Jordania

Haya de Jordania, diez meses de batalla contra el emir de Dubái

La todavía esposa de Mohammed bin Rashid reapareció en Londres después de tres meses sin dejarse ver para una nueva comparecencia ante el tribunal que decide el futuro de sus dos hijos

La princesa Haya de Jordania a su llegada al tribunal de lunes el 26 de febrero.
La princesa Haya de Jordania a su llegada al tribunal de lunes el 26 de febrero.HENRY NICHOLLS / Reuters

La princesa Haya de Jordania, que a principios del pasado mes de julio se supo que se había refugiado en Londres con sus hijos, Jalila y Zayed, de doce y ocho años, reapareció este miércoles en Londres después de tres meses sin dejarse ver en público para asistir a una nueva sesión del juicio que la enfrenta con su marido, el jeque Mohamed bin Rashid al Maktum, por la custodia de sus dos hijos. La batalla legal comenzó cuando el emir presentó una demanda reclamando que los niños regresen con él a Dubái. Pero este juicio va más allá del enfrentamiento de unos padres en un caso de divorcio porque tiene un trasfondo mayor en el que se mezcla la política y la intriga familiar, las apariencias de un país que busca el beneplácito de la opinión pública internacional y la realidad de un emirato en el que los hombres, incluidos los de la familia real, mantienen el poder sobre la vida de las mujeres.

Este es, a juicio de todos quienes han analizado la noticia, el motivo que subyace en la huida de la princesa Haya, de 45 años, el miedo a la represión que su esposo ha realizado supuestamente contra las mujeres de su entorno y el temor ante el futuro de su propia hija. Vestida de blanco, con una media sonrisa de circunstancias y amparada en la poderosa presencia de su abogada, Fiona Shackleton, la misma que gestionó la ruptura del príncipe Carlos de Inglaterra y Diana Spencer, la princesa Haya entró en el edificio judicial sin pronunciar palabra, como lleva haciendo desde que ser la esposa más joven del emir de Dubái y disfrutar de todas las riquezas que la situación conlleva no fue precio suficiente para su libertad.

Lo que en Occidente es un divorcio polémico y millonario, en Jordania y en los Emiratos Árabes Unidos es un escándalo que se prefiere evitar en público para huir de posibles problemas. Lo cierto es que la princesa, hija del fallecido rey Hussein de Jordania y medio hermana del actual monarca, Abdalá, vive desde julio en el país en el que estudió –fue educada en la Universidad de Oxford–, en una mansión de Kensington Palace Gardens valorada en más de 99 millones de euros, con una fortuna de casi 37 millones de euros que consiguió poner a buen recaudo antes de su marcha y protegida por en el cargo que le concedió el rey jordano como jefa adjunta de la misión de la embajada jordana en el Reino Unido, un puesto que le permite reclamar inmunidad diplomática y permanecer en el Reino Unido. Una situación a la que llegó después de haber desaparecido durante algunos meses, en los que se ha sabido después que estuvo en Alemania, presuntamente con la intención de quedarse a vivir en un país con escasa dependencia y relaciones con el de su esposo.

En el juzgado londinense la princesa escuchó el recurso que el emir ha presentado contra la publicación de varias resoluciones del juez que lleva el caso. Resoluciones que la defensa jurídica de la princesa considera que son de interés público y una forma de defender los intereses de los menores, mientras el jeque, de 70 años, pretende que nada de lo que sucede en el tribunal ni los acuerdos a los que pueda llegar los que aún son matrimonio vean la luz. Además ha solicitado la devolución de sus dos hijos a Dubái, mientras la princesa haya ha pedido que sea el tribunal el que los tutele y una orden que impida en el futuro que los niños puedan ser forzados a un matrimonio.

La pregunta que surge en esta historia rocambolesca es cómo una mujer que se ha educado en escuelas y universidades del Reino Unido, acostumbrada a representar como amazona a su país en competiciones internacionales desde los 13 años hasta llegar a participar en los Juegos Olímpicos de Sídney en 2000 y que formó parte del Comité Olímpico Internacional, decidió convertirse en una de las esposas de Mohammed bin Rashid, de quien se sabe que ha tenido al menos seis a lo largo de los años y 30 hijos, según ha publicado recientemente la revista Vanity Fair USA. Según las declaraciones que ha realizado el mismo medio a una amiga de la princesa, que afirma que le sorprendió su decisión, la princesa Haya se enamoró profundamente del emir y él vio en ella un soplo de aire fresco que ayudó a apoyar su imagen de líder de una nueva Arabia, más abierta y moderna.

Les unió el amor de ambos por los caballos, la inteligencia de ella y la erudición de él. Pero en algún momento de ese camino los palacios se convirtieron en prisión. Ni las fronteras relativamente abiertas de Dubái, ni su atracción turística, ni el alto número de expatriados que viven en el país ni sus impresionantes proyectos inmobiliarios, ocultan que en privado sigue vigente la tutela masculina sobre las mujeres que solo pueden trabajar con permiso de sus esposos, que deben tener una excusa legal para negarse a tener relaciones con sus cónyuges y que si se divorcian y vuelven a casarse están obligadas a otorgar la custodia total de sus hijos a su exmarido.

Personas próximas a la princesa Haya han revelado a la revista norteamericana que en su decisión de huir de Dubái ha pesado poderosamente el futuro de su hija Jalila, una de las descendientes favoritas del emir. Algo que no ha debido ser suficiente para dejar tranquila a su expareja que teme que Jalila termine atrapada en el emirato árabe obligada a casarse en un matrimonio concertado. Un hecho al que muchos observadores añaden también el incierto destino que han sufrido dos de las hijas del emir de Dubái que antes que la princesa Haya también intentaron huir y comenzar una nueva vida lejos de su propio padre.

En 2001 fue su hija Shamsa quien trató de desaparecer. Fue encontrada en Cambridge y, según distintos informes, publicados por medios británicos y estadounidenses, secuestrada por guardaespaldas y obligada a regresar a Dubái. Ella contrató a un abogado en Londres, llamó a la policía británica desde Dubái, el Gobierno británico abrió una investigación para esclarecer si había sido sacada del país contra su voluntad. Pero la historia languideció y no se ha sabido nada de ella en estos 18 años.

Aún más rocambolesca fue la historia de la princesa Latifa, también hija del emir, que a pesar de vivir en un palacio con todos los lujos que uno pueda imaginar, preparó cuidadosamente su propia huida después de correr el rumor de que ella misma había sido golpeada y aislada por defender a Shamsa. Huyó con la complicidad de varios amigos en un barco y casi tocó la libertad durante los ocho días que duró su navegación camino hacia Sri Lanka, para luego pasar a Estados Unidos. Pero a unas 30 millas de la costa de Goa, en India, el barco fue abordado por fuerzas especiales indias que en lugar de atender su petición de asilo, siguieron la orden de 'rescatarla’ de un supuesto secuestro, que era la petición que Dubái trasmitió a India. Haya defendió entonces la actuación de su esposo, pero todo indica que descubrió algo sobre Latifa que ya no pudo defender o tolerar.


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