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Las horas bajas de Daniel Ortega

El presidente de Nicaragua, con un presupuesto sin aprobar, presiones externas y casi sin cooperación internacional, vive su peor momento

Daniel Ortega se enfrenta estos días a fuertes presiones internas y externas para darle un cambio de rumbo a su cuestionada Administración. La Unión Europea hizo pública esta semana una carta en la que ratifica su decisión de suspender la ayuda que otorga al presupuesto de Nicaragua por la "creciente preocupación" en la situación política del país. Además, Alemania, Reino Unido, Finlandia, Suecia y Países Bajos han anunciado la suspensión o cancelación de la cooperación con el país. A ello hay que unirle la decisión de Estados Unidos de congelar un importante programa de desarrollo por la falta de transparencia en las elecciones del pasado noviembre y que el Gobierno intenta que todos en Nicaragua olviden.

La carta de la Unión Europea supone un duro golpe para un Gobierno desesperado por hacer cuadrar las cuentas del presupuesto, que aún no ha sido aprobado por la Asamblea Nacional. El presidente Ortega, que siempre ha basado su discurso en la defensa de la educación y la salud pública, ha anunciado dos recortes presupuestarios para esas carteras de más de 50 millones de euros, en un intento de reducir el déficit, que asciende a 5.000 millones de córdobas (unos 194 millones de euros). En Nicaragua, 800.000 niños están fuera del sistema educativo.

Dado que el Gobierno no cuenta con el apoyo de los donantes europeos que forman parte del Grupo de Apoyo Presupuestario -que el año pasado habían previsto un monto de cooperación de 121 millones de dólares, de los que al final sólo se desembolsaron 21-, la Administración de Ortega ha anunciado medidas desesperadas, como tomar 40 millones de dólares de las reservas internacionales de Nicaragua. La medida no cuenta con el visto bueno del Fondo Monetario Internacional (FMI). "En este momento no estamos negociando", dijo Humberto Arbulú, representante del FMI en Managua.

"La decisión de suspender o cancelar los programas [de cooperación] estuvo basada en la creciente preocupación de la evolución política del país, relacionada en particular, pero no exclusivamente, con la preparación y eventual desarrollo de las elecciones municipales del 9 de noviembre de 2008", indica la carta de la Unión Europea. Las elecciones fueron denunciadas como fraudulentas por la oposición. En un informe presentado por el grupo de observación electoral Ética y Transparencia se demuestra que hubo fraude en al menos 40 de los 146 municipios en disputa, incluyendo Managua.

Ortega ha criticado duramente a los donantes, a los que ha llamado "moscas que se paran en la inmundicia" y "neocolonizadores", y ha catalogado como "minucias" su ayuda. El presidente, que siempre ha apostado por la cooperación venezolana, ha visto como ésta se ha reducido por la caída del precio del crudo, y ha terminado tragándose su discurso.

El canciller nicaragüense, Samuel Santos, llegó el martes a Bruselas, donde tiene previsto reunirse con funcionarios de la UE para pedirles el desembolso de la cooperación. Es un viaje que los expertos han catalogado como misión imposible, ya que mientras el Gobierno de Ortega no dé señales de cambio, de apertura y se muestre dispuesto a hacer una revisión de los comicios de noviembre, la ayuda tan necesitada no parece que vaya a regresar.

Si se juzga por las acciones de Ortega, no se ve una solución a corto plazo. El pasado fin de semana, varios organismos, intelectuales y políticos opositores convocaron una marcha en nueve municipios del país para que el Ejecutivo revisara los cuestionados resultados electorales. La respuesta oficial fue enviar a los funcionarios públicos, simpatizantes y fuerzas de choque a las calles para intimidar a los opositores. La violencia se desató en la capital y el occidente del país, donde resultó herido por la explosión de una granada de mortero el diputado opositor Luis Callejas. Sin embargo, los seguidores de Ortega no lograron reventar la marcha, y los opositores llegaron hasta la Asamblea Nacional, en Managua, donde entregaron 100.000 firmas exigiendo la revisión de las elecciones.

A las críticas de la oposición se ha unido la Conferencia Episcopal, a pesar de los esfuerzos de Daniel Ortega de lograr su apoyo. El presidente llegó a casarse por la iglesia en 2005 con su esposa Rosario Murillo. Bernardo Hombach, miembro de la Conferencia y uno de los obispos más respetados del país, criticó la intolerancia del presidente. "Es doloroso que el Gobierno desoiga los reclamos y las denuncias del fraude en las elecciones municipales", dijo.

El presidente llamó a sus simpatizantes "a no amedrentarse" por las críticas de la oposición y el anuncio de la comunidad donante de retirar la ayuda. Ortega dijo que las marchas y las críticas son una estrategia para derrocar a su Gobierno. Mantener la movilización, afirmó Ortega, garantizará el triunfo electoral en las elecciones presidenciales de 2011.

"Tenemos que seguir movilizados, porque en noviembre de 2011 tenemos que estar preparados para ganar las elecciones y que no nos arrebaten las conquistas", afirmó el presidente en un acto con el que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) inició las celebraciones del 30º aniversario de la revolución que en 1979 derrocó al dictador Anastasio Somoza Debayle, pero que dejó el sabor de un inicio de campaña del oficialismo de cara a los comicios presidenciales.

Se da el caso que Daniel Ortega no puede presentarse a las elecciones dentro de dos años, a no ser que logre reformar la Constitución y eliminar la traba que prohíbe la reelección continua, una de las ambiciones del mandatario, que según las encuestas cuenta con el apoyo de apenas el 20% de los nicaragüenses.