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La ausencia de la mitad de los invitados desluce la Cumbre de Paraguay

Los Reyes y Zapatero llegan a Asunción, donde España tomará el relevo para la cita de Cádiz 2012

Zapatero, a su llegada al aeropuerto Silvio Petirossi de Asunción.
Zapatero, a su llegada al aeropuerto Silvio Petirossi de Asunción. EFE

La 21ª Cumbre Iberoamericana se inaugura hoy en Asunción (Paraguay) deslucida por la ausencia de 11 jefes de Estado (los de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela y Uruguay) de los 22 invitados. Para el anfitrión, el paraguayo Fernando Lugo, lo más doloroso es el plantón de sus tres socios de Mercosur. Aunque han dado pretextos distintos -la argentina Cristina Fernández alega el primer aniversario de la muerte de su marido, mientras que la brasileña Dilma Rousseff y el uruguayo José Mújica se excusan en su apretada agenda internacional- la oposición paraguaya atribuye la espantada al veto de Asunción al ingreso de Venezuela en Mercosur y se ha apresurado a pedir explicaciones a Lugo por este chasco diplomático. España, por el contrario, se ha volcado en esta ocasión.

El presidente Zapatero, que el año pasado faltó a la cumbre de Mar del Plata (Argentina), aterrizó el jueves pasadas las 22.00 (tres de la madrugada en España) en el aeropuerto Silvio Pettirossi de Asunción media hora antes de que lo hiciera el avión en el que viajaba el Rey, que aún se recupera de su reciente operación en el tendón de Aquiles, acompañado por la Reina y la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez. "Latinoamérica está en un buen momento y la cumbre debe ser útil para reforzar los vínculos y las relaciones entre todos", ha declarado el presidente español a su llegada.

La despedida de Zapatero

Para Zapatero este viaje es su despedida de América Latina, un continente en el que no se ha prodigado mucho en sus siete años de mandato. España tendrá además un papel destacado en la cita, ya que tomará el testigo de Paraguay como organizadora de la cumbre del año próximo, que tendrá lugar en Cádiz, coincidiendo con el segundo centenario de la Constitución liberal de 1812.

La diplomacia española deberá emplearse a fondo si no quiere encontrarse con un vacío tan clamoroso como el que ha sufrido Paraguay. Y es que, al margen de las rencillas internas, empieza a ser patente la “fatiga” por la proliferación de encuentros internacionales, la mayoría de ellos de dudosa utilidad. En palabras del presidente chileno, Sebastián Piñera, “asistimos a una verdadera sucesión de cumbres, tantas que parece una cordillera, pero falta una verdadera voluntad de integración en el continente”.

El presidente español tiene previsto intervenir en las discusiones para defender el papel del Estado como corrector de desigualdades

Y eso que la agenda de la cumbre de Asunción no es irrelevante. Bajo el lema Transformación del Estado y Desarrollo, el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, propone un debate sobre el papel del Estado. Ya no se trata del viejo dilema entre nacionalización y privatización, sino de atajar la “ineficiencia” de la burocracia y asentar el “buen gobierno”, lo que supone erradicar el nepotismo y la corrupción. Las conclusiones provisionales de la cumbre abogan por alcanzar un “pacto fiscal entre el Estado y la sociedad”, que comprometa al primero a prestar servicios esenciales -salud, educación, seguridad- a cambio de los impuestos que recibe de los ciudadanos.También defienden que se redefinan las relaciones entre el Estado y el sector privado y entre los gobiernos centrales y locales. Se parte de situaciones muy distintas, ya que en algunos países latinoamericanos el gasto público solo supone el 10% del PIB y en otros llega al 30%, aunque, en palabras de Iglesias, el principal problema no es que “se gaste poco, sino que se gasta mal”.

Según fuentes de Moncloa, Zapatero tiene previsto intervenir en las discusiones para defender el papel del Estado como corrector de desigualdades -en un continente que sigue siendo el más desigual del mundo- y recordar que la falta de regulación, control y supervisión pública está en el origen de la actual crisis financiera.

Hasta ahora, América Latina ha conseguido sortear la crisis económica global, con un crecimiento anual en torno al 4%, gracias al encarecimiento de las materias primas y al apetito por ellas de países como China, pero distintos organismos internacionales han advertido del riesgo de autocomplacencia y de los efectos que puede tener en el continente la atonía de las economías europea y estadounidense. El presidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF), Enrique García, advirtió el jueves de que el 20% del PIB que Latinoamérica dedica a ahorro e inversión “es absolutamente insuficiente para un crecimiento sostenible a largo plazo”.

Los primeros ministros de España y Portugal explicarán a sus homólogos los resultados de la última cumbre europea y las medidas adoptadas para intentar contener la crisis de la deuda. Además, Zapatero está interesado en escuchar la voz de América Latina de cara a la cumbre del G-20 del 3 y 4 noviembre; aunque la ausencia de Fernández de Kirchner y Roussef, dos los tres líderes iberoamericanos invitados a Cannes (Francia), restará valor a la cita de Asunción también en este aspecto. El Rey y Zapatero mantendrán el tradicional almuerzo con el presidente mexicano Felipe Calderón, miembro del G-20, y desayunarán con los mandatarios centroamericanos presentes en Asunción. Está previsto que el presidente español mantenga encuentros bilaterales con el anfitrión, Fernando Lugo, y con el presidente peruano, Ollanta Humala, que en julio sustituyó a Alan García.

El anuncio del cese definitivo de los atentados por parte de ETA no figura inicialmente en las conclusiones, pero se da por seguro que se colará en los debates de la cumbre. No en vano, varios países latinoamericanos han servido tradicionalmente de refugio, aunque cada vez más incómodo, para etarras huidos de España.