Belén Moneo: “Hemos adaptado las ciudades a los coches pero ahora toca dar marcha atrás y devolver el protagonismo a las personas”

La arquitecta, cofundadora del estudio Moneo Brock, habla de su plataforma CREAS, un proyecto de activismo en defensa del espacio público

Belén Moneo es profesora en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM-UPM) y ha fundado junto con otras ocho compañeras una Oficina de Sostenibilidad.
Belén Moneo es profesora en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM-UPM) y ha fundado junto con otras ocho compañeras una Oficina de Sostenibilidad.Eugeni Aguiló Aroca

“Hay una brecha muy importante que la sociedad no está cerrando. Nosotras queremos ayudar a acelerar el cambio, y esto pasa por posicionar la figura de la mujer en un rol protagonista en disciplinas tradicionalmente dominadas por hombres”. La arquitecta Belén Moneo Feduchi (Madrid, 1965), mitad de Moneo Brock, habla de su último proyecto: CREAS (Ciudadanía, Regeneración Urbana, Estrategia, Arquitectura y Sostenibilidad), una plataforma fundada por cuatro mujeres (María José Torres, abogada urbanista; Isabel Benéitez, financiera; y dos arquitectas: Mercedes Díez y Belén Moneo) que nace con “la ambición de modificar nuestro entorno construido para transformarlo en otro más bello, más verde, más inclusivo y más sostenible”.

“Somos un grupo de compañeras que nos dimos cuenta de que, aunque hay muchísimo talento femenino en el sector inmobiliario, las mujeres tenemos muy poca presencia en sus debates”, explica Moneo. “Así que decidimos aglutinar el conocimiento de muchas expertas que hemos ido conociendo en asociaciones como WIRES (Women in real estate), WAS - Women Action Sustainability o AMMDE (Asociación Multisectorial de Mujeres Directivas y Empresarias), bajo un paraguas de conocimiento transversal”.

CREAS (Ciudadanía, Regeneración Urbana, Estrategia, Arquitectura y Sostenibilidad), es una plataforma fundada por (de izda. a dcha.) Mercedes Díez, Belén Moneo, María José Torres e Isabel Benéitez.
CREAS (Ciudadanía, Regeneración Urbana, Estrategia, Arquitectura y Sostenibilidad), es una plataforma fundada por (de izda. a dcha.) Mercedes Díez, Belén Moneo, María José Torres e Isabel Benéitez.

CREAS se sustenta sobre una aleación de activismo y defensa a ultranza del espacio público y la arquitectura de calidad. Sus servicios profesionales se enfocan en la regeneración urbana sostenible: rehabilitar edificios para minimizar el gasto energético, crear zonas de cero emisiones mejorando el espacio público, recuperar áreas contaminadas en polígonos industriales hoy en día obsoletos, o establecer nuevas formas de uso residencial. Actuaciones integrales o de gran escala que demandan una organización y estructura que permitan “abarcar proyectos multidisciplinares más complejos y diversos”.

Para Moneo, este es el momento ideal para acometer este tipo de operaciones. “Los fondos europeos nos plantean una oportunidad para mejorar nuestras ciudades que no podemos dejar escapar”, subraya. Son muchos los informes que alertan sobre el pobre estado del parque residencial patrio. Todavía hoy, un alto porcentaje de las viviendas en ciudades como Madrid ni siquiera disponen de calefacción ni ascensor. “Existen subvenciones que sufragarían gran parte de los gastos necesarios para llevar a cabo las obras de rehabilitación. Sin embargo, muchas veces las asociaciones de vecinos carecen del capital inicial o del conocimiento de las herramientas administrativas para poder optar a estas ayudas”.

Nos encontramos, por un lado, con unos ciudadanos con necesidades que deben ser atendidas, y por el otro, con una administración, sujeta a una burocracia compleja, con dinero para financiarlas. No obstante, la conexión entre ambos grupos es difícil. “Ahí es donde entra CREAS”, apunta Moneo. “Nuestra misión es plantear proyectos interesantes para que las empresas inviertan y que las ayudas públicas lleguen a los barrios que más las necesitan. Pero para que las entidades privadas se involucren, debemos ofrecerles algún beneficio”. ¿Por ejemplo? “Pueden rehabilitar un edificio a cambio de que se les permita instalar placas fotovoltaicas y vender la energía que produzcan”, sugiere. “Afortunadamente los agentes con poder económico se están dando cuenta de que regenerar un barrio y su espacio público es fundamental para hacerlo atractivo al mercado y así también mejorar su producto inmobiliario”. ¿No existe peligro de que la inversión privada dé rienda suelta a la gentrificación? “Ese riesgo está ahí siempre, pero son las administraciones públicas las que pueden velar para que estos procesos de regeneración no expulsen a los residentes originales”.

El proyecto de la Plaza de la Villa de Sencelles, del estudio de Moneo (Moneo Brock), ilustra las ideas sobre urbanismo sostenible que defiende la arquitecta.
El proyecto de la Plaza de la Villa de Sencelles, del estudio de Moneo (Moneo Brock), ilustra las ideas sobre urbanismo sostenible que defiende la arquitecta.

