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La década de oro de Kate Middleton

La esposa del príncipe Guillermo ha forjado con tenacidad la imagen que mejor se ajusta al molde de la familia real británica rompiendo los vaticinios

La duquesa de Cambridge, a su llegada al funeral de Felipe de Edimburgo. En vídeo, resumen de los 10 años de matrimonio de los Duques de Cambridge.Foto: GETTY / REUTERS | Vídeo: CHRIS JACKSON / AFP
Rafa de Miguel

Hubo un tiempo no muy lejano en que los tabloides británicos, tradicionalistas hasta el ridículo, disfrutaban poniendo motes a Kate Middleton (Reading, Reino Unido, 39 años). “Waity Katy” (Katy, la que espera), para mofarse de la joven que aguardaba desesperada a que el príncipe Guillermo se decidiera a proponerle matrimonio. O las “wisteria sisters” (las hermanas glicinia), para comparar a las dos hermanas, Kate y Pippa, con esa flor, “muy decorativa, intensamente fragante y con una habilidad feroz para trepar”. La prensa conservadora del Reino Unido solo celebra la “modernidad”, cuando de la familia real se trata, por un rato. Y solo si resulta exótica. No hay más que ver el repentino salto del amor al odio que sufrió Meghan Markle, la esposa estadounidense del príncipe Enrique. En el caso de Catalina —aunque el mundo entero la conoce como Kate ella reserva el diminutivo para la esfera más íntima—, se utilizaron los prejuicios y tópicos más rancios para medir su encaje en la casa de los Windsor, dados sus orígenes familiares: clase media/pequeños burgueses/nuevos ricos.

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Sarah Burton, directora creativa de Alexander McQueen ha sido la elegida para vestir a Kate Middleton el día de su boda con el príncipe Guillermo de Inglaterra. El traje ha sido realizado por distintos artesanos de Reino Unido y su diseño rinde tributo a la tradición romántica: con corpiño entallado, escote corazón, manga larga de encaje Chantilly y Cluny, falda con volumen elaborada en satén marfil y blanco, una cola de 2,70 metros y un velo de tul de seda. El ramo ha sido diseñado por Shane Connolly. Está compuesto de mirto, que representa el matrimonio; lirio de los valles, como símbolo de la recuperación de la felicidad; claveles de Japón, que reflejan la galantería; jacinto, en representación de la constancia del amor y hiedra, que simboliza la fidelidad y el amor devoto.
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El sábado 17 de abril, la duquesa de Cambridge apareció en el funeral de su abuelo político, Felipe de Edimburgo, con un elegante abrigo-vestido y un tocado negros de Roland Mouret; la gargantilla de perlas y diamantes de cuatro vueltas que la reina ya prestó a lady Di en su primer acto oficial; y un eyeliner impecable que, con ayuda de la mascarilla, hizo que sus ojos verdes fueran los más perseguidos por los fotógrafos. Su beso en la mejilla a Carlos de Inglaterra mientras le arropaba con la mano en el hombro, pero, sobre todo, su discreto modo de juntar a los enfrentados hermanos, Guillermo y Enrique, a la salida de la capilla de San Jorge, elevó definitivamente a los altares de la opinión pública a Kate Middleton. “Kate ha entendido, como entendió el duque de Edimburgo antes que ella, que ser un consorte en la familia real británica puede ser un camino largo y duro, pero que si lo haces lentamente, paso a paso, y muestras calma y cordura, puedes acabar siendo la roca sobre la que se sostenga con firmeza una gran institución”, escribía en el Daily Mail Sarah Vine, columnista social y esposa del jefe de Gabinete de Boris Johnson (cargo similar al de ministro de la Presidencia español), Michael Gove.

Kate Middleton ha dado los pasos apropiados desde que se casó con el segundo en la línea de sucesión al trono, Guillermo de Inglaterra, un 29 de abril de hace ahora 10 años. Apropiados, al menos, para aquellos que han visto en su maternidad dedicada —la pareja tiene tres hijos: Jorge, Carlota y Luis—, el incondicional apoyo a su esposo, la devoción hacia Isabel II y la pulcra corrección de su presencia en los actos públicos, los atributos necesarios de una futura reina. Otros, como la escritora Hilary Mantel, considerada un tesoro nacional por su trilogía sobre los Tudor, mantienen una visión más distante y escéptica. Frente a lady Di, quien “mostraba en cada gesto su torpeza humana y su incontinencia emocional”, Kate parecía, según la autora, un “objeto de precisión” destinado a convertirse a ojos de la prensa, en cuanto diera a luz al primer bebé, en una “madre radiante”.

Los duques de Cambridge, el día de su boda hace ahora 10 años.
Los duques de Cambridge, el día de su boda hace ahora 10 años.AP

Mantel dio en el clavo, pero se equivocó en el pronóstico. El interés mostrado por la duquesa de Cambridge en los problemas asociados con la maternidad, los embarazos difíciles, la importancia de los primeros años de educación de los niños o la sensación de culpa que arrastran algunas mujeres, ha tocado la fibra de muchos británicos. Cuando confesó a la escritora Giovanna Fletcher que se sintió “ligeramente aterrorizada” al presentar en 2013 a los medios al recién nacido príncipe Jorge, desde las escaleras del hospital —una tradición que solo Meghan Markle decidió romper—, Kate manejó a la perfección ese código instaurado por la actual reina: las obligaciones, siempre antes que las necesidades, “porque era realmente importante ser capaz de compartir con la ciudadanía la alegría de ese momento”.

Consumidora de ropa de marca de precios asequibles —es una devota de Zara—, habitual del supermercado Waitrose —el favorito de la clase media urbanita con aspiraciones de dieta saludable—, fotógrafa aficionada que ha descubierto el truco de sortear a los paparazis al ser ella la propia autora de las codiciadas fotos de sus hijos, Kate Middleton ha logrado forjar con tenacidad la imagen que mejor se ajusta al molde. Cuando en 2019 mostró personalmente a la reina el jardín salvaje que había diseñado ella misma para el prestigioso Festival Floral de Chelsea, en Londres, logró hacerse con el sello de autenticidad británica. “El 90% de nuestro cerebro se forma antes de cumplir cinco años. Es necesario que los padres dediquen un tiempo de calidad a sus hijos, y creo que la naturaleza y las actividades al aire libre tienen enormes beneficios físicos y mentales para ellos”, explicaba la duquesa a las cámaras mientras Guillermo y los pequeños retozaban por los arbustos y se aferraban a las enredaderas.

Diez años para construir un personaje, definitivamente consagrado gracias a la “guerra cultural” creada por los tabloides entre Kate y Meghan. La duquesa de Sussex decidió declarar la guerra a los Windsor en un año de pandemia y a miles de kilómetros de distancia del Reino Unido. La duquesa de Cambridge, con su presencia activa a través de videollamadas y actos virtuales, acabó por consolidar un hueco que, desde el principio, le pertenecía.

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Sobre la firma

Rafa de Miguel
Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.

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