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Ordenada la detención del jefe de seguridad del presidente de Guatemala

El espionaje a Álvaro Colom evidencia la vulnerabilidad de Guatemala

Un tribunal guatemalteco ha ordenado hoy la detención del antiguo jefe de la seguridad presidencial Carlos Quintanilla, acusado por el caso de espionaje contra el presidente de este país, Alvaro Colom, descubierto el pasado jueves. El tribunal también ha solicitado el arresto de Gustavo Solano, antiguo titular de la Secretaría de Asuntos Estratégicos.

El hallazgo la noche del viernes de una red de micrófonos y cámaras en el despacho de Colom, en sus habitaciones y en la sala de reuniones del Gobierno, además de costarle el puesto a Quintanilla, ha evidenciado la "extrema vulnerabilidad del Estado ante el crimen organizado", según coinciden analistas políticos y la prensa guatemalteca.

El fiscal Rony López ha informado a la prensa que a Quintanilla, quien dirigía la seguridad presidencial, se le acusa de los delitos de espionaje, interceptación de comunicaciones y revelación de secretos, mientras que a Solano se le imputa el de espionaje.

El anuncio de la destitución de Quintanilla estuvo precedido por un movimiento de tropas del ejército en torno a la antigua residencia oficial de los mandatarios, en pleno centro histórico de la capital guatemalteca, lo que provocó que surgieran rumores de golpe de Estado, una constante histórica hasta el fin de las dictaduras militares en 1985.

El rumor sólo se diluyó cuando Álvaro Colom, con el rostro desencajado, compareció ante los periodistas para anunciar el descubrimiento de una red de micrófonos y cámaras de televisión, instalados clandestinamente en el despacho de la Presidencia, la sala de reuniones del Gabinete de gobierno y sus habitaciones particulares. El presidente explicó que había ordenado una investigación a fondo para descubrir a los responsables de esta red de espionaje, que permitía una fuga constante de información, que incluía asuntos vitales para la seguridad del Estado.

"Lo ocurrido era una cosa perfectamente previsible, algo anunciado", aseguró a EL PAÍS el analista Gustavo Porras, uno de los hombres a los que el ex presidente Álvaro Arzú encargó los acuerdos de paz que pusieron fin a una guerra civil de 36 años en Guatemala. Porras calificó como "algo absurdo" el hecho de que se suprimiera el Estado Mayor Presidencial (EMP), un ente que protege a todos los mandatarios del mundo. "Su ausencia permitió que Colom se convirtiera en un presidente espiado, pero no informado", enfatiza Porras. "Es absurdo que un comandante general del ejército no tenga bajo sus órdenes ni a un cabo", ironizó Porras, para concluir que el haber disuelto al EMP se ha traducido en un mayor debilitamiento del poder civil en Guatemala.

Otro analista político, Enzo Rosal, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Rafael Landívar. calificó como preocupante el alcance que tiene el crimen organizado, cuyas mafias son "capaces de ocupar puestos en el seno de la seguridad presidencial". según declaró al diario Prensa Libre, el más influyente del país.

La misma tarde del jueves, el presidente Colom nombró como nuevo jefe de su seguridad a Ricardo Rosada, un especialista en el tema, quien anunció que la primera medida será investigar si todavía existen micrófonos escondidos en las dependencias presidenciales, mientras se intentan esclarecer los alcances del escándalo de espionaje.