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De Hollywood a la cuenca minera asturiana: las heroínas de acción olvidadas que allanaron el camino a Michelle Yeoh

El Oscar a la estrella asiática sirve como reconocimiento a las mujeres que llevan décadas dando patadas en la pantalla, especialmente a las pioneras que ya hacían vibrar al público del cine mudo

De izquierda a derecha: Sigourney Weaver, estrella de la saga 'Alien', Pam Grier, icono del movimiento 'blaxploitation', la recientemente oscarizada Michelle Yeoh y la pionera Pearl White, conocida popularmente en España como Perla Blanca.
De izquierda a derecha: Sigourney Weaver, estrella de la saga 'Alien', Pam Grier, icono del movimiento 'blaxploitation', la recientemente oscarizada Michelle Yeoh y la pionera Pearl White, conocida popularmente en España como Perla Blanca.Collage: Pepa Ortiz
Eva Güimil

El Oscar a Michelle Yeoh, la nominación de Angela Bassett por su papel en Black Panther: Wakanda Forever y los premios a Viola Davis por La mujer rey han puesto de nuevo el foco sobre el papel de las mujeres en el cine de acción. No es un fenómeno reciente, pero el interés se reaviva tras cada estreno en el que las actrices ocupan un lugar que solía estar vetado para ellas. Sin embargo, conviene recordar que las mujeres fueron las primeras protagonistas del cine de acción. A principios del siglo XX fueron un grupo de actrices hoy olvidadas quienes saltaban sobre trenes en marcha, realizaban complejas persecuciones a caballo o se deslizaban por peligrosos acantilados.

Hace un par de meses, las redes afearon que Jennifer Lawrence se autoproclamara primera heroína de acción gracias a su papel en Los juegos del hambre. Entre los ejemplos que le echaron en cara para enmendarle la plana estaba la gran estrella del cine de acción Cynthia Rothrock.

Rothrock, que a sus 66 años sigue repartiendo patadas voladoras y tiene 14 películas pendientes de estreno, es una figura legendaria para los aficionados al cine de acción, pero invisible para el gran público. “Cuando empecé a hacer películas de acción era muy raro que las mujeres lucharan. Normalmente me decían: ‘Tienes que ser la ayudante del chico y él te salvará al final’. Creo que ahora la gente ya acepta que una mujer puede defenderse y pelear”, declaró a la web especializada The Action Elite. Hace cuarenta años, cuando Michelle Yeoh era todavía Michelle Kwan, formó dupla con Rothrock en un clásico del género, Ultra force 2, un título que inauguró un subgénero que se conocería como “chicas con armas” en el que hombres y mujeres luchaban por igual y en idénticas condiciones.

Yeoh se ganó el respeto de unos coprotagonistas masculinos que la miraban con recelo gracias a muchas horas en el gimnasio y a su valor en las escenas de acción, especialmente tras un accidente en el que estuvo a punto de ser atropellada por Jackie Chan. “Tuve tanta suerte que aterricé de culo en lugar de sobre mi cabeza. Si hubiera ido hacia otro lado, habría sido mi final”. Tras el incidente se limitó a seguir rodando. En la gran industria de cine de acción no se empezaron a rodar películas con protagonistas femeninas con ningún afán de diversidad o inclusión. Sólo por rentabilidad: Yeoh y Rothrock atraían al público y punto.

Las verdaderas pioneras

Una historia poco conocida, como casi todas las que involucran a mujeres, es que el cine de acción en su nacimiento estaba copado principalmente por actrices. Las estrellas de hoy son herederas de un grupo de pioneras que a principios del siglo XX eran actrices, directoras, productoras, guionistas, especialistas, localizaban los exteriores y se ocupaban del maquillaje y vestuario. Lo hacían todo en sus películas. El dato es todavía más llamativo si tenemos en cuenta que en aquella época las mujeres todavía no podían votar.

Perla Blanca
La pionera del cine de acción Perla Blanca en una imagen de los años diez.Hulton Archive (Getty Images)

En la década de los diez hacían furor los cortometrajes de aventuras de quince minutos que se emitían semanalmente y su primera gran estrella fue Gene Gauntier (1885-1966), protagonista de The Girl Spy: An Incident of the Civil War (1909), en la que interpretaba a una confederada que se vestía de hombre para infiltrarse en las líneas de la Unión y llevar a cabo actos de sabotaje. Junto a ella estuvieron Mary Fuller (1888-1973) con su serie de aventuras What Happened to Mary y Helen Holmes (1893-1950), protagonista de la serie sobre aventuras ferroviarias The Hazards of Helen, en la que interpretaba a una intrépida empleada del ferrocarril que cada semana se enfrentaba a un peligro: descarrilamientos, robos o puentes que se desmoronaban.