Esta sensibilidad de reciclaje urbano entronca con el modelo defendido por figuras como Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal: “Nunca demoler, eliminar o sustituir; siempre añadir, transformar y reutilizar”. De hecho, Moneo considera que hay muchos edificios en España que serían excelentes candidatos para operaciones similares a la del proyecto de transformación del Grand Parc, tres grandes bloques de viviendas sociales en Burdeos que fueron envueltos con una segunda piel a base de módulos prefabricados para así aumentar la superficie de las viviendas y mejorar su rendimiento energético. “Es más importante regenerar la ciudad que ya tenemos que construir más”, concluye.

Para la arquitecta, Carabanchel es un caso paradigmático con potencial de intervención: edificios de construcción deficitaria insertos en un urbanismo compacto, consolidado y bien diseñado. “Hay mucho comercio a pie de calle, zonas verdes, buenos colegios, polideportivos y está cerca del río”, enumera. “Está concebido con una escala mucho más humana que otros desarrollos más modernos, como Sanchinarro o Las Tablas. El modelo de enormes avenidas, centros comerciales y urbanizaciones cerradas no genera vida de barrio y es poco sostenible. No puedes ir andando a ningún lado porque la actividad de la calle y el comercio escasea, apenas hay transporte público y dependes del coche para todo”.

Precisamente, esta cruzada por minimizar el impacto de los vehículos privados en el entorno metropolitano es un tema central en la filosofía del urbanismo responsable con el medioambiente. “Desde hace décadas, hemos ido adaptando nuestras ciudades a los coches, que ocupan el 70% del espacio público. Ahora, nos toca dar marcha atrás y volver a darle el protagonismo a las personas”. Con un tono amable y constructivo, pero abiertamente reivindicativo, Moneo expresa la necesidad de “pacificar la ciudad”, una tarea que pasa por un transporte público más competitivo y eficiente, que pueda disuadir del uso del vehículo privado. “En Madrid tenemos un transporte público excelente, pero no siempre hay planes integradores de movilidad que coordinen las distintas modalidades entre sí o con las necesidades de sus usuarios”, matiza.

Dentro de ese plan integrador de la movilidad, Moneo reserva un papel relevante a la bicicleta. “Yo me muevo en bici todo lo que puedo, pero en Madrid faltan muchos carriles ciclistas y es peligroso”, se lamenta. “Mientras que Milán construirá 750 kilómetros de carriles bici y París otros 650, el Plan de Movilidad Sostenible Madrid 360 solamente contempla habilitar 35. Este ayuntamiento no está apostando por la movilidad sostenible: al contrario, siguen favoreciendo al vehículo privado. Han perdido la oportunidad que nos ha dado la pandemia para introducir cambios importantes y darle más espacio al peatón y a la bicicleta y reducir el de los coches”. ¿A qué se refiere? “Puede parecer una tontería, pero durante el parón del confinamiento, el consistorio consideró que lo más importante era asfaltar las calles. Se dedicó mucho dinero a mejorar el espacio para los coches, y muy poco o nada a conservar el de los peatones. Y conviene recordar que la acera es de todos; la calzada, solo de unos cuantos coches”.

La arquitecta fotografiada por Jeff Brock recientemente.
La arquitecta fotografiada por Jeff Brock recientemente.Jeff Brock

A lo largo de nuestra conversación, Moneo menciona en diversas ocasiones la inacción de las administraciones. A la arquitecta le resulta especialmente ofensivo el caso del aparcamiento de 1.800 plazas que se acaba de presentar como parte de las obras de renovación del Santiago Bernabéu. “No es un aparcamiento disuasorio, como dicen desde el ayuntamiento. Está en el centro de la ciudad y va a generar un conflicto de tráfico enorme durante los eventos. ¡Y ni siquiera estaba aprobado en el proyecto inicial!”, exclama. “En un principio argumentaban que no lo necesitaban por la óptima ubicación en cuanto a conectividad de transporte público que tenía el estadio. Ahora quieren convencernos de lo bueno que va a ser para la ciudad y, si nadie lo impide, van a construir un aparcamiento privado en un espacio público”.

La actitud crítica de Moneo se complementa con la apuesta por una labor didáctica. Profesora en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM-UPM), ha fundado junto con otras ocho compañeras una Oficina de Sostenibilidad. “Queremos convertir la Escuela de Arquitectura en un think tank que ayude a la sociedad a entender mejor qué es exactamente la sostenibilidad. Desde la academia debemos contribuir a hacer realidad este cambio”.

La delicada situación medioambiental de nuestro planeta exige una curva de aprendizaje rápida, pero Moneo mira hacia el futuro con optimismo. Considera que pequeñas acciones pueden suponer grandes cambios. “La responsabilidad individual es importante”, explica. “Por ejemplo, podemos plantar muchos más árboles. ¡Son nuestra salvación! Nuestras ciudades tienen que ser saludables, hay que renaturalizarlas y volver a caminar. Queremos que muchas de las grandes calles de Madrid recuperen su carácter original: bulevares amplios, llenos de árboles, grandes parques lineales por los que la gente pueda pasear, o montar en bicicleta, desde sus barrios y llegar hasta el campo. Esta es la ciudad del futuro en la que a mí me gustaría vivir”.

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Sobre la firma

Daniel Díez Martínez

Es arquitecto y doctorado en Análisis, Teoría e Historia de la Arquitectura. Trabaja como profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y es especialista en la divulgación de la arquitectura y en su puesta en relación con otras disciplinas y lenguajes de la cultura contemporánea.

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