La muerte del magnate de la prensa Robert Maxwell sigue siendo una incógnita 30 años después

Un nuevo libro indaga en la vida del empresario, que fue hallado sin vida en Canarias y es el padre de Ghislaine Maxwell, encarcelada por gestionar la red de menores del pedófilo Jeffrey Epstein

Robert Maxwell en su despacho en una imagen tomada en 1987.
Robert Maxwell en su despacho en una imagen tomada en 1987.Cordon press

A Robert Maxwell se le conocía por un alias, Capitán Bob. También se le temía por el poder que utilizaba a su antojo desde su condición de magnate de la prensa internacional, fundador, presidente y director ejecutivo de Maxwell Communications Corporation y propietario y presidente de Mirror Group Newspapers. En noviembre de 1991, cuando tenía 68 años, decidió tomarse unas vacaciones en las islas Canarias precisamente cuando su imperio mediático estaba inmerso en un huracán de escándalos. Sus acciones caían en picado, medios británicos como la BBC y The Independent le acusaban de prácticas delictivas en la bolsa y con sus lectores. Cuando murió estaba a punto de destaparse el trasvase ilegal de los fondos de pensiones de sus empresas por valor de 373 millones de euros.Y a estos hechos se sumó un libro, La opción Sansón, de Seymour M. Hersh reconocido periodista de The New York Times, en el que se proporcionaban pruebas de que Maxwell, de origen checoslovaco y judío, era un espía del Mossad. Maxwell se querelló contra el periodista y negó las acusaciones de espionaje, pero tuvo que reconocer su implicación en el tráfico de armas.

El día 5 de noviembre de 1991 su cadáver apareció desnudo flotando en el océano Atlántico a 32 kilómetros de Las Palmas. Su cuerpo había estado en el agua alrededor de 12 horas. No había muchas dudas sobre su identidad porque su aspecto le hacía inconfundible: 1,90 de altura, 140 kilos de peso y una cicatriz al lado de su ojo derecho. Se desataron las preguntas: ¿quién se quedaría con su imperio?; ¿qué había sucedido realmente?; ¿se había suicidado o alguién le empujó al mar?

Robert Maxwell y su hija Ghislaine viendo un partido de fútbol en 1984.
Robert Maxwell y su hija Ghislaine viendo un partido de fútbol en 1984.Mirrorpix (Getty Images)

Casi 30 años después el misterio continúa y su historia sigue siendo lo suficientemente atractiva como para ser objeto de una nueva biografía, Fall: The Mystery of Robert Maxwell, que saldrá a la venta el 4 de febrero y que la prensa británica ha ido diseccionando en los últimos días, azuzada por el morbo de que el magnate era, además, padre de Ghislaine Maxwell, la madame acusada de gestionar la red de menores del pedófilo Jeffrey Epstein que se suicidó en la cárcel en julio de 2019.

La muerte de Robert Maxwell desencadenó un tsunami en Reino Unido. Las condolencias oficiales de líderes mundiales comenzaron a llegar pocas horas después. Desde el entonces presidente George H. W. Bush, al canciller alemán Helmut Kohl o el presidente de Rusia, Mikhail Gorbachov y, como no, la ex primera ministra británica Margaret Thatcher o el mismo John Major, entonces al frente del Gobierno británico, todos alabaron su figura, su papel y sus logros. Mientras, los trabajadores de su grupo, como también se publicó entonces, coincidían en otra visión que no tardó en imponerse: “Es una buena noticia, todo el mundo está muy contento”, declaró una fuente próxima a ellos. Solo un mes después, los titulares hablaban del colapso de su imperio, de sus mentiras, y los mismos que recorrieron platós lanzándole flores, los volvieron a visitar llamándole “cerdo y desgracia”.

John Jackson, reportero de The Mirror, acompañó a la esposa del magnate, Betty, en su vuelo desde Inglaterra a Canarias. “No hubo lágrimas”, cuenta ahora, según publica Daily Mail, y añade que ella le dijo: “Nunca se mataría. No es un suicidio”. La misma opinión sostuvo el capitán español que le rescató del agua: “He sacado muchos cuerpos del mar y puedo decirles con certeza que no se ahogó”. La primera autopsia concluyó que había muerto de una ataque cardiovascular. La segunda, realizada en Gran Bretaña, descubrió que los músculos del hombro izquierdo de Maxwell estaban desgarrados gravemente y que tenía hematomas en el lado izquierdo de su columna, lo que respaldaba la suposición de que se había caído de la embarcación y se colgó de un costado todo el tiempo que pudo hasta que el dolor le obligó a soltarse. Otros se apuntaron a la teoría de que un barco siguió al del magnate de la prensa y en él podrían navegar sus asesinos, y algunos incluso especularon con que él mismo fingió su muerte para desaparecer y que el cadáver no era el suyo.

Su mujer dudó en privado e insistió en público sobre una muerte accidental. Lo mismo apoyaron sus hijos, menos Ghislaine, la niña bonita de papá, que siempre ha mantenido que fue asesinado. Pero ninguna de las teorías logró explicar por qué, por primera y única vez, Maxwell eligió navegar solo –aparte de la tripulación– en el lujoso yate que llevaba el nombre de su hija, Lady Ghislaine, ni por qué cerró desde el exterior las puertas de su cabina con una llave que nunca se encontró. ¿Accidente, asesinato, suicidio? Casi 30 años después se ha escrito mucho sobre su vida, su éxito y su descenso a los infiernos, pero nadie se atreve a dar por zanjada definitivamente la causa de su muerte.

La familia asesinada por los nazis que le persiguió siempre

Robert Maxwell nació en Checoslovaquia y como tantos jóvenes de la época solo se enteró de la suerte de su familia cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Su madre, dos de sus hermanas y uno de sus abuelos fueron detenidos y terminaron asesinados en las cámaras de gas de Auschwitz. Otra hermana, de 19 años, fue arrestada en Budapest en 1944 y nunca se volvió a saber de ella. Su padre se cree que fue asesinado de un tiro nada más llegar al campo de exterminio. Robert adoraba a su madre que creía que era "extraordinario", pero temía a su padre que le pegaba con regularidad. Ese miedo y la vergüenza por estar asustado dicen que no le abandonó nunca y que siempre estuvo presente en su vida.

Se instaló en Gran Bretaña, cambió su nombre checo por el que después le hizo famoso y comenzó un imperio y una familia numerosa tras casarse con Betty Meynard, la hija de un empresario francés protestante a quien había conocido en París. Pero las tragedias no se apartaron de su vida. Tuvo nueve hijos pero en 1957 murió Karine, la primogénita, cuando tenía tres años a causa de una leucemia. Cuatro años después, en 1961, su hijo Michael sufrió un accidente de coche por el que estuvo en coma durante siete años y del que nunca se recuperó. Falleció a los 21 años a causa de una meningitis.

Los sucesos convirtieron a Richard Maxwell en un padre severo y exigente a quien sus hijos temían y con cambios de humor terribles que también afectaron a su esposa que terminó por darle carta de libertad tras casi 50 años juntos. Ella siempre pensó que la visita que hicieron a la ciudad natal de él en 1978, Solotvino, lo cambió todo. Recordó su angustia, sus culpas por no haber salvado a su familia y de alguna manera volcó sobre ella la pérdida de la única mujer a la que amó de forma incondicional: su madre.

 

Sobre la firma

Maite Nieto

Redactora que cubre información en la sección de Sociedad. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactora de información local de Madrid, subjefa en 'El País Semanal' y en la sección de Gente y Estilo donde formó parte del equipo de columnistas. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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