“Pensarías que una chica bonita como Helen tendría miedo de estropear su apariencia”, afirmó su marido, J.P McGowan, a un reportero. “Pero nada le preocupa”. Los historiadores cuentan casi 40 mujeres rodando seriales de acción, pero ninguna alcanzó tanta fama como Pearl White (1889-1938) gracias al éxito masivo de la serie Los peligros de Paulina, en la que cada semana sufría un infortunio. Su inmensa popularidad la trajo a España, donde era conocida como Perla Blanca. En Madrid actuó en el Teatro Apolo e hizo las delicias de la prensa, a la que reveló que no le asustaba moverse sola por las ciudades: “Las mujeres no deben temer nada cuando en el fondo de su bolsillo se oculta una pequeña pistola”.

Su gira española la llevó hasta Mieres en plena cuenca minera asturiana, donde según la prensa local sus admiradores se desencantaron al observar que ya no era la heroína de mejillas rosadas de la que se habían enamorado en pantalla. “La bajamos del pedestal donde nuestra ilusión la había colocado”, relató un espectador. Tan sólo tenía 36 años. Hace cien años el público era igual de implacable con el físico de las mujeres que ahora.

Ninguna de las pioneras del cine de acción sobrevivió a la llegada del sonido. La mayoría acabó dedicándose a las acrobacias: en el circo, en el aire o en rodeos. Otras se convirtieron en especialistas y se dedicaron a doblar las escenas más peligrosas de las nuevas caras de Hollywood. A pesar de haber sido las primeras estrellas y gozar de fama internacional, su fama perduró tan poco como sus carreras.

Michelle Yeoh como chica Bond en 'El mañana nunca muere' (1997).
Michelle Yeoh como chica Bond en 'El mañana nunca muere' (1997).Keith Hamshere (Getty Images)

El puritanismo que asoló Hollywood tras los primeros escándalos de su industria borró a las mujeres intrépidas y las devolvió a los roles tradicionales, tanto dentro como fuera de la pantalla. “En la era anterior al Código Hays las mujeres eran inteligentes, profesionales, ambiciosas, directas, opacas, engañosas e incluso criminales. Chantajearon a jefes, tuvieron bebés fuera del matrimonio o sedujeron a otras mujeres”, puntualiza Andi Zeisler en el libro We Were Feminists Once (Una vez fuimos feministas). El Código las convirtió en sujetos pasivos, pero siempre había quién era capaz de escapar por sus costuras, como la Rosalind Russell de Luna nueva (1940), Barbara Stanwyck en La reina de Montana (1954) o Katharine Hepburn en casi cualquier película.

El western sublimó el arquetipo del héroe hipermasculino y la mujer quedó reducida a dos roles: la prostituta de buen corazón que regenta el burdel local y la tímida maestra del este que se enfrenta a los rígidos códigos del nuevo mundo. Hubo pocas excepciones, pero alguna dio una vuelta al género como Caravana de mujeres (1951), la historia de un grupo de solteras y viudas que se dirige a un remoto pueblo del Oeste sorteando toda suerte de peligros, para encontrarse con sus futuros pretendientes. Gracias a ella muchos vieron por primera vez a mujeres empuñando armas y valiéndose por sí mismas en el Oeste. La película de William A. Wellman se convirtió en todo un fenómeno social en España y tras su emisión en RTVE, el pueblo de Plan decidió organizar su propia caravana. En los noventa se intentó resucitar el género con mujeres al frente, pero tanto Cuatro mujeres y un destino (1994) como Rápida y mortal (1995) pasaron sin pena ni gloria.

Sigourney Weaver en 'Alien' (1979).
Sigourney Weaver en 'Alien' (1979).Sunset Boulevard (Corbis via Getty Images)

En el caso de la heroína de acción más célebre de los ochenta, la Ripley de la saga Alien, fue casual. Al igual que en Todo a la vez en todas partes, en la que el papel estaba escrito para Jackie Chan y sólo su negativa provocó que el papel recayese en Michelle Yeoh, un cambio que proporcionó un plus de genialidad al fascinante filme de los Daniels. En el caso de Alien fue el productor Alan Ladd Jr. quien sugirió que Ripley podía ser una mujer. Un gesto inédito: estábamos en 1979 y no había antecedentes en una mujer liderando una película de ciencia ficción, al menos sin una excusa erótico-festiva como Barbarella (1968). El guionista Dan O’Bannon había encabezado su texto con una nota revolucionaria: “La tripulación es unisex y todas los papeles son intercambiables para hombres o mujeres”. Como señala Collider, el género neutro con el que fue escrita es uno de los secretos de su éxito. “Ninguno los personajes cae en los clichés habituales asociados al género, como los personajes femeninos que se convierten en una damisela en apuros o los personajes masculinos machistas que sacan las armas en cualquier ocasión en un vano intento de impresionar al sexo opuesto”.

