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Líder indígena nicaragüense | MIRNA CUNNINGHAM

"Los indígenas aún no tienen credibilidad en las altas instancias"

Para los pueblos indígenas, la cultura es algo más que una expresión artística o un bien material; está articulada con el territorio, con los recursos naturales, con la lengua, las costumbres, con la espiritualidad y las formas de vida. Mirna Cunningham (Nicaragua, 1947), indígena miskita, es la mejor expresión práctica de la lucha por los derechos de estas comunidades, por reivindicar esa cultura en el sentido integral de la palabra.

Cirujana, activista por los derechos de la mujer indígena, impulsora de una universidad intercultural en el Caribe, cree que, pese a la incorporación a las esferas públicas de algunos indígenas, la situación es aún muy desigual: "Persisten los estereotipos que valoran que lo nuestro no es civilizado, que es salvaje".

Considera que son buenos tiempos para Bolivia -"donde hay posibilidades de refundar el Estado y garantizar la inclusión de los pueblos indígenas en todas las instancias del poder"-, pero no para otros países, como Perú, "donde no son tenidos en cuenta pese a que son los dueños de los recursos naturales". Desde la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, Cunningham reconoce que, con el presidente de su país, Daniel Ortega, la situación de los indígenas ha mejorado. Además de reconocerles las tierras, "se han dado pasos de regionalización de los sistemas de salud y educación interculturales; no obstante, somos uno de los países más pobres de América Latina y no estamos ajenos a la realidad nacional y a la crisis internacional. Aunque haya buena voluntad nunca hay suficientes recursos para ponerla en práctica".

Pese a ocupar la mitad del territorio en Nicaragua y porcentajes mayores en otros países, no hay protagonismo en la toma de decisiones. "Los pueblos indígenas aún no tienen mucha credibilidad en las altas instancias", critica Cunningham. Un reflejo de esta situación se da en la Carta Cultural Iberoamericana, aprobada por la Conferencia de Ministros de Cultura en 2007: "Fue suscrita por Gobiernos, discutida por académicos, y ha dejado por fuera a los pueblos indígenas tanto en su diseño como en su aprobación", lamenta la activista.

Es necesario impulsar su desarrollo desde dentro, para desterrar una situación que, según Cunningham, les ha llevado a cierta posición de victimismo. "Muchas veces ellos mismos no valoran ni su riqueza cultural ni sus recursos naturales, porque están alienados y creen que lo que tienen no vale, les da pena utilizar su idioma, usar sus trajes, quieren parecerse a la otra cultura", explica la activista. En este sentido, la indígena plantea dos desafíos. A su juicio, será necesario amoldar las políticas a los indígenas, a través de su participación, y establecer medidas concretas para cada país. Esto último será vital en una región donde cohabitan más de 500 pueblos y otras tantas lenguas. Idiomas por los que cada vez se lucha más ?existen varias universidades interculturales en la región; la primera de Nicaragua la fundó Cunningham? pero que aún corren peligro si no se realizan políticas permanentes: "En Nicaragua hemos recuperado el garífona, lo hablaban siete personas, y se está comenzando a hacer programas de alfabetización. Pero siempre hay peligro si no hay políticas sostenidas, tenemos que seguir trabajando fuertemente".

Como feminista, Cunningham lleva años promoviendo que las mujeres indígenas ejerzan sus derechos: "Estamos tratando de promover procesos de desarrollo de capacidades de nosotras, las mujeres indígenas, para poder participar políticamente dentro de nuestras organizaciones e instituciones y también en los Estados o en otros espacios". Reconoce que queda una enorme tarea, que comprende un trabajo también con mujeres no indígenas para hacer entender su forma de vida. "Creemos que tenemos un rol importante, y que muchas de las cosas de las que se habla para ejercer los derechos de los pueblos indígenas no van a ser reales si hombres y mujeres no lo hacemos y no lo gozamos en conjunto".

Son las convicciones de una mujer que cree en el éxito de la integración indígena basado en el respeto a la diversidad: "Tenemos que trabajar hacia dentro [las mujeres en sus propias comunidades], pero lo tenemos que hacer con mucha prudencia", advierte Cunningham, "entendiendo que el ejercicio de los derechos de las mujeres en el contexto de pueblos indígenas y en contextos interculturales requiere de una mirada con mayor sensibilidad, que respete las formas tradicionales de organización pero a la vez las cuestione, para ir mejorándolas, pero entendiendo que esas formas tradicionales son las que han garantizado la resistencia de nuestros pueblos. No estamos renunciando a esas formas tradicionales, pero sí creemos que hay que cuestionarlas y mejorarlas".

Integrar a la mujer en la comunidad y a los pueblos indígenas en los países es un trabajo a largo plazo. Con la memoria aún fresca del abuso y de las prácticas persistentes, la nicaragüense es escéptica respecto al futuro. "No creo que vaya a haber muchos avances en los próximos años, o por lo menos no avances grandes. Yo creo que la implementación de algo como la carta cultural requiere cambiar mentes". En medio de la crisis, Cunningham cree que la coyuntura económica también puede ser una oportunidad. "Si estamos proponiendo las bases para ese nuevo paradigma que deberá de emerger después de la crisis, estamos en buen camino".