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LA CASA DE ENFRENTE
Columna
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Julio Iglesias: yo también te acuso

El respeto a la justicia es compatible con nuestra libertad para formarnos opiniones. El juicio social y el particular son necesarios para prevenir ciertas conductas

Julio Iglesias

Todos hemos visto alguna de las agresiones sexuales de Julio Iglesias. Por ejemplo, en el vídeo donde besa a la fuerza a la fuerza a la presentadora argentina Susana Giménez. Lo hace varias veces en un minuto y medio hasta que al final le agarra la cabeza mientras ella grita: “No, Julio”. Aunque no es ni mucho menos un caso aislado. Si buscan en YouTube encontrarán más ejemplos. Como cuando besó a la fuerza (de nuevo agarra su cabeza) a la reportera boliviana Brigitte Martínez. Son públicos y numerosos los documentos gráficos y escritos, como las memorias de su expareja Vaitiare Hirshon, Muñeca de trapo: Mi vida con Julio Iglesias (Ediciones B), donde denuncia cómo la obligó a mantener prácticas sexuales que ella no deseaba. No solo hay denuncias, también hay pruebas inequívocas (vean los vídeos) para denunciar a Julio Iglesias como agresor sexual. Por eso no necesito esperar a la justicia como manda Feijóo. En vez de eso me permito condenar a Julio Iglesias como agresor sexual por lo que ya sé. Y espero a que la justicia investigue las denuncias que acabamos de conocer.

En primer lugar porque el juicio social y el particular son necesarios para prevenir ciertas conductas. Lo que haga la justicia está sujeto no solo a que exista una denuncia, sino a una serie de procedimientos administrativos donde no ser culpable no significa ser inocente. Evidentemente juzgar no es lo mismo que condenar, y esa potestad sí es exclusiva de la justicia. En cambio, tener un juicio de lo que pasa a mi alrededor es cosa mía. Y por eso denuncio una pauta de acoso mantenida públicamente en el tiempo. Y subrayo que las recientes denuncias no recaen ni cuestionan al Julio cantante, sino que son la última gota de vaso pública y visiblemente lleno del Julio agresor.

Las gravísimas denuncias de sus dos exempleadas (que la Fiscalía de la Audiencia Nacional ya investiga) nos obligan a esperar una sentencia, pero también a condenar al Julio agresor de sobra conocido, incluso cuando las mujeres agredidas no lo denunciaran en su momento. Iglesias agredió públicamente a mujeres en un contexto social propicio, cuando la agresión podía llegar a aceptarse como una de las vicisitudes de la vida. Pero eso no significa que las agresiones no existieran, que no se sintieran o no puedan ser reconocidas y condenadas. También en otros tiempos algunos maestros pegaban en las escuelas, y no por eso los golpes dolían menos. Hoy podemos y debemos condenar esa violencia sin esperar a ningún juez. Igual que podemos y debemos condenar el genocidio en Gaza sin esperar a la Corte Penal Internacional. La denuncia de violencias conocidas no precisa de sentencias ni de juicios y es responsabilidad de cada uno de nosotros. El hecho de que no se acusara públicamente a Julio en el pasado no hace menos graves sus abusos.

La labor de la justicia es una y la de la sociedad es otra. Y relegar el juicio personal a la justicia sería declararnos personas (y sociedades) sin criterio. Yo por ejemplo no me iría a trabajar para Julio Iglesias en una de sus mansiones. Ni permitiría que una hija, amiga o conocida lo hiciera. Y quienes me leen, sean cuales sean sus ideas, tampoco. ¿Saben por qué? Porque Julio Iglesias es peligroso para las mujeres. Y aunque lo hemos sabido siempre no lo hemos condenado nunca. Por eso, Julio, yo también te acuso.

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Sobre la firma

Nuria Labari
Es periodista y escritora. Ha trabajado en 'El Mundo', 'Marie Clarie' y el grupo Mediaset. Ha publicado 'Cosas que brillan cuando están rotas' (Círculo de Tiza), 'La mejor madre del mundo' y 'El último hombre blanco' (Literatura Random House). Con 'Los borrachos de mi vida' ganó el Premio de Narrativa de Caja Madrid en 2007.
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