En el género de terror es habitual que las mujeres adquieran un rol protagonista. Son las celebradas reinas del grito. Pero en las últimas décadas estos personajes han sido cada vez menos reinas del grito para convertirse en las vengadoras de sus propias pesadillas, y muchas se han convertido en superheroínas, como sucede en las últimas entregas de Halloween con la recientemente oscarizada Jamie Lee Curtis o la Sidney Prescott de Scream.

El más difícil todavía

En un género aún más orillado desarrolló su reinado Pam Grier, estrella absoluta del blaxploitation, películas producidas y destinadas principalmente al público afroamericano. A principios de los setenta, producciones de bajo presupuesto y mucha adrenalina como Foxy Brown (1974) o Coffy (1973), a las que Tarantino rindió pleitesía en Jackie Brown (1997), convirtieron a Grier en un referente. Sus personajes, que hasta entonces estaban reservados a actores negros, tomaban la iniciativa y resolvían los problemas. Digna heredera de Grier es la Angela Bassett de Días extraños (1995), de Kathryn Bigelow. Bassett nunca ha hecho ascos al cine de acción, como demuestran sus últimos personajes, la Ramonda reina de Wakanda y Athenea Grant, la curtida jefa de policía del procedimental de Ryan Murphy 911.

Pam Grier en la película 'Scream, Blacula, Scream' (1973).
Pam Grier en la película 'Scream, Blacula, Scream' (1973).Herbert Dorfman (Corbis via Getty Images)

Al margen del terror, el cine de los ochenta fue un erial para los personajes femeninos poderosos y supuso el cénit del cine de acción ultramasculino, de los Stallone, Schwarzenegger y Van Damme. Los hombres eran activos, mientras que las mujeres estaban presentes solo para ser rescatadas por ellos. Pero en los inicios de los noventa resurgieron las mujeres capaces de sustentar una película de acción por sí mismas, a veces en tramas especialmente oscuras, como la Jamie Lee Curtis de Acero azul (1989), también de Kathryn Bigelow, la Anne Parillaud de Nikita (1990), Jodie Foster en El silencio de los corderos (1990) y, por supuesto, Linda Hamilton como Sarah Connor en Terminator 2: El juicio final (1991). También ha habido grandes fracasos, como La isla de las cabezas cortadas (1995), en la que la mitad de los actores de Hollywood se negaron a participar por no aceptar el protagonismo de una mujer, Geena Davis, y la muy reivindicable Memoria letal (1996), con misma actriz principal.

“Recuerdo que, cuando estaba haciendo Los Juegos del Hambre, nadie había puesto a una mujer a la cabeza de una película de acción porque no funcionaría: nos dijeron que las niñas y los niños pueden identificarse con un protagonista masculino, pero los niños no pueden identificarse con una protagonista femenina”. Esas fueron las palabras de Lawrence durante el evento de Variety que desataron la reacción en redes sociales. Adanismo aparte, tiene razón: a pesar de todos los pasos que se han dado desde las primeras estrellas de acción, las franquicias de superhéroes eran timoratas respecto a los papeles femeninos, pese a existir ya éxitos como Tomb Raider, con Angelina Jolie, o Resident Evil, con Milla Jovovich.

Linda Hamilton en su papel más icónico, el de Sarah Connor en la saga 'Terminator'.
Linda Hamilton en su papel más icónico, el de Sarah Connor en la saga 'Terminator'.CBS Photo Archive (CBS via Getty Images)

Gigantes como Marvel y DC son especialmente cautos y temen que los protagonistas femeninos generen rechazo. Viuda negra (2021) fue la única película de Marvel lanzada simultáneamente en cine y streaming, lo que Scarlett Johansson consideró un agravio, y Capitana Marvel (2019) sufrió el acoso de quienes la veían como una concesión a la agenda woke.

A DC, el éxito de Wonder Woman (2017) les hizo olvidar el fracaso de la Supergirl de los ochenta, y fue recompensada con una segunda parte. También habrá segunda parte, en este caso en forma de precuela, de las aventuras de Imperator Furiosa, el personaje de Charlize Theron que opacó al resto del elenco de Mad Max: Fury Road (2015). Theron, que se ha convertido en una inesperada heroína de acción gracias a Atómica, La vieja guardia y su paso por la saga Fast and Furious, se prepara ahora para debutar como heroína de Marvel, en el papel de Clea. “La primera vez que vi a Sigourney Weaver interpretar a Ripley todo cambió para mí”, reconoció en la Comic Con de 2020. “Era como si el mundo se abriera y las posibilidades fueran infinitas. Tenemos que seguir presionando a nuestra industria para que cambie”.

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Sobre la firma

Eva Güimil
Eva Güimil (Mieres, 1972) ha sido directora y guionista de diversos formatos de la televisión autonómica asturiana. Escribe sobre televisión en EL PAÍS y ha colaborado con las ediciones digitales de Icon y 'Vanity Fair'. Ha publicado la biografía de Mecano 'En tu fiesta me colé'.

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