educación tiene en estudio 23 casos de investigación sobre fraudes llevados a cabo en las universidades federales. En algunos casos, como en el de un exrector en Rio Grande do Sul, el fraude alcanza 44 millones de reales (unos 20 millones de euros), mientras que el rector de la Universidad Federal del Estado de Piauí, Luiz de Sousa Santos Junior, responde nada menos que a ocho procesos judiciales, además de investigársele otros abusos con la tarjeta de crédito corporativa y en contratas adjudicadas sin licitaciones.

Los Estados más importantes en los que se indagan fraudes en sus universidades son Brasilia, Amazonas, Rondõnia, Acre, Minas Gerais, Pará, São Paulo, Sergipe, Pernambuco, Piauí y Río de Janeiro.

Las acusaciones son varias, casi todas referidas a irregularidades y fraudes en la administración de las universidades para obtener fondos mediante otras ilegalidades, como el trato de favor a familiares a los que se otorgaban becas que no les correspondían. Las mayores irregularidades se han cometido a través de concesiones de obras sin licitación pública, así como en abusos en el pago de viajes al exterior.

Estos escándalos de corrupción, extendidos por casi todo el territorio nacional, es una confirmación de lo que ha denunciado el expresidente de la República y sociólogo socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso. Según él, el problema de la corrupción en Brasil es que no se trata de una corrupción de personas concretas, sino que es “sistémica”, a todos los niveles, bajo el viejo lema leninista de que “los fines justifican los medios”.

Según el expresidente, se ha instaurado en el país una especie de “cultura de la corrupción” que lo abraza todo, desde la propina al guardacoches por aparcar el automóvil en lugar prohibido a los millones sustraídos ilegalmente por ministros para financiar a sus partidos con los porcentajes ilegales de concesiones de obras públicas.

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